En Wanaka me he perdido esta tarde al regresar al hotel. Sólo tenía que bordear el lago, pero no era tan fácil. A las seis era de noche, me he tomado mis cervecitas y el guía me ha asegurado que este país no es peligroso. Para volver hay un camino entre los árboles que bordea el lago, pero estaba negro, no se veía nada y, aunque más largo, he preferido ir por el carril-bici, que iba junto a la carretera y estaba débilmente iluminado. Craso error. He caminado y caminado, he llegado a una zona de chalés elegantes, no había un alma por la calle a quien preguntar. Podía haber llamado a Olivier para que viniera a buscarme, pero tendría que estar desesperada para hacer eso, así que sólo se me ha ocurrido caminar en línea recta hacia donde yo pensaba que estaba el lago (y me alegra saber que mi sentido de la orientación es bueno). Pensaba: "A ver si en la oscuridad voy a dar con mis pies en el agua...", pero he llegado al camino, la grava se oía bajo mis pies y he visto las lomas de césped recién cortado. "Eso tiene que ser el hotel", he pensado. He subido y me he encontrado con una especie de carpa donde estaban cenando. Yo no he visto a nadie, pero no ha faltado quien me ha visto desde dentro, que luego me lo han dicho. He intentado cruzar y no podía, porque había en medio un lago artificial. Así que he vuelto al camino y entonces he visto el cartel: Edgewater Restaurant. Así que por fin, después de hora y media dando vueltas en la oscuridad, he encontrado el hotel.
Entonces he entrado al restaurante-cafetería a beber agua.
Debía venir tan sofocada -las cervezas- que Olivier me ha visto y me ha preguntado si me encontraba bien. Le he explicado todo...
No voy a cerrar las cortinas de la habitación. Quiero abrir los ojos mañana y ver el lago.
Una vez tuve un sueño, uno de los primeros sueños... Entonces no era un lago, sino el mar.
Creo que no quiero soñar más.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
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