23 años y unos meses después de haber recibido este libro como regalo, me hubiera gustado haberlo leído mucho tiempo atrás para poderlo haber comentado con la persona que me lo entregó como regalo y cuya dedicatoria me brindó. Sin embargo, no puede ser, ni vale la pena lamentarse por aquello que no puede ser. Mi tío, esté donde esté, sabrá mis percepciones al respecto y sabrá que he engullido cada página de esta novela de Vázquez Montalbán como si fuera lo último que iba a hacer cada día.
No recuerdo haberme leído nada
antes de Vázquez Montalbán, pero su nombre suena como el de un literato de
peso. También había oído hablar de las peripecias del detective Pepe Carvalho,
que no lo asociaba tampoco a este autor, pero es cierto que me habían hablado
antes de él y me habían recomendado toda la serie de las historias del
detective literario.
Vázquez Montalbán se disfruta, por supuesto que se disfruta. Es buena literatura, sin más. Sin caer en lo rebuscado, el libro que me acabo de terminar tiene una prosa muy elaborada, con unas descripciones que hacen gozar al lector. Y, después de éste, espero no sólo leerme todo lo que caiga en mis manos sobre el célebre protagonista, ese detective erudito en el comer y con olfato de sabueso que siempre lo resuelve, que no es otro que Pepe Carvalho, sino que además me leeré todo lo que caiga en mis manos sobre este autor. Cuando se lee buena literatura, es de ley reconocerlo. Y yo me quito esta noche el sombrero con Vázquez Montalbán.
La Rosa de Alejandría de la novela es un barco, un barco mercante que cruza el Atlántico desde Barcelona hasta el Caribe. En el barco se descubre una gran camaradería entre los oficiales, que se burlan de un capitán Tourón que canta y se disfraza de mujer en la oscuridad de su camarote.

Port of Spain, isla de Trinidad
Esta novela comienza con dos
líneas paralelas que terminarán encontrándose y que están estrechamente
relacionadas. La primera de ellas es un marino que se encuentra, supuestamente
de descanso vacacional, en el paraíso de Trinidad y Tobago. Sin embargo, el
paraíso que él buscaba se ha convertido en aires de tormenta, lo que hace que
las idas y venidad por la isla de Trinidad le resulten arduas y aburridas,
tanto como para visitar una y otra vez la misma playa, en el mismo taxi
conducido por un hindú y con el mismo cielo gris. Pero él tiene una pena muy
grande dentro, una pena que sólo descubrimos al final, cuando ya todo ha
pasado. Ginés Larios se mete entre las olas del mar en la playa de Port Spain
para gritar al cielo el nombre de su amada Encarna.
Unos días después de su vivencia
en soledad, un oficial de a bordo viene a buscarle para informarle que el Rosa de Alejandría va a partir hacia
Barcelona.
Pepe Carvalho es contratado por
unos familiares de su novia Charo para que descubra al asesino de Encarnación,
una mujer de Águilas (Murcia) que se casó con un hombre muy rico de Albacete, y
cuyo cadáver apareció descuartizado antes de que acabara el año 1983. Uno de
los personajes que le contrata y quien le va a pagar ¾ partes de su minuta es
el autodidacta, un hombre que vive en la trastienda llena de libros de una
tienda de electrodomésticos en Barcelona.

Albacete
El detective descubre que la
bella Encarnación tenía una doble vida. Para ello irá por tierras de Albacete,
hasta que encuentre a un viudo postrado en cama, vigilado por una cuadrilla de
maleantes y putas que sólo quieren aprovecharse de él. Viajará hasta Águilas,
donde hablará con Paquita, la mejor amiga de Encarna y la prima de Ginés
Larios, que desconoce que su amiga de infancia ha fallecido. Así, volverá a
Barcelona, a la ciudad que cada tres meses Encarna visitaba “por cosas de
médicos”, y allí descubrirá el detective la doble vida de la mujer. En
Barcelona ella se reencontró de nuevo con Ginés, un pretendiente del pasado, y
reanudaron su relación. Cada tres meses, cuando el Rosa de Alejandría entraba
en el puerto de Barcelona, Encarna se reencontraba con Ginés. Pero a ella no le
satisfacía al cien por cien esta relación, por lo que cuando el autodidacta le
ofrece una casa de su propiedad que se encuentra vacía y a cambio le ofrece a
Encarna espiar en la habitación de al lado sus relaciones sexuales (como un
voyeur), ella acepta. Con el tiempo, el autodidacta le propondrá que acuda a
una casa de contactos, con el fin de reencontrarse con otros hombres que se
encontraran solitarios. Pero un día Ginés descubre que el hombre que ha salido
de la casa no es el marido de Encarna, se enfurece tanto que la asesina a
golpes, mientras el autodidacta lo ve todo desde la habitación de al lado. Así
se lo cuenta a Pepe Carvalho, que llega a la siguiente conclusión:
“Siempre llego a saber tanto como el asesino y se lo cuento todo a mi cliente. Incluso en este último en el que mi cliente sabía más que yo y lo seguirá sabiendo siempre, incluso sabe más que el asesino, pero como si no”.
Lo último que hace Pepe Carvalho es acudir al puerto de Barcelona a tiempo de ver cómo llega el Rosa de Alejandría y se llevan esposado a Ginés Larios, que parece buscar entre la gente del puerto una cara que ya no está presente. Como tantas otras veces.
Puerto de Barcelona
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