Lo peor de las tormentas no es el agua ni los truenos. En cierto
momento me he quedado sin luz, he mirado por la ventana y estaba todo inmerso
en una terrible negrura. Ni siquiera se ven las estrellas en el cielo, tapadas
por los nubarrones otoñales que han traído la tormenta. Ya no es como aquellas,
lejanas ya, tormentas de mediados de julio, como esas tormentas veraniegas que
yo adoro. Ya no es como aquello. Ahora ya vienen con un aire frío.
Me pregunto cuándo vendrá la luz. Si no llega pronto es muy
posible que tenga que ir a dormir sin saborear las últimas páginas de ese libro
que estoy a punto de finalizar. Quizás tenga que irme a soñar con él y mañana…
Mañana será otro día.

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