
Hace unos años podría decir sin planteármelo dos veces que "tenía mariposas revoloteando en mi estómago". Ahora me pregunto por qué sus alas se terminaron tiñendo de negro. Allí donde sus alas tocan dejan un reguero de dolor y frustración. Las mariposas sobreviven mejor que yo, y aunque van muriendo muchas, las que quedan son más fuertes, son las que impregnan mis noches de melancolía y de tristeza. No sé cuál es el método para que vuelen libres, para que se coloreen volando bajo los colores multicolor de lo que no está apresado.
Las mariposas negras traen los recuerdos al presente, cargados de sentimientos innecesarios, intangibles, pero vívidos, demasiado nítidos y siniestros.
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