Y te vas temprano a dormir porque sabes que, nada más refugiarte entre las oscuras grietas de la noche, cerrarás los ojos y abrazarás la almohada imaginando que lo abrazas a él, tocarás su pelo en sueños, su rostro, su piel... y sentirás ese abrazo que no te dejará despertar hasta que los primeros rayos del día atraviesen la ventana.
Entonces abres los ojos repentinamente y te das cuenta de que solo ha sido un sueño. Y hubieras preferido no despertar, seguir meciéndote en ese abrazo imaginario.
Decides salir de la cama, sacas un pie, después otro y, adormilada, comienzas a caminar sin rumbo hacia el día que acaba de empezar.
Sientes el dolor en los pies y miras al suelo, cubierto por una alfombra de cristales que te cortan, pero sigues caminando mientras lentamente se van desgarrando las plantas de tus pies. Sientes el dolor, pero te das cuenta de que el dolor interior es mucho más fuerte y te impulsa a seguir caminando. Sientes el vacío y te das cuenta de que no importa que tus pies estén sangrando, pues hay dolores más fuertes y muchas veces incurables.
No quieres volver a soñar.
Entonces abres los ojos repentinamente y te das cuenta de que solo ha sido un sueño. Y hubieras preferido no despertar, seguir meciéndote en ese abrazo imaginario.
Decides salir de la cama, sacas un pie, después otro y, adormilada, comienzas a caminar sin rumbo hacia el día que acaba de empezar.
Sientes el dolor en los pies y miras al suelo, cubierto por una alfombra de cristales que te cortan, pero sigues caminando mientras lentamente se van desgarrando las plantas de tus pies. Sientes el dolor, pero te das cuenta de que el dolor interior es mucho más fuerte y te impulsa a seguir caminando. Sientes el vacío y te das cuenta de que no importa que tus pies estén sangrando, pues hay dolores más fuertes y muchas veces incurables.
No quieres volver a soñar.
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