A eso de las tres y media me ha entrado un ligero sopor. No podía permitir dormir, porque en unos minutos había de marcharme. Lo sorprendente es que no me tumbo después de las comidas, sobre todo porque no me suele dar tiempo, pero hoy estábamos a la mesa mucho antes de lo habitual.
Cuando he despertado me encontraba desubicada. Pensaba que era por la noche y que tenía que ponerme el pijama y dormir. Entonces he visto la luz del sol por las rendijas de la ventana. He venido grogui. Y entonces he visto a un ángel...
Me voy a casa, porque ahora apetece ir a la ermita a disfrutar del sol. Es una de esas tardes... donde los pensamientos quedarán para mí, y en ellos siempre aparece alguien, porque imagino todo lo que me gustaría compartir con él, incluso esta tarde soleada.
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