Entonces pasa él. Tan dulce, tan sereno, tan noble, tan guapo... Parece que no va a mirar y entonces en ese momento sus ojos miran. Profundamente. Y deseo retener ese momento. Porque en cuestión de segundos vuelvo a tocar el cielo con las yemas de los dedos.
Es amor. Cada instante de él es un instante de felicidad plena.

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