
Flint Fireforge se prepara para pasar un invierno en Solace lejos de todos sus amigos, que ya se han marchado. No los volverá a ver hasta dentro de cinco años, pero un día pasa algo extraño. Allí se encuentra con otro enano que le informa de que en su ciudad natal, Casacolina, hay enanos theiwar, con los que están comerciando, después de varios siglos de enfrentamientos y odio entre los Enanos de las Montañas y los Enanos de las Colinas.
La Guerra de Dwarfgate, durante el Cataclismo, enfrentó a los diversos clanes de enanos. Los Enanos de las Montañas se refugiaron y cerraron las puertas de Thorbardin, en lo que los Enanos de las Colinas llaman la Gran Traición. Después de eso, el odio entre unos y otros siempre fue acentuado. Pero en ese momento, los theiwar estaban utilizando para comerciar la calzada de El Paso, construida por los Enanos de las Colinas con el sudor de su frente. Flint Fireforge, nieto de uno de los héroes de la Dwarfgate, se enfada ante tal posibilidad. Debe ir a comprobarlo por sí mismo.
Después de varios días en un viaje tranquilo, Flint se encuentra en las Montañas Kharolis, a una jornada de su casa. Tiene ganas de ver a su hermano mayor, Aylmar. En cuanto anochece ve, desde su estratégica posición elevada, una de las pesadas carretas theiwar. Los Enanos de las Montañas, al haber vivido siempre en los subterráneos, tienen un sentido muy desarrollado de la visión nocturna, pero el sol diurno les ciega y deslumbra, de ahí que viajen de noche. A Flint no le gusta lo que ve, sobre todo porque las carretas están protegidas por guerreros armados.
De los theiwar hay un clan que es peor que el resto: los derros. Casi todos practican la hechicería, muchos la magia negra. Ésos son los que llevan las enormes carretas desde Thorbardin hasta un lugar en el Nuevo Mar, y en su camino tienen que pasar por Casacolina.Cuando llega a la cervecería, el humano que la regenta, Moldoon, ha envejecido, pero sigue acordándose de Flint. De reojo ve a unos provocadores y altaneros derros, a los que prefiere ignorar. No le gusta su presencia allí. Por el tabernero se entera de que Aylmar murió un mes atrás por un ataque al corazón. En la casa familiar, todos los hermanos menores le echan en cara que se fuera hace tantos años. Los miembros de su familia recelan unos de otros y Flint echa de menos a su sobrino preferido e hijo de Aylmar, Basalt, que se ha convertido en un borracho que se autoculpa de la muerte de su padre.
Cuando Flint se entera de que su hermano accedió a trabajar para los derros, empieza a sospechar que algo extraño se traen los theiwar entre manos. El tonto del pueblo, Garth, le dice palabras incongruentes que hablan de un jorobado, un colgante de luz azul y el asesinato de Aylmar. Flint sabe que la palabra de un hombre así no tiene mucho peso, pero en el fondo sabe que Garth le dice la verdad. Se escabulle en el vigilado patio de carretas para descubrir qué es lo que transportan. Ve azadas en principio, pero en carretas tan grandes debe haber un fondo oculto. Así es como descubre las armas de manufactura enana, pero sin firma, que los theiwar están vendiendo a los ejércitos de la Reina de la Oscuridad. Un derro le ve y Flint le asesina. Sabe que ahora tiene que huir, porque si va a la cárcel no descubrirá nunca el plan de los theiwar.
No le queda otro remedio que entrar en Thorbardin, donde su presencia no será bien vista y buscar al hechicero jorobado, que intuye asesinó a Aylmar.
En el camino siente que alguien le está siguiendo, así que se esconde en un lugar elevado de las montañas para hacer frente a su perseguidor. Justo debajo de él, descubre un troll que, por el olor a enano, está al acecho.
Cuando el otro enano aparece, Flint reconoce a su sobrino Basalt y le advierte del peligro. Entre los dos derrumban al troll y salen huyendo. Aunque las cosas con su sobrino no han ido bien, Flint sabe que debe hablarle de sus sospechas. Basalt está dispuesto a entrar con él en Thorbardin. Siguen las ruedas de las carretas y se esconden, descubriendo un túnel secreto para el intercambio de mercancías. Flint le dice a su sobrino que espere allí y vuelva a Casacolina si en dos días no ha regresado. Se agarra al eje de una carreta y consigue entrar a los túneles de Thorbardin. En cuanto deja de asir el carro es capturado. La comandante es una enana que carece de los rasgos físicos de los derros (no tiene el pelo pajizo ni los grandes ojos claros que sus paisanos). Ella es Perian Cyprium, y ella le lleva hasta el consejero del thane, Pitrick, un hechicero jorobado y apestoso, en quien Flint descubre al asesino de su hermano. Le toman por espía y le llevan de vuelta a los túneles, donde se enfrenta con el hechicero. Cuando Perian sale en su defensa, los dos son arrojados a un oscuro agujero donde hay una bestia horrible.
Flint consigue agarrarse al pasadizo y coger a Perian en su caída. Desde esa altura ven al carroñero reptante, un ser lleno de porquería cuyos numerosos tentáculos paralizan a las víctimas. El enano sabe que en cuanto les huela no tardará en reptar hasta ellos.
Luchan contra el carroñero con piedras y terminan en el suelo de la caverna, de donde son rescatados por unos enanos gullys, gracias a una estrecha grieta por donde no cabe la bestia. Los dos enanos desean marcharse de allí, pero los gullys se limitan a darles una comida extraña y les instan a permanecer allí. Según una especie de chamán gully, Nomscul, les habla de la profecía de que dos enanos de otra raza llegarán a través de la Cueva de la Bestia y serán investidos en reyes de los gullys. En contra de su voluntad, Flint es coronado, frente a la mirada guasona de Perian. Los gullys le han atado para que no se escape.
Como no ve otra salida, decide adoptar una postura conciliadora y les promete que no escapará. Preparan una fiesta de coronación y les dicen a los gullys cómo conseguir comida de verdad. Perian quiere fumar y les envía a las plantaciones de tabaco de Pitrick. El gully enviado allí es descubierto, y así el malvado hechicero descubre que los dos enanos sobreviven. Quiere que Perian sea suya sobre todas las cosas. Se presenta en la cueva, donde agranda la grieta para que la bestia carroñera acabe con los “súbditos” gullys e intenta llevarse a la enana a través del anillo transportador, pero Perian le corta la mano. Luchan contra él, pero el hechicero desaparece, aunque ha perdido el anillo.
Ahora Flint ya sabe que debe prevenir a los ciudadanos de Casacolina. Envía a su ciudad a unos gullys para que le den una nota a su sobrino Basalt, pero los gullys le llevan maniatado a la caverna. Entre los tres preparan una batalla contra las poderosas tropas theiwar. El inseguro Basalt se teletransporta con el anillo hasta Casacolina, donde tiene que convencer a las familias influyentes, aparte de a los Fireforge, de la gravedad del asunto e impulsarles a prepararse para la próxima batalla.
Perian y Flint instruyen a los gullys para la lucha, pero como son tan estúpidos es harto difícil. Después de haber matado a la bestia, descubren un arma secreta: la vejiga llena de veneno que explota.
En las entrañas de Lodazal, el pueblo gully, Flint y Perian se enamoran. Él no quiere rendirse ante los encantos de la mujer, pero ella es diferente... Entonces llega un explorador diciendo que el ejército theiwar ha salido de Thorbardin. Los gullys, al mando de sus reyes, se han puesto en camino en cuanto los derros, afectados por la luz del sol, se han puesto a descansar. Flint lleva a los suyos a través de las montañas, aunque ha perdido una facción del ejército y se siente desolado por no encontrar a esos gullys. Cerca de Casacolina, descubren que unos escudos diminutos se mueven entre la nieve, atacando a una división theiwar. Ese día consiguen llegar a la ciudad, que se está preparando para la inminente batalla, aprovechando el descanso de sus enemigos.Allí Flint es convertido en el comandante de las tropas y su astucia retiene a los theiwar durante mucho tiempo. Pero tienen que huir hasta el edificio de piedra donde se asienta la cervecería, que han aprovisionado previamente. Perian es asesinada por la magia negra de Pitrick, así como uno de los hermanos de Flint. Éste sabe que tiene que luchar contra el hechicero jorobado. El hacha que porta fue tallada por el dios Reorx. Fue Perian quien se la regaló, desconociendo que esa hacha ya había pertenecido a Flint con anterioridad. El hacha detiene la magia de Pitrick, a quien no le queda más remedio que luchar con armas de acero. Flint le corta el cuello, exactamente donde le cuelga un colgante de hierro de cinco cabezas de dragón. El hacha y el colgante se convierten en unas nubes blanca y negra que luchan entre sí. Pitrick ha muerto y sus soldados han huido despavoridos ante la visión de Takhisis y Reorx. Casacolina tiene que recuperarse, pero ha vencido a sus enemigos.
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