jueves, septiembre 26, 2013

Pídeme lo que quieras, ahora y siempre

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No me ha llevado mucho tiempo leer la continuación de Pídeme lo que quieras. De hecho, me ha gustado más esta segunda parte que la primera. Me ha gustado más porque ha habido ciertos toques de humor que me han hecho reír y estaba deseando que llegaran más de esos momentos, porque esos toques de humor han llegado de mano de Flyn, el sobrino del protagonista, ese niño introvertido al que se le termina cogiendo cariño.

Tras la ruptura de la pareja en el libro anterior, Judith Flores provoca su despido en la empresa Müller y decide desaparecer unos días y refugiarse en la casa de su padre en Jerez. No pudiendo soportar su ausencia, Eric Zimmerman le sigue el rastro y termina reconciliándose con ella, con ayuda de la familia de Jud. Con el deseo latente, hacen las paces, pero esta vez Jud pone sus condiciones, que Eric acepta por el amor que le profesa.
Intentan recuperar el tiempo perdido y volver a la normalidad, pero una llamada de Alemania les devuelve a la realidad: Flyn, el sobrino de Eric, se ha vuelto a meter en problemas y es necesario que regrese a Múnich porque su tío es al único al que hace caso. Judith decide acompañarlo unos días, pero su viaje se alargará hasta convertirse en meses.
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Múnich, Alemania

Judith entra en la casa de Eric. Es inmensa, pero también impersonal. Cuando conoce a Flyn, se sorprende al descubrir que el niño tiene los ojos como los asiáticos: su padre era coreano. Flyn no se lo pondrá fácil: intentará, por todos los medios, que la novia de su tío se marche. Parece ser que el niño tiene un problema con las mujeres: a su abuela la llama por su nombre propio, su tía Marta es como si no existiera y, por mucho que intente acercarse Jud al pequeño, éste hace lo imposible para que se mantenga alejada.
Jud, sin embargo, no cejará en el empeño de conseguir el cariño del niño. En varias ocasiones decide marchar a Múnich y espía en la entrada del colegio de Flyn, donde descubre que el resto de niños se burlan de él, que le pegan y que él no hace nada por defenderse. En vez de comentárselo a Eric, decide hablar con el pequeño. El niño pasa muchas horas en los videojuegos, apenas sale a la calle a jugar como un niño normal, está sobreprotegido y Judith comprende que tiene que sacarle de su burbuja de cristal.
Desde que ocurrió el accidente de Hannah, Eric no quiere que nadie se arriesgue con nada que podría acabar en accidente; así, su hermana y su madre practican paracaidismo, comparten su secreto con Jud, y se lo ocultan a Eric; Sonia le regala a Jud la moto de Hannah, que también practicaba motocross, y Jud va a carreras a escondidas de su novio; a Flyn le regala unos patines y un skateboard y le enseña a patinar a escondidas. Jud tendrá un accidente provocado por Flyn, que ella ocultará a Eric, que será el inicio de una bonita amistad con Flyn. Otra de las novedades que mete en la casa es que acoge a Susto, un perro abandonado, que al principio Eric no quiere en casa, pero finalmente lo traerá de vuelta con otro cachorro, que cuidará Flyn, que gracias a Jud ha dejado de tener miedo a los perros.
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Moët Chandon rosado, el vino que les gusta a los protagonistas

Llega un momento en que Eric descubre todo lo que le ha ocultado Jud y no puede soportarlo. Además descubre que dos veces en Múnich, le ha abofeteado a su ex Betta, que sigue haciéndoles la vida imposible. Como Jud cree que Eric la quiere fuera de su casa y de su vida, le da un beso al mejor amigo de Eric, Björn, diciéndole que sus besos no son suyos. Es cuando regresa a España. En realidad, Eric llevaba varios días sin decirle nada porque ha decidido pedirle matrimonio. Ya le había regalado un anillo donde había mandado grabar: Pídeme lo que quieras, ahora y siempre.
Jud y Eric se quieren, pero son incompatibles. Flyn no quiere que se vaya, y ella, tras unos días de descanso, decide regresar a la empresa Müller, donde sigue siendo vigilada por Eric y cuidada por el resto de los trabajadores, pero en una convención, al sentir los celos porque Eric tontea con todas las mujeres, ella decide marcharse y Eric va a buscarla a su hotel. Pensando, quizás, que estaría con otro hombre. Siguen tan cabezotas, que aunque no pueden estar sin el otro, ninguno da el brazo a torcer.
Finalmente, cuando ella vuelve a despedirse de la empresa Müller, él va a buscarla, y tras él llegan todos los familiares y amigos de Eric desde Alemania y la familia española de Jud, lo que supone una grata reconciliación entre los dos.
Él le pide matrimonio y unos meses después se casan en Múnich.

Hay un tercer libro. Supongo que la pareja seguirá con su rifi-rafe habitual, experimentando en el sexo, buscando el morbo, discutiendo para volver a hacer las paces después. Desde mi punto de vista, y dado que este libro ya termina con boda, no creo necesario una tercera novela. Así que la he dejado para más adelante y he empezado a leer otro tipo de literatura.

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