Estaba planchando y se me ha ocurrido poner una película, pero como no iba a estar muy pendiente he optado por algo de "cine de sábado por la tarde". No está mal, pero vaya... tampoco va a pasar a engrosar mi lista de películas favoritas. Para pasar el rato y poco más. No volvería a verla.
Martha (Stephanie Glaser) no ha superado aún la muerte de su marido, acontecida nueve meses atrás. Su hijo Walter (Hanspeter Müller-Drossaart), párroco de la comunidad, la anima para que cierre la tienda de alimentación que regentaba junto a su difunto marido.
Suele echar partidas de cartas con sus amigas, que saben que tienen que ayudarla en el trance. Así, Lisi (Heidi-Maria Glössner), que ha estado en América, la anima para que haga una nueva bandera para el coro local, financiado por Fritz (Manfred Liechti), un déspota egoísta que le gusta dominar y mandar en el pueblo. Martha hace décadas que dejó de coser, aunque le confiesa a Lisi que hacía lencería. La madre de Fritz, Hanni (Monica Gubser), se aparta de sus amigas por su loca idea de abrir una lencería. Pero cambia de opinión cuando su hijo quiere enviarla a ella y al marido, enfermo de cáncer, a la residencia. El matrimonio mayor hace un pacto y él le regala unas monedas que venderá para que Hanni se saque el carné de conducir. Y Frieda (Annemarie Düringer) vive en la residencia, pero su mal carácter mantiene alejados al resto de ancianos. Sin embargo, enseguida secunda la idea de sus amigas. Las cuatro van juntas a Berna en busca de telas...
Y aunque Fritz y Walter intentan que el proyecto de las ancianas no siga adelante, no tienen éxito.
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