
En el día a día siempre ocurre algo que termina resaltando. Puedes estar en el fin del mundo, intentar olvidar aquello en lo que pensabas las últimas semanas; puedes rellenar tu cabeza con otro tipo de actividades que te alejen de recuerdos que no quieres recordar, mantenerte firme en una decisión que quizás tomaste ayer; puedes contar mil ovejas cada noche o puede que hayas dejado de soñar; incluso has podido perder las ilusiones que tenías no hace tanto tiempo... pero lo que jamás podrás olvidar son aquellos ojos negros, su forma de mirar y sentirte perdida en cuestión de segundos.
Lo que son las cosas... Intentas no pensar en una persona y entonces ocurre algo...
Frente a mí, rodeada por varias personas, han aparecido unos ojos negros, los mismos ojos negros sin ser los mismos; similares rasgos, pelo negro recortado, más joven quizás. Cuando le he observado fijamente ha bajado los ojos y he reparado en la caja que llevaba bajo el brazo. Entonces he sabido quién era sin saberlo. Ha subido a una vivienda; un vecino ha dicho su apellido, luego algo relacionado con su trabajo y, cuando se iba, le han llamado por su nombre. Los mismos ojos, la misma timidez, la misma forma de caminar... No podía ser otro que su hermano, segura después de que me lo corroboraran sin yo preguntar nada. Yo lo sabía desde el mismo momento en que ha aparecido por la puerta y ha mirado igual que él.
Lo que son las cosas...
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