
Eran las semanas previas a la última Navidad cuando me encontraba ojeando las novedades literarias nacionales e internacionales en la planta baja de
Víctor Jara. Mientras leía la contraportada de un libro escogido al azar, escuché la conversación que mantenían dos mujeres de mediana edad que distaban a medio metro de mí. Sé que no está bien poner la antena en conversaciones ajenas, pero no lo pude evitar. Una le recomendaba a la otra la serie de Stieg Larsson, un autor sueco del que yo no había oído hablar en mi vida. Iban directas a comprar el segundo libro de la trilogía. La frase que me sorprendió se refería, empero, a
Los hombres que no amaban a las mujeres, el primero de la serie: "Es un buen libro". Por lo general, me queman este tipo de expresiones, ya que cada persona tiene su propia opinión y sus propios gustos, por lo tanto considero más oportuno y normal decir "me ha gustado" o "no me ha gustado". Sin embargo, percibí algo más: admiración. Instintivamente levanté mis ojos y observé a las mujeres, desviando mi mirada hasta clavarla finalmente en la portada del libro. Una portada que llama la atención pero que puede llevar a desengaño. Y por eso yo cogí el libro con pinzas, aunque me terminó enganchando de una forma fascinante. Porque, pese a todo, es una joya de la novela negra. Lamentablemente, el autor no pudo ver publicada su obra, ya que murió repentinamente de un ataque al corazón pocos días antes de que este libro viera la luz. Lo que es cierto es que llegó a entregar a los editores la trilogía entera.
Ni que decir tiene que cuando aquellas dos señoras se fueron yo caí sobre los dos libros de Millennium y no les presté más atención de la necesaria: en ese momento ya había elegido otra cosa y tendría que dejarlo para otro momento.
Lo que puedo decir es que se lo recomendaría a todo el mundo. Se trata de una radiografía de la sociedad actual sueca con un entramado de personajes curioso. Ni que decir tiene que las seiscientas páginas me han mantenido en vilo desde que descubrí una historia inesperada y muy elaborada hasta el grandioso final... que imagino se retoma en La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Uno de los temas que se toca es el del maltrato y el odio a la mujer (sin embargo, en ningún momento se dice la palabra "misógino", lo que me ha resultado curioso). He tenido momentos de risa con párrafos que, desde una perspectiva seria, han conseguido que estallara a carcajadas; momentos de angustia en los que pensaba que a alguno de los protagonistas podía ocurrirles algo malo (y es que el lector se encariña con ellos y les acepta tal cual); momentos de odio y ceguera brutales ante esas aberraciones de psicópata que a veces cuesta imaginar que puedan ser fruto de la mente humana; momentos dulces, agrios, salados... Un sinfín de sentimientos contradictorios y, a la vez, complementarios.
Y, a pesar de todo esto que es lo que hace que una novela se convierta en algo sublime, seguiré sin decir que es buena. Lo máximo que podré hacer será recomendarla, y por supuesto añadir que me ha gustado muchísimo.
Millennium es una revista de investigación afincada en Estocolmo. Fue creada por Erika Berger, Mikael Blomkvist y Christer Malm; los dos primeros son periodistas, el tercero es diseñador gráfico. Mikael ha publicado en la revista un reportaje sobre los "trapos sucios" de un importante empresario sueco, Hans-Erik Wennerström, ha sido condenado por difamación y ni siquiera se ha defendido en el juicio.
Un abogado encarga a la empresa de seguridad Milton una investigación personal sobre el periodista Blomkvist que cubrirá su mejor investigadora, Lisbeth Salander, una joven de 24 años, inadaptada social, peculiar y extravagante, llena de tatuajes y piercings, que siempre viste de negro y nunca habla de su vida privada. Su jefe, Dragan Armanskij, está orgulloso de ella, aunque sabe que no puede controlarla y es protector con la muchacha que le atrae de una manera especial. Evidentemente, el informe sobre Mikael que presenta la joven es brillante.
Blomkvist ve que su cuenta se tambalea, tendrá que pasar tres meses en la cárcel y cree que Wennerström puede hundir la revista, así que dimite en el acto, a pesar de que Erika y Christer no están de acuerdo.
A Mikael le ofrecen un trabajo en el norte y un salario astronómico por trabajar durante un año para Vanger Group. Henrik Vanger es un empresario, ya retirado, que lleva toda su vida obsesionado con encontrar a su sobrina Harriet, desaparecida en Hedestad en 1966, cuando tenía 16 años. Desde entonces, han pasado 36 años, pero el viejo no se resigna a morir sin saber el paradero de la joven o, al menos, encontrar su cadáver. Obviamente, es un caso sin resolver y, después de tanto tiempo, ha prescrito y ha sido cerrado. Henrik Vanger y su abogado, Dirch Frode, que ya han investigado gracias a Milton al periodista, le ofrecen, cuando termine su trabajo, información para hundir al Wennerström Group. Con este cebo, a Mikael sólo le queda aceptar, además de que comprende que le sentará bien estar un tiempo fuera de Estocolmo.
Henrik le deja a su disposición toda la información que tiene sobre la desaparición de Harriet y le pide que encuentre al asesino, alguien que cada año por su cumpleaños le crucifica enviándole una flor seca y enmarcada en un cuadro, tal y como hacía su sobrina antes de desaparecer. Tanto el viejo como Mikael saben que ese trabajo es casi imposible, pues ¿qué se puede descubrir en las líneas de investigación que ya miraron con lupa expertos tres décadas atrás? El viejo cree que el asesino es un familiar y le pide que investigue a todos los Vanger, una familia numerosa desperdigada por toda la isla donde se asienta el imperio Vanger, ya en decadencia. Mikael seguirá todas las pistas, desde familiares, policías, fotografías, diarios de Henrik y un largo etcétera. El director actual de las empresas Vanger es Martin, el hermano de Harriet, un hombre bastante honrado y simpático. También conoce a Cecilia, con la que surge un idilio romántico y ella es la primera que descubre el verdadero cometido de Mikael.
A Lisbeth, por su parte, le han encargado investigar a Wennerström, pero le dicen que cancele. Sin embargo, ella ha descubierto algo y se niega a dejar esa investigación. Cuando Mikael pida al abogado de Vanger un investigador para que le ayude, descubrirá que él también fue investigado y en el informe ve que esa Lisbeth, aparte de que es minuciosa, ¡ha entrado en su ordenador! Es una hacker, lo que a Mikael le vendrá de perlas. Así que va a buscarla a su casa y aquí surge una amistad extraña. Ella, que nunca se había dejado tocar por nadie sin su consentimiento, a la que le cuesta sonreír con extraños, que siempre ha trabajado en solitario, encuentra en Mikael el compañero ideal y descubre que le gusta su compañía. Ni que decir tiene que se convierten en amantes, a pesar de la diferencia de edad. Entre los dos siguen las pistas bíblicas del diario de Harriet y el rastro de las fotos hasta que dan con Martin. En esos años se habían dado una serie de asesinatos en Suecia, bastante escabrosos y desagradables, que no habían sido resueltos. Todos tienen un vínculo con el libro del Levítico. Mientras Gottfried aleccionaba a su hijo Martin en el odio a las mujeres y violaban a Harriet, la joven empezó a indagar en los extraños asesinatos. Después de matar a su padre, su hermano sólo se dedicó a chantajearla a cambio de favores sexuales... hasta que él fue enviado a otra ciudad. En esta época ella se sintió a salvo, hasta que en la tarde de su desaparición él apareció de improviso y la cara aterrorizada de ella se refleja en las fotos. Cuando Mikael descubre a Martin va a su casa y le encadena en su "cámara blindada", una especie de búnker en el sótano donde tiene todo tipo de juguetes sexuales, mordazas, fustas, películas caseras y otros maquiavélicos objetos. Simultáneamente Lisbeth descubre la última pieza y, tras no encontrar a Mikael, se cuela en la casa de Martin, por lo que salvará la vida al periodista. Martin consigue escapar pero se choca con un camión frontalmente y pierde la vida. Mikael ha descubierto que Martin iba a asesinar a su hermana, pero alguien se les adelantó. Harriet sólo se llevaba bien con su tío Henrik y con Anita Vanger. Atando los cabos y como Anita vive en Londres, la pareja decide ir a buscarla. Allí, los amigos informáticos de Lisbeth le pincharán el teléfono y así descubrirán a Harriet en Australia. Mikael llegará a un prado con cientos de cabezas de ovejas, y la dueña de todo eso es Harriet, que se cambió el nombre por el de Anita al salir del país. Cuando Mikael le cuenta toda la historia, ella deja a sus hijos a cargo de su empresa australiana y vuelve a Suecia. Henrik, que se ha convertido en ejecutivo asociado de Millennium para hacer frente a la publicidad a la que soborna Wennerström, recupera por fin a la que creía que había sido asesinada y le cuentan la cruenta historia. Pone a Harriet al frente de la empresa y como su representante en la revista y le pide como favor especial a Mikael que no publique la historia de su sobrina, que ya ha sufrido demasiado.
El caso Wennerström se cierra en el momento en que Millennium publica otro nuevo reportaje en que se habla de los fraudes fiscales del Wennerström Group, y del metálico que destinan para armamento ilegal, cárteles de droga y demás historias que corren alrededor de la mafia. Lo único que no se citan son las fuentes, pero tras confesarle Mikael a Lisbeth que no se defendió en el juicio porque fue amenazado y le dieron palizas unos matones, la joven le entrega todo el material que tiene del disco duro del ordenador de Wennerström, suficiente para hundir todo su imperio. Blomkvist se convierte en un héroe nacional y Lisbeth se da cuenta de que siente algo que nunca antes había sentido: se ha enamorado de Mikael.