viernes, julio 08, 2011

En resumidas cuentas


Hay ciertos momentos en la vida que siempre se quedarán grabados en nuestras retinas y en nuestro cerebro. Y hay momentos en la vida que siempre dejarán una huella en nuestro corazón.
Esta semana he hecho cosas que habitualmente no suelo hacer, quizás lo diferente de estas circunstancias han convertido la semana en única. Pero para que algo se convierta en único y especial no sólo son las circunstancias, porque esas circunstancias dependen de las personas.
Cuando el primer año venía con mi maleta y hablaba con los de cursos superiores, pensaba que venir aquí sólo sería un mero trámite que había que pasar para obtener un fin. Había de hacerse y ¡cuánto antes pasara la semana mejor! Pero algo ocurrió entonces, en septiembre, que convirtió esta semana del año en algo esperado impacientemente.
Como seres sociales (y también sociables) terminamos dentro de un grupo con ciertas afinidades. Y de repente te das cuenta de que estás a gusto.
Otra ciudad, otra situación, otras gentes. Rostros a los que miras y te infunden cierta felicidad. Venir aquí es una completa desconexión, pero les miras y sientes que vuelves a estar en casa, cuando esa casa no es algo físico ni material, sino un grupo de gente con los que conectaste entonces y que el domingo yo tenía muchas ganas de ver. Les miras a los ojos y piensas: “Empieza una semana única, una semana cuya huella quedará grabada”.
De repente es jueves por la noche. La mayoría ya se han ido. Quedamos los últimos. Sabemos que estaremos en contacto durante los próximos meses… hasta la próxima. Quizás nos veamos antes del próximo año. Quizás…
En las horas previas a partir recuerdo la sensación de la lluvia del domingo en los dedos de los pies, el picor del pimiento en los labios durante unos minutos interminables, las fotos de las paredes de un bar con solera, las cervezas bajo el sol, las risas, los chistes (maravilloso, maravilloso) y un largo etcétera. Me va a tocar recuperar. Diablos, que he salido todos los días… menos esta noche. Y si volviera el domingo, estoy segura de que repetiría todas y cada una de las cosas.
Me da pena. Y si esto ocurre ahora, no lo quiero imaginar siquiera el año que viene.

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