Mañana a estas horas la plaza de mi pueblo rezumará alegría y olerá a fiesta recién comenzada. Calculo que podré quedarme hasta las dos, sin pasarme de esa hora.
Acabo de sacar los petos del armario. Sigo pensando en que el último (color kiwi-cereza) aún no ha empezado a gustarme y que seguiré usando el viejo (naranja-negro). No tiene nada que ver con el color: el viejo tiene más bolsillos.
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