Me estaba despidiendo de mis amigos, porque mañana tengo que madrugar, cuando de repente ha aparecido él. En principio, me marchaba y no me hubiera tomado otra, pero con tal de compartir un rato con él no me hubiera importado quedarme hasta el amanecer, aunque mañana será otro cantar al despertar.
Estaba guapísimo. Tanto tiempo sin él, ¿cómo he podido difuminarme tanto tiempo, cómo he aguantado tantas lunas sin quedarme atrapada en esos ojos que concentran todo lo mejor del mundo, cómo he soportado tanto tiempo sin escuchar esa voz tan sensual...
Esta noche tiene magia. Además le miraba y le veía guapísimo, y le volvía a mirar y le seguía viendo guapísimo.
Muchas cosas he prometido esta noche. Y sé que si a él le doy mi palabra se cumplirán todas: el álbum, el tiki y las postales, poner a punto la bicicleta. No lo hubiera imaginado.
Es adorable. Sigue tan adorable como siempre. O más.
Debo ir a dormir, quizás a soñar con él, que mañana tocan diana demasiado pronto. Me encuentro feliz: un minuto de él me brinda cien noches de felicidad.
No comprendo cómo he podido vivir tanto tiempo sin él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario