miércoles, abril 02, 2008

"La última legión"

La leyenda comenzó bajo estas oscuras colinas y bajo este mismo cielo. Nos cuenta la historia de una espada de enorme poder, forjada para el conquistador Julio César. La espada pasó de generación en generación hasta llegar al último descendiente del noble linaje de César: el emperador Tiberio”. A su muerte, fue ocultada para evitar que cayera en manos de sus enemigos; durante generaciones estuvo escondida en un lugar secreto, marcado por el símbolo de la estrella de cinco puntas y, como decía la leyenda, bajo la mirada del César.
Yo, Ambrosino, nacido en Britania, fui uno de los guerreros que la buscaron. En una época de injusticias, dediqué mi vida a la búsqueda de la espada y de aquél que fuera digno de empuñarla. Viajé lejos, crucé el continente europeo y llegué al corazón del Imperio que gobernaba la mitad del mundo conocido. Sin embargo, una Roma amenazada llamaba a sus mejores y más valientes soldados para que regresaran a defender sus fronteras”.

Roma, 460 d. C.
El último César del Imperio Romano está a punto de ser nombrado emperador, en una Roma decadente y amenazada por diferentes pueblos, con el Imperio dividido entre Oriente y Occidente y un Senado susceptible de traicionar a su emperador a cambio de conservar la vida.
Rómulo Augústulo (Thomas Sangster) es tan solo un niño cuando es nombrado emperador. Por sus venas corre la sangre de los césares, de la noble estirpe del Dragón. Su padre y tutor, Orestes (Iain Glen), le educa como un adulto que debe ser consecuente con las responsabilidades que conlleva su cargo. Rómulo solo quiere ser un niño normal. Sus mejores momentos se los ofrece su preceptor, Ambrosino (Ben Kingsley), que le cuida y enseña las más variopintas historias.
Pero Orestes ha roto su pacto con los godos y éstos invaden Roma. Su caudillo Odoacro (Peter Mulan) solo quiere al niño, al que dejan huérfano, y hacerse con el poder. El Senado romano pacta con él, traicionando así al emperador.
Un comandante, Aurelio Antonio (Colin Firth), ha jurado proteger al niño con su vida. Con Roma en manos de los godos, Aurelio se informa de que el emperador ha sido enviado a la isla de Capri, junto a Ambrosino y un sanguinario guardián godo, Wurfila (Kevin McKidd).
Acompañado por sus más fieles soldados y por un guerrero de Oriente que resulta ser una mujer de nombre Mira (Aishwarya Rai), viajan hasta Capri, donde consiguen rescatar al niño y a Ambrosino. Allí mismo, Rómulo ha encontrado la espada escondida durante tanto tiempo. Como Roma es peligrosa para el César, deciden llevarle al Imperio de Oriente, pero el comandante descubre que han sido traicionados. Solo les queda un lugar donde protegerse: Britania.
En la provincia romana de Britania todavía sigue luchando contra los pueblos germánicos la Novena Legión. Britania está dominada por un cruel tirano que lleva oculto su rostro por una máscara, Vortgyn (Harry van Gorkum). La última legión fiel al emperador ha colgado sus uniformes para vivir de una manera pacífica, adoptando los ritos y tradiciones celtas. Cuando el comandante Aurelio descubre esta situación, oculta la identidad del niño. Hasta allí les han perseguido Wurfila y un numeroso grupo de guerreros godos, que piden ayuda a Vortgyn. Todos buscan la espada de poder y desean la muerte de Rómulo.
En el muro de Adriano se produce la terrible batalla que dará la victoria a los romanos. Después de esto, todos quieren vivir en paz.
Unos años después, Rómulo cambiaría su nombre por el de Pendragón (padre de Arturo) y la espada se convertiría en Excalibur. Ambrosino no sería otro que el mago Merlín.

El final sobra. Esos cambios tan bruscos en la Historia están de más. Es cierto que por años podría coincidir, ya que el rey Arturo unió a las diferentes tribus celtas para luchar contra los sajones y otros pueblos en el siglo V d. C. Este es uno de los mitos que se han recargado de una fantasía inmensa y, por eso mismo, debería hablarse con él con un poco más de tiento. Es cierto que la leyenda, porque tan solo es una leyenda, a veces habla de que Arturo pudo ser un comandante romano de nombre parecido, nada que ver con el guión de la película. Yo prefiero creer que sus raíces siempre fueron celtas y no romanas.
Lo que está claro es que Excalibur no era una espada romana ni perteneció a Julio César, sino que fue un símbolo mágico celta, en caso de que algo así existiera, pues hablamos del mito y como tal hay que tomarlo.
Lo cierto es que el final de la vida de Rómulo es desconocido e incierto. Se supone que Odoacro le perdonó la vida debido a su corta edad y después le exilió a un castillo de la Campania italiana. Lo más probable es que el niño jamás pisara tierras britanas.
Hay demasiadas cosas que se contradicen, y una cosa clara: la película se basa en un libro de Valerio Massimo Manfredi, gran historiador donde los haya, aunque en su contra debo decir que rodea a los protagonistas de un halo de fantasía que lo convierte en algo poco creíble.

Una profecía es un acto de fe, y nosotros somos los guardianes de la fe”.

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