Este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Héroes y cobardes, víctimas y verdugos, la Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia, aportan datos rigurosos para el historiador y ponen límites a la imaginación del novelista. Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los sucesos narrados y muchas de las palabras que se pronuncian.
El 2 de mayo de 1808 los ánimos de los españoles andaban encendidos porque las tropas napoleónicas estaban invadiendo el país, ante el beneplácito de las milicias españolas.
Madrid es un avispero a punto de estallar, así como ocurriría en otras ciudades. La gente del pueblo se echa a la calle para luchar contra el ejército invasor. Los vivas al rey Fernando VII, retenido en Bayona por el emperador francés, y la negativa a ser dominados por unos extranjeros hacen el resto. El pueblo se arma como puede y ocupa las vías principales de Madrid, cargándose a todo galo que se cruce en su camino. Jóvenes imberbes, niños, mujeres se dirigen hacia uno de los puntos de la ciudad donde se produce una defensa sin cuartel: se trata del parque de artillería de Monteleón, a cargo de dos capitanes amigos, Luis Daoiz y Pedro Velarde, que, en última instancia, son los únicos militares que se unen a los civiles para luchar contra las formaciones francesas. Hasta tres veces atacaron los imperiales Monteleón sin éxito, repeliendo los españoles los ataques. Finalmente, un ejército superior que espera a las afueras de Madrid reduce a los españoles, en número muy inferior. Son muchos los que mueren defendiendo el parque, entre ellos los dos valientes capitanes, que hoy son considerados unos héroes.
En el momento en que las tropas napoleónicas se hacen con el parque de artillería, los franceses matan y fusilan a cualquier madrileño que les apetece. Esta matanza sin freno merma la población de Madrid. Es el comienzo de la guerra por la independencia.
2 comentarios:
Malditos gabachos...
Yo no se porque no se dan estas cosas en las escuelas y por que se empeña en que los heroes y algunas de las grandes batallas de nuestra historia caigan en el olvido.
Es triste.
En las escuelas hablan de los sucesos de 1808 muy por encima. Recuerdo mi primera noción sobre esta guerra: "Entonces Napoleón pidió permiso al rey español para cruzar España con su ejército y conquistar Portugal, pero las tropas napoleónicas tenían otras instrucciones: quedarse en nuestro país y conquistar toda la Península Ibérica". Luego te cuentan por encima que secuestró al rey y puso en el trono al Pepe Botella, y poco más. Sí, el pueblo luchó, pero no te haces de la idea del alcance de su lucha. Luego descubres los cuadros de Goya (que también es nombrado en este libro, por cierto), los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, donde cuenta la lucha por la independencia bastante acorde con la realidad (solo me he leído el de Zaragoza) o historias como ésta de Pérez-Reverte que, en principio, parece poco amena por la gran cantidad de datos que da: los nombres y apellidos REALES de muchas personas que perecieron ese fatídico 2 de mayo. Pero Pérez-Reverte es un maestro narrador que convierte aquella jornada en un día para recordar.
Acompañado de un mapa del Madrid de 1808, las 400 páginas del libro solo cuentan el acontecer de un día de la historia...
Un día en la historia parece poco, pero este día marcó los ánimos españoles hacia una idea común: rebelarse ante el ejército opresor.
Las últimas páginas son horribles. Los franceses prometieron no atacar a la gente desarmada, sin embargo, se aprovecharon de su superioridad para asesinar a quien les apetecía, robar a quienes les daba la gana, fusilar por fusilar, violar de una manera aterrorizadora... La mejor forma de hacer que la moral española se rebozara en el barro... pero los españoles estamos hechos de otra pasta, y se sublevaron poco tiempo después, pero esa batalla ya era diferente, puesto que a los civiles se les unieron los militares.
Es impotencia que el pueblo espere la ayuda de los hombres de armas y que éstos no muevan un dedo. Desde arriba tienen órdenes de no luchar contra los franceses, y solo dos capitanes desacatan las órdenes, sabiendo de antemano la injusticia que se está cometiendo contra el pueblo.
Cuando los franceses consiguen reducir a los españoles y hacerse con el control de Madrid, las primeras palabras del Capitán General de los ejércitos españoles tildan a Velarde y Daoiz de traidores. Unos días después, cuando ven lo desalmado de las acciones de los franceses, el mismo Capitán General dirá de esos dos mismos capitanes que fueron unos héroes...
Publicar un comentario