No es una larga novela, ni siquiera es una gran novela. Me sentí atraída por una portada fantasmal y decimonónica. Considero, por otro lado, que la idea de la novela está bien, pero creo que con esa idea podía haberse conseguido una trama mucho mejor. Por no decir que hay un uso abusivo de personajes que revolotean alrededor de la protagonista, cuyos nombres se pierden a medida que transcurren los capítulos y, si vuelven a salir, a veces te preguntas quién diablos era.
Y al final me hago la pregunta de por qué es Murch quien apreta el gatillo, cuando en realidad había otros que tenían mejores motivos para hacerlo.
También es criticable que una mujer firme sus novelas como si fuera un varón, alegando que en la época la literatura era una labor de hombres. Que yo sepa ya para entonces había muchas mujeres escritoras que firmaban con su verdadero nombre y sus novelas eran bien acogidas entra la opinión pública. En dificultades de ese estilo se vio envuelta, por ejemplo, Jane Austen, pero estamos hablando de casi un siglo antes. Y aun así, no ocultó su verdadero nombre en sus novelas.
Bella Wallis es una misteriosa mujer de finales del siglo XIX. Viuda y solitaria, su vida privada es conocida por muy pocos. Su secreto mejor guardado es su otra identidad, la de Henry Ellis Margam, un célebre escritor que tiene gran éxito entre la sociedad inglesa de la época. Bella, para escribir sus novelas, sale a la calle en busca de crímenes y misterios que luego esboza a su manera en sus libros. Muchos de sus personajes se basan en individuos de las altas esferas de la sociedad inglesa, así como despojos pobres y harapientos que se cruzan en su camino. Tiene amigos que la ayudan a desentrañar esos misterios, pero intentan no acercarse mucho, a pesar de descubrir a veces quiénes son los verdaderos asesinos. Ella no es policía, sino escritora.
El capitán Quigley es el hombre a quien le da un techo en un lugar que ella utiliza como despacho para escribir y donde le llega el correo dirigido a Margam, que el capitán recoge puntualmente. Junto a ellos está el camaleónico Billy Murch, un hombre que se mezcla en cualquier estrato social. Un buen día es un cochero que surca las más escabrosas calles londinenses con una vieja yegua y al día siguiente es un educado petimetre inglés vestido a la última moda. En el fondo, es un hombre dotado de una sangre fría impresionante, con una calma desbordante ante el hecho de cumplir objetivos complicados, como quitar la vida a alguien.
Entre los tres empiezan a investigar el asesinato de una joven prostituta, Alice la Galesa, y van tras los pasos de tres personajes muy poderosos: Lord Bolsover, un mariposón con mucho dinero; su ex amante, el reverendo Hagley, y director de uno de los colegios más prestigiosos de Oxford; y un soldado alemán retirado y tuerto, Vircow-Ucquart.
Cuando Bella va a Francia a hablar con su editor se encuentra con un amigo de su difunto marido, Mr. Urmiston, que acaba de enterrar a su esposa y se encuentra en la miseria. Bella le ayuda a salir de la crisis, dándole trabajo como investigador, ya que fue expulsado de la empresa ferroviaria en la que trabajaba por culpa del reverendo Hagley. Le buscan un alojamiento en casa de una matrona en Londres, Hannah Bardsoe, con la que surgirá una relación sentimental.
Todos van a París siguiendo los pasos del Lord y sus cómplices. Murch se encarga de apalear hasta la muerte al alemán, mientras que los otros dos consiguen huir. También se encargará del reverendo y, finalmente, de Bolsover, que se encuentra en la comparsa de un circo.
Bella, para entonces, ya tiene terminada su novela, en la que Murch ha sido convertido en un héroe.
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