Aunque los días ya sean casi otoñales, aunque hoy brille el sol en Ezcaray, y aunque apenas haya gente por las calles, recuerdo nostálgica a la gente que poblaba estas calles hace unas pocas semanas. Y, sin embargo, prefiero esta rutina, esta tranquilidad que llega tras el verano. Volver a escuchar a la misma gente de siempre, visitar los mismos sitios, disfrutar de los momentos solitarios, de las noches fantasmales e incluso de la llegada del invierno que aún está por llegar.
La rutina a veces se agradece.
La rutina a veces se agradece.

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