
Hay libros que no pueden dejarnos indiferentes. Todavía se me pone la piel de gallina al recordar las cien últimas páginas hacia el final. Hay libros que pueden despertar en el lector un sentimiento de congoja, de impotencia y de pena infinitas. Cuando me quedaban cien páginas para terminar se me han caído las lágrimas. No es que esté más o menos sensible, pero si una novela es capaz de sonsacar nuestra tristeza al exterior es, sin duda alguna, una buena novela, una novela capaz de despertar sentimientos muy profundos en nuestro interior.
Si bien se trata de una novela de ficción, es una buena radiografía del oculto enjambre de fanáticos islámicos escondidos en los países occidentales, pequeñas cédulas que se encuentran dormidas esperando el momento oportuno para actuar. Y, pese a que sea ficción, hay ligeros recordatorios a dos momentos cruciales y terribles que se produjeron a finales del siglo XX en el recorrido histórico de España y Estados Unidos, episodios históricos que difícilmente podremos olvidar todos aquellos que vivimos con nuestros ojos, con nuestros oídos, con el sentimiento a flor de piel las fatídicas imágenes de aquellos oscuros 11-S y 11-M.
El libro no trata de aquellos terribles acontecimientos, sino que se dirige hacia otro ámbito del fanatismo religioso islámico: la captación de personas que terminarán inmolándose en cualquier plaza de cualquier país musulmán. Concretamente habla de la captación de mujeres y niños occidentales que pasan más desapercibidos. Una mujer occidental convertida en kamikaze es una pequeña victoria del terrorismo islámico internacional. Este libro nos acerca bastante a la filosofía de vida (o de muerte, más bien) de un integrista islámico.
Sara Dacosta es una madrileña que vive con su padre y su hijo Iván. Maneja varias lenguas y trabaja en una escuela de idiomas, donde da clases de español a inmigrantes. En esos momentos, Sara se siente feliz, porque la vida no le puede deparar algo mejor. Echa de menos el amor de Miguel, un antiguo novio con el que se distanció cuando la profesión de él (policía secreto) se hizo incompatible con la relación.
Una tarde, Sara conoce a Najib, un antiguo alumno marroquí que dominaba perfectamente el español cuando iba a sus clases. Poco a poco, ella termina enamorándose de él, de tal forma que, inconscientemente, termina atrapada en una red que le suena lejana. Najib la ha elegido a ella para consumar sus planes de captación de personas occidentales, a las que intenta cambiar su ideología, incluso someter (lo que llamaríamos “lavar el cerebro”), para seguir perviviendo como uno de los personajes más importantes de la cédula madrileña de Al Qaeda. Cuando ella se da cuenta de que está atrapada ya es tarde. Aunque advertida por su padre y su mejor amiga, sólo cuando su insaciable curiosidad la lleva a descubrir varios pasaportes falsos de Najib, toma la decisión de apartarse definitivamente de él.
En la ausencia, intenta olvidarse de él. No responde a sus mensajes ni a sus llamadas. Hasta que un día, Najib secuestra a Iván y le lleva a un “campamento” en tierras pakistaníes. Es la única manera de chantajear a Sara para que ella no se separe de él. Es entonces cuando comienza el verdadero infierno de Sara, que será enclaustrada en un piso franco, obligada a huir, vejada, golpeada, maltratada tanto física como psicológicamente por Najib. Su último destino es Herata, en Afganistán, donde será obligada a convertirse al Islam y contraer matrimonio con Najib, por el que siente un odio profundo. Él le trae a su hijo, pero ella no sabe que será la última vez que le vea. Najib le hace elegir entre su vida y la de su hijo y ella opta por inmolarse para poner a salvo al pequeño Iván.
Despierta en una cárcel afgana, mientras su rostro aparece en todos los noticiarios españoles. Su antiguo novio, Miguel, y sus compañeros, que llevan varios meses siguiendo la pista de Sara y Najib, vuelan a Afganistán, donde tratan de convencer a la policía afgana de que Sara no es una terrorista. Sólo creerán su testimonio cuando ella se entere de que su hijo iba en un camión cargado de explosivos que estallaba cerca de una base militar española.
La vuelta a Madrid no es fácil. Sara se siente vacía, pero a medida que pasan los meses descubre que está embarazada de su peor enemigo. Cuando cree estar preparada decide comprar un arsenal de elementos químicos para preparar una bomba, adherirla a su cuerpo y hacer estallar la enorme mezquita de Abu Baker, situada en la M-30. Quizás Miguel llegue a tiempo para parar esa locura.
"El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida".
(Federico García Lorca)
No hay comentarios:
Publicar un comentario