miércoles, abril 16, 2008

Viaje al fin del mundo

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Quizás sea éste uno de los libros más hermosos e imaginativos que me he leído en los últimos tiempos. Todo está narrado con gran delicadeza y sencillez.
El libro se divide en cuatro partes, que en realidad son cuatro libros unidos en un único volumen.
El perro que corría hacia una estrella
Joel era un niño sueco que vivía en una ciudad de interior que estaba casi siempre nevada. Los inviernos eran fríos, largos y duros y Joel siempre pensaba en la llegada de la primavera.
En la escuela se sentía un bicho raro porque era diferente: todos los demás niños tenían una mamá, menos él.
Joel vivía con su padre, un antiguo marino que una vez naufragó y cambió la fuerza de las olas por la vida de leñador, en una pequeña casita junto al río. Su madre les había abandonado cuando Joel era muy pequeño y su padre nunca le hablaba de nada que tuviera que ver con ella. Sin embargo, papá Samuel le contaba historias que había vivido en los inmensos mares y en lejanos países. Joel soñaba con que un día abandonaría aquel pueblo para ver el mar.
Era un niño muy imaginativo y por las noches a veces tenía terribles pesadillas. Una de esas noches se había levantado y sentado junto a la ventana. Desde allí vio un perro solitario que parecía estar huyendo de algo. A partir de entonces Joel se despertaba todas las noches para ver si el perro volvía a aparecer. Así se inventó una sociedad secreta donde era el único miembro. El único objetivo de su sociedad era encontrar al perro, que, Joel imaginaba, caminaba hacia una estrella.
Empezó a salir de su casa por las noches y a recorrer las solitarias calles del pequeño pueblo donde vivía. Siempre se encontraba a dos personajes peculiares: la Sin Nariz, una treintañera imprevisible que había perdido la nariz en una operación quirúrgica, y que a Joel le daba pavor, sobre todo porque no podía apartar su mirada del horrible agujero que había donde debería sobresalir la nariz; y Simón Tempestad, un hombre mayor que por las noches conducía su viejo camión, dando vueltas por el pueblo. Simón había estado en un hospital para enfermos mentales, se decía que estaba loco y la gente le evitaba, como también evitaban a Gertrud Sin Nariz.
Por coincidencias del destino, Joel repentinamente se convirtió en amigo de tan peculiares personajes, que, para él, eran como niños grandes que le comprendían perfectamente. Y se dio cuenta de que esos personajes eran especiales, que el temor que infundían solo se debía a una terrible soledad que les dejaba fuera de un mundo que les había marginado...
Las sombras crecen al atardecer
Entonces ocurrió el accidente.
Un día, Joel cruzaba sin mirar la calle principal del pueblo, cuando el autobús de línea pasaba. Curiosamente Joel terminó debajo del autobús sin un rasguño.
A partir de aquel día todo el mundo le miraba como si fuese alguien extraño, una persona que había sobrevivido a un accidente como por arte de magia. Joel comenzó entonces a plantearse la posibilidad de que Dios existía y consideraba su salvación como un Milagro.
Hablando con sus dos buenos amigos, Simón Tempestad y Gertrud Sin Nariz, le dicen de diferentes formas que debe agradecer ese Milagro haciendo una buena acción.
Joel pasaba unos días pensando en qué es lo que puede hacer. Finalmente pensó en la posibilidad de buscarle un marido a Gertrud, sin darse cuenta de que su defecto físico podría ser un impedimento. A Joel solo le movía la buena voluntad.
Sara trabaja en la cervecería. El muchacho sabe que pone de buen humor a su padre, aunque Joel ya tiene una mamá y no quiere que Sara sea su mamá, aunque le trate bien y haga unas comidas deliciosas.
Un día Joel entra en la cervecería por la puerta de atrás con la excusa de ir a ver a Sara. Y allí descubre a dos jóvenes idóneos para Gertrud: tendrá que espiarlos, aunque realmente desconoce todo sobre las relaciones entre un hombre y una mujer. Ese día solo se dedica a escuchar las conversaciones de las camareras y es así como se entera de que uno se llama Rolf y el otro David. Éste, con su pelo rubio, le recuerda a Joel al hombre que aparece en los envases de caviar y termina llamándole "el Hombre Caviar".
Recuerda las pocas cosas que su padre le ha contado respecto a cómo conoció a su madre y se interesa por las cartas que se escribían, sobre todo porque él siempre estaba en el mar o puertos lejanos. Así que Joel decide ir a la Biblioteca para buscar libros donde haya cartas secretas.
Después de preguntar a la bibliotecaria, ella le recomienda unos libros de poemas, cuyas metáforas Joel no entiende. Después de espiar a los dos candidatos, Joel decide que el más adecuado para Gertrud es David.
Así el muchacho comienza a escribir unas misivas. Su despiste le lleva a poner en la carta para David "Hombre Caviar" y Joel se enfada consigo mismo. Les prepara una cita en el único jardín donde hay una estatua. Gertrud acude, pero no así David, que se esconde en un cobertizo cercano para descubrir quién es la persona que le escribe cartas de amor.
Joel se da cuenta de lo poco infructuoso de su intento, y decide reanudar las cartas. Esta vez les citará en la Casa del Pueblo, donde todos los jóvenes se reúnen para bailar los sábados por la noche. El único problema es que Joel es un niño y no le permitirán la entrada. Solo con la orquesta de Kringström podría colarse dentro y espiar su buena acción. Convence al director de la orquesta de que quiere aprender a tocar el saxofón y eso le franquea la entrada a la Casa del Pueblo. Allí, entre bastidores, espía a toda la gente que entra.
Ve a David con un grupo de jóvenes, pero no a Gertrud. Cree que ha vuelto a fracasar. Entonces descubre que las risas del Hombre Caviar y los que están a su alrededor se oyen por toda la sala. Joel no sabe de qué se ríen hasta que reconoce el papel que David sujeta. Entonces se da cuenta de su error y huye de allí.
En la puerta está Gertrud con su mejor abrigo, está a punto de entrar y Joel le cuenta la verdad de las cartas. Su amiga le da una fuerte bofetada y se marcha a casa.
Joel tiene que vengarse de David, porque ha descubierto que no es el mejor hombre para Gertrud. La ocasión se presenta por sí sola.
El domingo por la mañana, Joel no puede dormir, así que coge su bicicleta y comienza a dar vueltas por el pueblo. De repente escucha a alguien que le llama. Se trata de Asta, la operadora de Telégrafos. Ella le pide un favor y cuando Joel vuelve observa cómo Asta hace funcionar las llamadas. Hace unas preguntas y traza un plan.
Esa misma noche se cuela en Telégrafos. Sabe, por lo que le ha dicho Asta, que apenas hay llamadas y que ella estará echada. Coge la guía telefónica y anota doce números de personalidades locales: teniente coronel, alcalde, médico, cura, redactor del periódico... Cuando ellos contestan Joel, ni corto ni perezoso, repite: El Hombre Caviar es un criminal, atención, el Hombre Caviar es un criminal.Después, sale corriendo hacia su casa. Cree que ya ha conseguido realizar la buena acción. Sabe que al día siguiente correrá el rumor de que un loco se puso a llamar a medianoche a varias casas del pueblo y todos pensarían que Asta le había dado al coñac.
A Joel solo le quedaba una cosa importante que hacer: hablar con Gertrud y contarle toda la historia de principio a fin. Ella comprendería...
El niño que dormía con nieve en la cama
La primera nieve del invierno siempre llega silenciosamente y a Joel siempre le pilla de improviso. Un buen día se levanta y todo está blanco.
Para Joel, que ahora cuenta con trece años, el primer día del invierno que nieva es muy importante. Para él es motivo de celebración, donde se hace unas promesas que debe cumplir a lo largo de todo el año, hasta las primeras nieves del invierno próximo.
Esa noche, Joel se levanta de la cama y, como el año anterior prometió, esta vez debe formular sus deseos en el cementerio de la iglesia.
La primera promesa era que va a vivir más de cien años y, para ello, comenzaría a curtirse durmiendo al aire libre.
La segunda promesa es encontrar una solución al gran problema de Samuel, su padre, que también es su problema: la decisión de mudarse de allí.
La tercera promesa es ver a una mujer desnuda.
Al marcharse del cementerio tropieza con una tumba, Lars Olsson, que murió a los catorce años. Casi su edad, piensa Joel.

Ese invierno ha llegado temprano. Joel hace novillos en la escuela siempre que puede, pues siempre hay mejores cosas que hacer. Esa tarde, debe ir a la tienda de alimentación y allí descubre a una dependienta nueva. No sabe cómo se llama, pero comienza a verla en sueños, solamente cubierta con velos transparentes. Entonces se da cuenta de que será a ella a quien vea desnuda por primera vez.
Así que busca cualquier tipo de excusa para acudir a su casa.
A Gertrud le cuenta lo de las promesas, pero, estando en su casa, Joel se da cuenta de que la Sin Nariz le produce asco y sale corriendo de allí. Gertrud termina hablando con él porque comprende lo que le ocurre. Algo se ha roto entre ellos dos ese día. Joel se está haciendo mayor.
Mientras, en la escuela, Eva-Lisa empieza a echarle sonrisas que Joel no entiende. Para Joel, la chica es la Galgo, porque es la que más rápido corre de la escuela. Nadie puede alcanzarla.
Joel comienza a dar clases de guitarra e invita a la Galgo a ir al cine, donde la entrada está prohibida para niños, pero él sabe cómo colarse sin pagar. Allí intenta besar a la chica, y ella le dice que no sabe hacerlo y que un día le enseñará.
Joel está impaciente porque la Galgo le enseñe a besar. Y ella queda con él, pero Joel se ve humillado por la joven y varios amigos, que aparecen en la casa de ella riéndose, mientras Joel, en una silla, saca morritos con los ojos cerrados.
No quiere volver a la escuela, porque se reirán de él. Así que esa mañana que hay una terrible tormenta de nieve decide ir a visitar a su amigo Simón Tempestad. Está su viejo camión, pero no le encuentra por ningún sitio. Uno de los perros gime a su lado y le guía hasta el bosque. Allí está tirado su amigo. A Joel solo se le ocurre que debe llevarle a casa, antes de que la tormenta sea peor. Y sin saber de dónde saca fuerzas, le arrastra unos dos kilómetros hasta su casa, donde le mete en la cama y le acerca la estufa. Luego sale a la carretera. Tiene que pedir ayuda y justamente pasan los quitanieves. Estos son los que llevan a Simón al hospital.
El viejo loco había tenido un derrame cerebral y Joel le había salvado la vida. Es lo que se comenta en todo el pueblo y Joel es considerado un héroe. Pero Simón sigue inconsciente y los médicos temen por su vida.
Cuando el lunes vuelve a la escuela, nadie se ríe de él por lo de los morritos. Todos intentan acercarse a él, incluso Otto, su peor enemigo. Todos le admiran, incluso la Galgo.
Incluso en la tienda, la dependienta, Sonja, habla con él más de lo habitual y termina invitándole a su casa.
Mientras Joel es considerado un héroe, Samuel está pasando por una de sus etapas en las que no puede vivir sin alcohol. Sara, la de la cervecería, le ha abandonado y Samuel se refugia en el alcohol. Joel va a buscarle, pero es difícil hacerle entrar en razón.
Decide que ya es hora de empezar a curtirse y saca una cama al patio y se tumba al aire, quedándose profundamente dormido. Cuando despierta, se encuentra en la cama de su padre, que ha entrado en razón y ha vuelto a casa. Entonces se da cuenta de que podía haber muerto en el patio bajo una capa de nieve y hielo.
Empiezan a leer un libro juntos, un libro que habla sobre una isla solitaria adonde llega un barco de amotinados y allí se quedan, donde aún siguen viviendo. Joel ha convencido a su padre para irse de allí, para ir a aquella isla, y escribe al protagonista del libro una carta para que le informe.
Cuando va a visitar a Sonja, él le describe lo que siente por ella, y en unos segundos consigue verla con paños transparentes, pero es un secreto, es como si solo hubiera sido producto de su imaginación. Entonces va al cementerio a contarle a Lars Olsson que una de las promesas ya la ha cumplido.
La Galgo también le está enseñando a besar y Joel se da cuenta de que es una sensación agradable.

La muerte siempre llega sin avisar. Joel está feliz esa tarde, pero al llegar a casa su padre está serio. Joel comprueba que no ha bebido ni tiene los ojos rojos. Simón Tempestad ha muerto. Joel no lo entiende, no entiende que se haya ido después de haberle salvado de morir en medio del bosque... La muerte nunca llega cuando debe llegar...
Viaje al fin del mundo
Desde que tenía uso de razón Joel siempre quiso salir de aquel agujero en medio de las montañas. Nunca había viajado más allá de los bosques que rodeaban su pueblo. Y desde muy pequeño, le pedía a su padre, Samuel, irse de allí, ver el mar y viajar en un barco. Samuel, antes de ir a parar a aquel rincón de Suecia, había sido marinero. Y Joel, después de escuchar sus historias, quería ser marinero. Y Samuel le había dicho que cuando acabara la escuela viajarían...
Y eso estaba a punto de ocurrir. Joel tenía 15 años y la escuela estaba a punto de acabar.

Un día llegó a casa y se encontró a Samuel sentado en la cocina, con una carta en las manos. En la misiva, una conocida que vivía en Estocolmo le decía que sabía dónde vivía y trabajaba Jenny, la madre de Joel, la que les abandonó hace tantos años, la que tanto había echado de menos Joel, a la que tanto había odiado, una desconocida por la que sentía una inmensa curiosidad.
Sí, cuando acabara el curso, Samuel y Joel debían ir a buscarla.
Y acabó...

Un día, padre e hijo cogieron un tren a ninguna parte. Después de tres días llegaron a Estocolmo. Ellos parecían raros en aquella gran ciudad. A Joel le robaron, se establecieron en un hotel de mala muerte y allí esperaron. Esperaron porque Samuel estaba nervioso por ver a Jenny.
Entonces Joel se levantó una noche y miró por la ventana. Se dio cuenta de que debía salir y buscar a su madre. Así que se dirigió a la dirección donde supuestamente veía.
De allí salió una mujer con un abrigo verde... "Tu madre tenía un abrigo verde cuando se fue"... Podía ser cualquier persona, aunque Joel decidió seguir a aquella mujer, y la siguió hasta una residencia de ancianos, donde un bedel le encontró. Él, con el nerviosismo, dijo el hotel donde se hallaba alojado y le dejaron marchar.
Joel llega al hotel muy nervioso. Es posible que aquella mujer fuera su verdadera madre. Pero en la habitación su padre está despierto. Un terrible dolor de estómago no le deja dormir. Joel se da cuenta de que es grave: su padre, que nunca ha ido a un hospital, quiere ir a uno al día siguiente, pero no quiere que su hijo vaya con él.
Mientras Joel se queda solo en el hotel, una mujer le llama por teléfono. Y después aparece en la habitación. Joel acaba de conocer a su madre. Tienen mucho que contarse, pero está preocupado por Samuel.
El encuentro entre Samuel y Jenny es terrible, y Samuel decide que deben marcharse. Sin embargo, Joel va al puerto y se hace una cartilla de marinero. Joel acaba de empezar a vivir y se enrola en un barco de mercancías.
Es su primer trayecto. Sabe que su padre conseguirá sobrevivir sin él, en la casita junto al río, pero le echa de menos. Un día le llega una carta. Su padre tiene cáncer en el hígado, debe volver.
Joel vuelve para cuidarle en sus últimos días, para decirle adiós.
Samuel parte al fin del mundo y Joel no tiene nada en aquel agujero del mundo que le retenga sin un padre que ya no existe.
Su próximo barco está a punto de empezar una travesía rumbo a Brasil, y él quiere recorrer el mundo...

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