Después de subir en teleferico para ver toda la ciudad de Queenstown, nos hemos ido a montar las lanchas rápidas, a diez minutos de la ciudad. Ha sido algo emocionante, aunque nos hemos mojado un poco. Nos alejamos de Queenstown y nos dirigimos a Arrowtown, una ciudad que creció durante la fiebre del oro y que, a diferencia de otros pueblos que ahora se han convertido en pueblos fantasma, Arrowtown aún sigue desarrollando una floreciente industria minera.
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