A veces, cuando vuelvo la vista atrás, recuerdo momentos que no repetiría jamás. En el pasado, mi carácter inestable muchas veces me impulsó a hacer o decir cosas que hirieron a ciertas personas, cosas que en la actualidad no haría ni diría. Quizás se debía a ciertos ragos de una personalidad rebelde e inestable que no podía controlar. Lo que más me duele es haber hecho daño a personas que no se lo merecían, a personas que jamás hubieran levantado una mano en mi dirección.Cuando miro atrás, recuerdo el dolor que causé o me causaron, la mella irreparable que dejaron todos esos momentos en mí, produciéndome un doloroso tormento al recordarlos.
Y con el paso de los años me he dado cuenta de que llevo un león dormido dentro, que finalmente no despertará porque ahora lo puedo controlar, porque sigo aprendiendo de mis errores, y los que cometí en el pasado también me enseñaron a guardarme muchas cosas. Y a no hacer daño a nadie más. El hecho de haber hecho sufrir a personas, aunque momentos después me haya arrepentido, me dobla la espalda cual pesada losa.
El tiempo solo me enseñó a ser más prudente y reservada, y a transmitir la energía positiva que hay en mí. Solo si es inevitable el león despierta de su permanente letargo en contadas ocasiones para demostrar su fuerza, volviendo a dormirse después.
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