Posiblemente éste sea uno de los días que más me cuesta hacer una simple llamada o acudir a algún sitio o hablar con un vecino cabreado. El caso es que no pierdo la compostura, pero la procesión va por dentro. Es uno de esos días para olvidar y encima tengo que arreglármelas sola. Hoy me siento como si tuviera que llevar el timón de un barco demasiado grande. Sé que puedo llevarlo... pero hoy no tengo fuerzas. Nunca me había sentido tan desmoralizada.
Me cabrea además llegar y encontrarme el portátil lleno de possits.
(Pausa)
Un detalle en la calle puede cambiar el sentido del día en 180º. He salido cinco minutos, he visto algo y todo el pesimismo de hace una hora ha desaparecido.
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