Doce días son los que me quedan para coger el avión. Parece que no, pero el viaje ya lo tengo encima. Y parecía tan lejano. Tengo ganas de desconectar. A estas horas, dentro de dos semanas, estaré ya cerca del Mar de Tasmania (hora de Oceanía).
No sé quién me dijo el sábado (algún amigo, seguro, que ya lo sabía) que admiraba que hiciera viajes tan largos, que no todo el mundo se atreve a hacer. No creo que tenga nada de admirable, ya que es algo que todo el mundo puede hacer. Siempre he pensado que hay un momento para cada cosa y estos viajes son para hacerlos ahora, porque en unos años no me meteré en un avión durante un día entero.
Empieza un nuevo día...
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