Hoy no debería estar en la oficina, pero como hay personas de vacaciones, no me queda más remedio. Eso sí, estoy como si estuviera en una terraza de verano, al dar el sol en el cristal y con la puerta abierta. Invitando a entrar.
Ya no se ve el jaleo de gente que pasaba junto a la puerta hace tan sólo unos días. Ya se han ido casi todos: a Barcelona, a Madrid, a Bilbao, a Vitoria... Quedamos mi amor y yo. Quedamos ese ángel de mirada perfecta y sonrisa adorable y yo. No necesito más.
Acaba el verano, pero mientras esté él cerca siempre será verano.

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