viernes, abril 04, 2008

Habibi's

Cuando llegué a Salamanca por vez primera, tuve la enorme suerte de conocer a dos kuwaitíes que estaban estudiando Hispánicas, en clase de una amiga. Su español al principio era ininteligible, pero, a medida que pasaban los meses, empezaron a parlar de una manera bastante fluida.
Hasta entonces, mi conocimiento sobre Oriente Próximo era bastante limitado, por eso les acepté como amigos, aunque siempre con reservas. Entre otras cosas, no comparto la idea de la poligamia. Ahmed y Zaher eran primos, buenos estudiantes en Al-Kuwait y descendientes de familias bastante ricas, por no decir que sus progenitores eran jeques que manejaban petrodólares al compás que respiraban. Apenas hablaban de su economía familiar, pero sí lo hacían de su familia. Nada, ni siquiera el dinero, puede sustituir a una persona y la enfermedad de la madre de Ahmed era irreversible.
Ahmed me llamaba más la atención que su primo. Era, dentro de lo que se podía esperar, más abierto, más liberal y, por tanto, aceptaba con mucha facilidad las costumbres españolas. Recuerdo las conversaciones que teníamos, las comparaciones de costumbres, la explicación de su mundo que, a fin de cuentas, no era tan diferente, pues Kuwait está muy occidentalizado.
Ellos habían recibido una beca gubernamental para estudiar la carrera en España, toda la carrera, y después fijo que se irían a Londres o a cualquier otro país para proseguir sus estudios. Lo cierto es que estaban destinados a ser diplomáticos, y eso nos lo contaron con una seguridad impresionante. Al pasar el primer año, chapurreaban bastante bien el español.
Se iban en vacaciones a su lejano hogar y, en una de esas navidades, nos deleitaron con una especie de burka, aunque ellos lo llamaban "niggap". No es tan rígido y tan horrible como el burka, aunque sigue dejando libres solamente los ojos. La tela era basta, aunque con los bordes cosidos dibujando una greca de flores. Y el color... negro. Todavía lo guardo en un cajón de casa como recuerdo de unas personas que pasaron por mi vida y a las que, posiblemente, no vuelva a ver. A veces, abro la caja de cartas y veo los inmensos sobres con caracteres árabes que, en un tiempo, recibí de allí. Un día, sin más, ellos se fueron y no volvieron. Supongo que acabarían, aunque, por mi amiga de Hispánicas, sé que nunca tomaban apuntes y que los profesores les aprobaban sin más, como se hace en todas las universidades con todo estudiante extranjero.
La verdad es que, cuando salíamos con ellos, jamás nos dejaron pagar nada. Alguna intentó liarse con uno de ellos, pero se impusieron las ideas y creo que nunca llegó a pasar nada. Recuerdo cuando hablaban del hambre que tenían en el Ramadán hasta que se ponía el sol y lo rápido que corrían cuando anochecía a pillar lo primero que hubiera en el frigorífico. Y recuerdo que terminamos llamándoles los habibi's porque, en su idioma, esa palabra tenía algo que ver con la amistad, aunque no me viene a la cabeza ahora el significado exacto.
Me gustaría saber qué tal les va. Seguro que son felices en su país, siempre lo echaban de menos, siempre miraban hacia levante, añorando otras tierras, otras gentes, otras costumbres...
Lo que queda es todo lo que aprendí de ellos, incluso el hecho de intentar comprender una cultura tan diferente de primera mano.

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