sábado, mayo 07, 2011

Prométeme que serás libre


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"Prométeme que serás libre" son las palabras que un padre le dice a su hijo antes de que les llegue el infortunio.

Esta es una novela que transcurre a finales del siglo XV, pero no sólo es una novela histórica, sino que además habla del amor. Un amor de adolescente, encontrado, perdido y vuelto a recuperar. He sentido que me estremecía al leer los fragmentos que describen cómo el protagonista reconquista a su amada de una forma magistral.

Llafranc es una aldea de pescadores en las costas catalanas donde todos viven en libertad. Un día son asaltados por piratas que creen sarracenos. Joan y Gabriel son dos hermanos que consiguen sobrevivir a la catástrofe, pero descubren cómo un fogonazo (que años después sabrán que es un arcabuz) termina con la vida de su padre Ramón, y se lleva presas a su madre Eulalia y a su hermana María, mientras la otra hermana, un bebé de apenas unos pocos días, queda abandonada en la playa y termina sucumbiendo a la muerte.
Las autoridades religiosas del pueblo de al lado, alertados por las campanas de Llafranc, se acercan pero no osan entrar en la contienda. Joan descubre entonces que eso no puede ser obra de Dios y su lengua le trae algunos problemas. Así que el regidor les envía al convento de Santa Anna, en Cataluña, para que el prior se haga cargo de los dos hermanos. Para ello, conocerán al mercader de libros Bartomeu, que les acompañará en el viaje y al que tomarán un afecto grandísimo.
Los dos niños son acogidos en el convento de Santa Anna, donde tendrán que ayudar a los frailes en el huerto. Sin embargo, Bartomeu le encuentra muy pronto un trabajo de aprendiz de librero a Joan, por el que permanecerá muchas horas fuera del convento. Lo único que tiene que prometer Joan es que no aprenderá a leer, aunque se va a convertir en escriba. Él no comprende cómo puede escribir sin saber leer. Tendrá que aprender las artes de la escritura de un esclavo musulmán, al que Joan odia terriblemente, pues los de su religión fueron los culpables de que su padre muriera y su madre y hermanas sean esclavas. Pero Abdalá un día habla con él hasta que el joven Joan le describe el origen de todos los males. Esa conversación crea un nexo de amistad entre los dos, que se admirarán profundamente por el resto de sus días.
En la librería está como aprendiz Felip, un chico que hace la vida imposible a Joan, creyéndole un payés de remensa (campesino que tenía que efectuar un pago a su señor para poder abandonar la tierra; estos pagos eran extremadamente altos, casi ningún campesino podía pagarlo, por lo que seguían esclavizados a la tierra y al señor que mandaba en ella). Joan le dará su merecido, pero Felip se convertirá en un acérrimo enemigo que, cuando es expulsado de la librería, y con la llegada de la Inquisición y Fray Espina a Barcelona) será el que se chive de que el librero Corró y su familia son conversos. Es la época en que los Reyes Católicos habían expulsado a los judíos de España y cualquier persona relacionada con la ley hebrea era puesta en tela de juicio. Joan, que ya ha aprendido a leer por su cuenta, también es prendido por la Inquisición y llega un momento en que dice todos los títulos prohibidos que han pasado por sus manos, con lo que condena a la hoguera a los libreros Corró. Es entonces cuando comprende por qué el librero le había prohibido aprender a leer.
En esa época está enamoradísimo de Anna Roig, cuyo padre pertenece al gremio de los argenteros. Ella le corresponde, pero como también son conversos una madrugada suben a un barco en dirección a Italia. Joan cree que no la volverá a ver.
Al perder el trabajo en la librería, Joan entra en el gremio de los fundidores como aprendiz, donde su hermano Gabriel, que adora las campanas, está trabajando. Los fundidores son muy respetados en Barcelona debido a su descomunal fuerza. En esos momentos sólo fabrican cañones para las batallas en las que tienen que lidiar los Reyes Católicos.
Joan acostumbra a salir a las posadas del puerto, porque ha descubierto que los que atacaron su aldea no eran sarracenos, sino cristianos disfrazados de piratas sarracenos. Busca información en los marinos que llegan al puerto y entonces le dan un nombre: Bernat II de Vilamarí, el almirante mayor de la flota real en el Mediterráneo, un nombre célebre y admirado, con un poder inmenso, sin duda alguna por estar cerca del monarca Fernando. Joan no ceja y durante años espera que la flota de Vilamarí llegue a Barcelona. Y cuando eso ocurre busca información en uno de los alguaciles del barco, el Tuerto, el mismo que disparó el arcabuz contra el pecho de su padre. El Tuerto se da cuenta de que el chico busca algo más y terminan sacando las dagas, hasta que el desenlace fatal acaba con la muerte del Tuerto. Vilamarí quiere un castigo ejemplar para el chico que ha asesinado a uno de sus lugartenientes. Joan es condenado a latigazos públicos y dos años en galeras. Cree que se le acaba el mundo, pero como galeote estará más cerca del almirante y tendrá más oportunidades de asesinarle.
Lo que comienza como un suplicio termina con una travesía que no tiene nada que ver a como empezó. Al principio es golpeado, pero cuando Joan descubre que se han dejado escapar un barco porque no se han atrevido a usar las culebrinas (especie de armas de fuego de larga distancia), él asegura que con su puntería le hubiera alcanzado. Sorprendido el almirante y los capitanes, Joan es puesto a prueba y convertido en artillero mayor de la Santa Eulalia. Poco a poco, se va acercando al almirante, sobre todo cuando éste utilice sus conocimientos en la escritura y en la lectura para deleitarles las cenas. Joan tendrá oportunidades de asesinarle y, de hecho, él mismo tendrá que empuñar el arcabuz en algunos ataques piratas propios a otras aldeas. Vilamarí le observa, porque está haciéndole lo mismo que ocurrió en Llafranc con su padre. Un día Vilamarí le explica una parábola sobre la supervivencia, y sus palabras sean quizás las que le impidar asesinar al almirante en cuanto se le presente la oportunidad. Es más, le protegerá.
Recorren varias islas del Mediterráneo en busca de trabajo de monarcas y nobles, rapiñeando en aldeas a veces y recogiendo esclavos, y llegan a Nápoles. Joan buscará a Anna, que ya es una mujer casada. Ella aún le ama y él no soporta que sea la mujer de otro hombre. Cuando las intrigas políticas del Papa, el ejército francés que se acerca a Italia y los monarcas españoles que no quieren perder su estatus en el Mediterráneo, Anna y su marido, que es seguidor del monarca francés, tienen que huir por mar en una carabela, que es apresada por Vilamarí a instancias de Joan. Joan asesinará a Ricardo Lucca, marido de Anna, y cuando van a repartirse el botín, uno de los capitanes le reta para quedarse con Anna. Joan proclama su amor por la mujer y, curiosamente, los leones de mar son sentimentales en cuanto se refiere al amor. Joan se queda con Anna y es expulsado del barco. Comienza una vida nueva en Nápoles dedicándose a los libros. Anna espera un bebé que ella cree que es hijo de Lucca. Joan le dice que asesinó a su marido, pero que fue un duelo justo. Ella no quiere volver a verle y él se ve obligado, ante la negativa, de marcharse a Roma, donde quiere abrir su propia librería. Como español, se acercará al clan de los que apoyan al Papa. Su amigo Abdalá, desde Barcelona, le da consejos para recuperar a Anna. Entonces es cuando vuelve a Nápoles para escribirle y hacerle un libro hermosísimo dedicado al amor, donde describe todos sus infortunios y le lleva a pensar que ella no es culpable de la muerte de Ricardo. Tras unos días de espera, ella acepta perdonarle y terminarán casándose, mudándose a Roma e inaugurando la librería por todo lo grande.
Gracias a Vilamarí conseguirá encontrar a su madre y a su hermana y llevarlas consigo a Roma, sacándolas de la esclavitud.
Entonces, al mirar al cielo, Joan sube con su mujer y el hijo de Ricardo a la azotea para mostrarles los pájaros que vuelan libres.

Me ha encantado.

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