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Los futuros Compañeros se preparan para marcharse de Solace. Todos tienen tareas que realizar en los próximos años y se comprometen a reencontrarse en El Último Hogar cinco años después. Así, Sturm Brightblade se encamina hacia el norte en busca de su padre, si es que aún sigue vivo. Una malhumorada Kitiara le acompaña hacia Solamnia, después de una brusca despedida de Tanis Semielfo.
Muchos caminos están desolados, pero los amigos, curtidos en armas, no tienen miedo a los salteadores de caminos ni a los ladrones. A la hora de cruzar el Nuevo Mar, nadie quiere llevarles y son observados con recelo. Sin embargo, un elfo, Tirolan Ambrodel, se muestra dispuesto a llevarles en su barco hasta Caergoth.
Cuando llegan, Kit tiene ganas de divertirse un poco y se enfrenta a unos seres que no habían visto nunca hasta entonces: draconianos.
Cuando se despiden del elfo, Kit y Sturm toman rumbo hacia las llanuras de Solamnia, y entonces se encuentran con una nave voladora dirigida por gnomos. Suben a El Señor de las Nubes y toman amistad con los simpáticos gnomos, que siempre están hablando e inventando nuevos objetos. Pero la nave pierde el rumbo y la dirección y se encaminan hacia Lunitari. Con mucho esfuerzo aterrizan en busca de metal para arreglar la nave y llegan a un pueblo cuyos habitantes son hombres-árbol, que adoran a un navegante loco, el rey Rapaldo I, que lleva tantos años allí que se ha vuelto loco. A su vez, se ven influidos por la magia de la luna roja. Kit consigue una fuerza descomunal, Sturm empieza a ver visiones donde aparece su padre, y los gnomos también son más sensibles a las facultades mágicas del planeta: Tartajo deja de tartamudear, Pluvio puede atraer las tormentas y conseguir agua...
Pero Rapaldo mata a Crisol, uno de los pequeños gnomos, y les descubre que él puede volar. Sturm tiene que liberar a Kitiara y escapan todos por la noche, mientras los hombres-árbol se quedan paralizados.
Tienen que buscar la nave con el resto de los gnomos, que según les había informado Rapaldo se encuentra en el Obelisco, donde vive la Voz. Cuando llegan allí se encuentran con Cupelix, un dragón broncíneo que les pide ayuda para salir de su prisión. Su misión es custodiar los huevos de los Dragones del Bien, que están en las cavernas subterráneas, donde sus fieles súbditos, unas hormigas gigantes de cristal, los Micones, cuidan de ellos. Mientras Sturm y los gnomos bajan a las cavernas para comprobar la veracidad de lo que les ha contado el dragón, Kit y Cupelix se comprometen a regresar juntos a Krynn. Los gnomos consiguen liberar al dragón, que tiene unas alas extremadamente pequeñas para volver y se ve obligado a volver a Lunitari, mientras los amigos se alejan surcando los cielos. Desde arriba ven a un hombrecillo rojo, físicamente igual que Crisol, que se encamina hacia el Obelisco. A medida que se van alejando de la luna roja también pierden los efectos mágicos a los que se habían visto sometidos inconscientemente.
Cuando sobrevuelan Krynn, El Señor de las Nubes se posa sobre un barco abandonado. Bajan a investigar y, cuando una terrible tormenta se aproxima, Kit y Sturm se tienen que quedar en el barco. Allí luchan contra un gharm, un hombre convertido en trasgo maléfico, después de escuchar la historia del espíritu del capitán del barco. Cuando prenden fuego al barco para aterrorizar al gharm, los gnomos se aproximan para recogerlos. Y ya en tierra firme, Kit y Sturm tienen un enfrentamiento tan fuerte, que la mujer le abandona y se marcha sin despedirse. Sturm sabe que es el final de su amistad.
Cuando se despide de los gnomos, se encamina hacia el norte. La aparición de un caballero le pone sobre aviso respecto a un hombre llamado Merinsaard. En el vado de Kerdu, ya en territorio de Solamnia, se une a unos vaqueros que se dirigen con ganado hasta el alcázar de Vingaard, donde se rumorea que un hombre paga muy bien por las reses. Son atacados por cuatreros, pero Sturm apresa a una jovencita, Tervy, que le sirve con fidelidad. En el alcázar se dan cuenta de la traición y son apresados. Tervy intenta matar al señor del castillo, Merinsaard, y entre los dos consiguen engañar a los hombres que están al servicio de ese temible hechicero. Libran a los vaqueros y escapan del alcázar. Sturm debe ir al castillo Brightblade, y debe hacerlo solo. Allí ve la misma aparición que le avisó sobre Merinsaard y se pone la armadura de su padre. Tiene que luchar contra Merinsaard, el hombre que dice que luchó con Angriff Brightblade, y cuando se ve acabado una flecha mata al hechicero. Ve de lejos al arquero, que le ha dejado una nota donde descubre que es Kitiara quien le ha salvado la vida, pero por mucho que la llama, ella no vuelve. Sigue hasta Palanthas y desde allí volverá hacia el sur, a la Torre del Sumo Sacerdote, para seguir el rastro de su padre.
Pero Rapaldo mata a Crisol, uno de los pequeños gnomos, y les descubre que él puede volar. Sturm tiene que liberar a Kitiara y escapan todos por la noche, mientras los hombres-árbol se quedan paralizados.
Tienen que buscar la nave con el resto de los gnomos, que según les había informado Rapaldo se encuentra en el Obelisco, donde vive la Voz. Cuando llegan allí se encuentran con Cupelix, un dragón broncíneo que les pide ayuda para salir de su prisión. Su misión es custodiar los huevos de los Dragones del Bien, que están en las cavernas subterráneas, donde sus fieles súbditos, unas hormigas gigantes de cristal, los Micones, cuidan de ellos. Mientras Sturm y los gnomos bajan a las cavernas para comprobar la veracidad de lo que les ha contado el dragón, Kit y Cupelix se comprometen a regresar juntos a Krynn. Los gnomos consiguen liberar al dragón, que tiene unas alas extremadamente pequeñas para volver y se ve obligado a volver a Lunitari, mientras los amigos se alejan surcando los cielos. Desde arriba ven a un hombrecillo rojo, físicamente igual que Crisol, que se encamina hacia el Obelisco. A medida que se van alejando de la luna roja también pierden los efectos mágicos a los que se habían visto sometidos inconscientemente.
Cuando sobrevuelan Krynn, El Señor de las Nubes se posa sobre un barco abandonado. Bajan a investigar y, cuando una terrible tormenta se aproxima, Kit y Sturm se tienen que quedar en el barco. Allí luchan contra un gharm, un hombre convertido en trasgo maléfico, después de escuchar la historia del espíritu del capitán del barco. Cuando prenden fuego al barco para aterrorizar al gharm, los gnomos se aproximan para recogerlos. Y ya en tierra firme, Kit y Sturm tienen un enfrentamiento tan fuerte, que la mujer le abandona y se marcha sin despedirse. Sturm sabe que es el final de su amistad.Cuando se despide de los gnomos, se encamina hacia el norte. La aparición de un caballero le pone sobre aviso respecto a un hombre llamado Merinsaard. En el vado de Kerdu, ya en territorio de Solamnia, se une a unos vaqueros que se dirigen con ganado hasta el alcázar de Vingaard, donde se rumorea que un hombre paga muy bien por las reses. Son atacados por cuatreros, pero Sturm apresa a una jovencita, Tervy, que le sirve con fidelidad. En el alcázar se dan cuenta de la traición y son apresados. Tervy intenta matar al señor del castillo, Merinsaard, y entre los dos consiguen engañar a los hombres que están al servicio de ese temible hechicero. Libran a los vaqueros y escapan del alcázar. Sturm debe ir al castillo Brightblade, y debe hacerlo solo. Allí ve la misma aparición que le avisó sobre Merinsaard y se pone la armadura de su padre. Tiene que luchar contra Merinsaard, el hombre que dice que luchó con Angriff Brightblade, y cuando se ve acabado una flecha mata al hechicero. Ve de lejos al arquero, que le ha dejado una nota donde descubre que es Kitiara quien le ha salvado la vida, pero por mucho que la llama, ella no vuelve. Sigue hasta Palanthas y desde allí volverá hacia el sur, a la Torre del Sumo Sacerdote, para seguir el rastro de su padre.
Sturm, Kit y Tirolan luchan contra los draconianos
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