
Se me ha pasado el día tan rápido que, cuando empiezo a pensar en lo que he hecho hoy, soy incapaz de enumerar todo. He llegado a casa, he comido sola, puesto que andaba con prisas y éstas se debían a que no encuentro mejor momento para lavar el coche que en el paréntesis entre la comida y la hora de entrada a la oficina, y siempre es en Autolavado de Santo Domingo, que a esa hora brilla por la ausencia de gente. Además ha sido el coche de mi padre, al que he dado mi palabra de que lo tendría en casa a las 19.00h., aprovechando que he quedado en el frontón con mi gente y que hoy sí que estaré allí, animando a los nuestros.
Ha habido un momento de la tarde en que sudaba a chorros y creo que he estrenado la ducha de la oficina. Lo hubiera evitado si hubiera podido; la verdad es que después me he quedado mejor. Incluso se me ha quitado un poco el sueño que me persigue, motivado sin duda alguna por el calor.
Me queda por hacer una cosilla antes de marchar. La verdad es que me quedan muchas cosillas, pero el resto puede esperar.
Por una vez tengo el bocata(*) del correo con emails que no he tenido tiempo de leer, supongo que también pueden esperar.
Hay prioridades y otros asuntos no tan prioritarios. Siempre se lo explico a mi hermano pequeño; él cree que el fútbol es algo prioritario en su vida, yo creo que no lo es tanto, sino que hay cosas más importantes, por ejemplo, que no ha tocado un apunte en lo que lleva de verano. Todo será por fastidiarle. Tenemos un carácter tan parecido, a pesar de la diferencia de edad, que siempre estamos como el perro y el gato.
(*) En Gmail hay una extensión que se llama GTalk que coloca un bocadillo como los de los tebeos en la barra del escritorio y aparece una M roja cuando tienes correo, como es el caso.
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