domingo, abril 18, 2010

Sin resaca

Si tuviera que resumir la última noche yo creo que no podría. Sólo recuerdo que bebía los cubatas como si fueran de agua. Por lo menos, no tengo resaca. En cierto momento hubo alguien con quien me encontré que traía aires del pasado. Estaba de boda y quería que me fuera con ellos. Si me hubiera ido con él igual nos hubiéramos liado. Lo más posible es que no, de hecho terminé huyendo.
De repente, pensé en alguien. Y sentí que algo se me desgarraba por dentro. Entonces me miré la mano. Me lo había escrito antes de salir...

No pensaba que iba a llegar tan tarde

Uno, dos, tres whiskies... son suficientes para que me encuentre en mi salsa, como ha ocurrido esta noche. Estaba R., pero... ¿cómo decirle que no puede ser? Que me dé dos besos y su barba de dos días me raspe no va a llevarnos a nada más, no mientras mi corazón siga loco por otra persona. Estoy algo contentilla (gracias al alcohol) y me cuesta escribir.
Mañana contaré lo que ha ocurrido esta noche.

sábado, abril 17, 2010

Tarde al café

Se me ha hecho tarde en casa. Pero hoy invito cafés y copas porque el miércoles no era buen día para invitar. Así que me voy al bar; espero que no haya póker.
Me duele pensar que si no me hubiera rajado estaría con ellos. Aunque para ir a N. no les necesito a ellos. Hubiera estado bien, pero en el fondo yo también peco de tímida. Creo que me hubiera sentido fuera de lugar, aunque haya confianza.
Me voy al café. Es mejor no pensarlo.

No tenemos tiempo para estar tristes

Estaba leyendo cuando mi mirada se ha quedado fija en esa frase: "No tenemos tiempo para estar tristes". Es que es cierto. La vida es demasiado corta para malgastarla con lágrimas.
La utilizaré como máxima, aunque en la práctica es otro cantar.

09.30

Ya sabía que si venía a la oficina me iban a dar las nueve de la noche. He prometido a mi primo que esta noche salía a invitarles a un café, dado que ayer, con el dolor de cabeza que tenía y ante la perspectiva de póker y de cavilar para ganar, opté por quedarme en casa. Debería mirarme las jaquecas, que últimamente se repiten sin parar.
He estado concentrada y he terminado lo que he venido a hacer, lo que me agrada bastante. Al menos, momentáneamente he estado centrada en lo que hacía. Ahora ya me puedo ir a casa con la satisfacción del deber cumplido.
Por otro lado, siento un terrible nudo en el estómago. Es mejor no pensarlo, no pensar en nada. Quizás sea por esto por lo que últimamente me duele tanto la cabeza.

Es hora de marchar.

Zeitaufwand

Zeitaufwand viene a decir algo relacionado con el tiempo que pasa, con el tiempo necesario para que ocurra algo.
Lo he probado, he cambiado el nombre de mi blog a ver cómo queda: http://zeitaufwand.blogspot.com. Me gusta cómo suena, sobre todo la Zeta del tiempo (Zeit significa tiempo). La última letra del alfabeto tiene aquí significado propio, cuando en el tiempo yo me encuentro casi al principio y considero necesario llegar a la Zeta, que si bien no significa el olvido sí viene a decirme que todo tiene un final.
El cambio en el nombre del blog equivale a cambiar la configuración, es decir, que cambiaré el negro de fondo. En la facultad, cuando estudiábamos diseño gráfico, nos enseñaron cuáles eran las mejores combinaciones para leer sin cansar la vista. No es necesario decir que lo mejor es letra negra sobre fondo blanco, pero también es demasiado monótono. Quizás mañana.

Quiero saborear nuevamente la libertad, sin mirar atrás. Quiero sentirme libre, aunque sé que necesito mucho tiempo. No creo que llegue a olvidar, ni siquiera creo que deje de quererle...

La tentación existe

Me siento tentada a ir a N., pero no lo voy a hacer. La tentación de verle, de hablar con él, de mirarle a los ojos, de escuchar su voz, de rozar los dedos de sus manos... tiene una fuerza impresionante. Ir esta noche con ellos de fiesta es una idea tentadora.
Pero ya tomé la decisión ayer. Verle... SD es demasiado pequeño para que no nos crucemos algún día. Yo ya no voy a buscarle. Me siento un poco triste, pero ya no hay resquicios de un posible enfado. ¿Cómo podría...? Sigo encontrándome dolida, pero sólo cuando pienso en ello.
Así que he optado por irme a trabajar un rato esta tarde, concentrarme en un asunto que no me hará pensar en otras cosas y no permitirme llorar. Si me quedara esta tarde, estaría dándole vueltas a la cabeza y eso es justamente lo que no quiero que ocurra.

Valentino Rossi. El dios de la velocidad


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El día de mi cumpleaños me regalaron un libro de Valentino Rossi. Creo que me queda poco de leer sobre él. Aunque las mejores ‘lecturas’ vienen cuando ves, cada quince días, al 'Rey de las Motos' correr en la categoría reina del Mundial de Motociclismo. Para mí (y supongo que para muchos), Valentino Rossi es el mejor piloto de motos de toda la historia de Motociclismo.
Así que obviamente, un libro sobre Valentino Rossi me mantendría subyugada durante unos días. La verdad es que no es como la Autobiografía, que te explicaban cómo son las carreras de Valentino Rossi desde un nivel algo más técnico, cómo contratacaba a Max Biaggi o a Sete Gibernau.
Yo, al principio, veía las carreras sin mucho interés. Pero me enganché en una, una de los mejores espectáculos de la historia de la Moto GP: el duelo de Casey Stoner y Valentino Rossi en Laguna Seca (USA) en julio de 2008. El enfrentamiento fue atroz; terminó imponiéndose el italiano en uno de los circuitos más complejos de todo el Mundial (no en vano tiene una curva peligrosísima llamada “sacacorchos”).
Este libro básicamente está formado por imágenes. Hay muy poco texto. Ante los ojos se nos despliega un abanico de la vida de un campeón, o como se le llama en el libro “el dios de la velocidad”. El alma de un ganador…

Probablemente, Valentino Rossi sea el piloto de motociclismo más rápido y también el más famoso que ha pisado la faz de la Tierra. Cuenta en su haber con un sinfín de títulos mundiales y ha cautivado a millones de aficionados con su mágica habilidad para sacarle el máximo partido a un motor y un par de ruedas.
Es un loco del motor convertido en estrella del pop, está totalmente enganchado a la velocidad y resulta irresistible para aficionados de toda clase y condición: moteros y no tan moteros, chicos y chicas, jóvenes y mayores. Se gana la vida en un mundo violento y peligroso: arriesga al límite semana sí, semana no, con el aspecto de alguien que simplemente está pasando un buen rato.
El deporte del motor del siglo XXI es prácticamente una ciencia, un esclavo de las leyes dominantes de la física, un duelo digital entre ceros y unos. Pero Valentino corre con el aire arrogante de la vieja escuela. Su extraordinaria habilidad natural le permite hacer cosas con una moto a 340 km/h que, para cualquier otro ser humano, supondrían un auténtico suicidio. Poder verlo en la plenitud de sus facultades es algo especial: él y su motocicleta forman una unidad, músculo y metal se funden en un todo sin fisuras, una unión excepcional entre hombre y máquina.
Tenemos la suerte de estar presenciando un momento extraordinario en la historia del motociclismo. Carlo Pernat, el hombre que hizo posible el gran debut de Rossi diez años atrás, dijo lo siguiente: “Pilotos como Valentino nacen uno cada veinte años. Para mí es comparable a figuras como Pelé, McEnroe, Muhammad Ali o Maradona, gente que destaca por encima de sus disciplinas deportivas”. Pernat no anda desencaminado; la sombra de Valentino se proyecta a través de todo el motociclismo hasta el punto de que él es casi más grande que el deporte en sí.
Lejos de las motos también es fantástico. Tiene una alegría por vivir sobresaliente y su actitud de rockero le distingue de todas las estrellas lameculos del panorama deportivo actual. Valentino es una de esas pocas personas que exprimen al máximo cada día de su vida y que siempre dan lo mejor de sí mismas”.

En este libro falta algo: uno de los saltos más arriesgados de Valentino Rossi. Sí que habla de la época que Rossi estuvo en Honda y de la que empezó con Yamaha, incluso describe las motos y lo secunda con imágenes magníficas. En 2004 Il Dottore firmó contrato con el Fiat Yamaha Team. En aquel momento muchos le tacharon de 'loco' porque pasaba de la moto que técnicamente era mejor en el asfalto, la Honda RC211V, con una tecnología superior a las máquinas rivales, a una moto que se consideraba perdedora, la Yamaha YZR-M1 (ahora no lleva esta moto, ya que la cilindrada de 990 cc al inicio de la Moto GP se rebajó, por cuestiones de seguridad, a 800 cc). Ni siquiera se explica la razón de ese cambio: el equipo de Honda siempre ha considerado que la moto es más importante que el piloto. Con el cambio de escudería, Valentino Rossi se impuso con una moto técnicamente peor, demostrando así que, en motociclismo, el hombre es más importante que la máquina. Ése es uno de los motivos que llevó a Rossi a firmar con Yamaha, pero al marcharse se llevó a todo su equipo, incluido Jeremy Burgess, el director técnico que siempre ha estado a su lado, igual que su amigo de la infancia, Uccio, que va allá donde Rossi vaya y le acompaña a todas las carreras.

En mi nube

Por mucho que lo intente, no puedo enfadarme, no con él. En algunos momentos siento rabia, pero el hecho de quererle tanto me termina ablandando el corazón y pensar en su mirada llena de franqueza me enternece, me desarma. Sin embargo, considero que la mejor decisión es no quedar con él. Si alguna vez el azar nos lleva a encontrarnos ocurrirá sin más, sin ir a buscarle, nuestros pasos se encontrarán en la calle...
Sé que no estoy enfadada porque, de estarlo, no hubiera escrito. En folios verdes, como la vida misma, como la primavera.
Sigo en mi nube, añorándole, a veces sonriendo ridículamente al recordar su dulzura, a veces llorando nítidamente de impotencia, creyéndome morir, amándole si cabe más.
Hacía días que no sentía esa fuerza, pero hoy al marcharme, al ver su coche, he imaginado cómo sería ir a su encuentro. Sé que no lo voy a hacer, ya no, o al menos ahora no, pero puedo imaginarlo. Yo sé que cuando le vea no le reprocharé nada, observaré esa mirada cargada de bondad y me volveré a sentir desarmada, y le hablaré de todo menos de aquello que me hace daño.
Lo que no puedo -ya lo dije el otro día- era enfadarme con él. Podría enfadarme con todo el mundo, menos con él. No me sale de dentro, al contrario. Intento sentirme enfadada, pero me enfado conmigo por querer estar enfadada. Y al final todo se difumina y mi mente vuelve a dibujar esa imagen angelical, perfecta. Y aparece lo que quiere ser una sonrisa. Hoy casi he conseguido sonreír. Y ha sido pensando en él.

viernes, abril 16, 2010

Destiny

Nada se detuvo,
todo siguió su ritmo,
su camino,
el destino cumplió su parte...
y el amor completó la suya...

La decisión tomada

Mañana podría hacer muchas cosas, pero desde luego no va a ser irme de fiesta a N. Acabo de tomar la decisión y acabo de enviar el correspondiente mensaje por el que ya no puedo echarme atrás. No es tanto que esté enfadada, sino la decisión de no desear verle, de no desear hablar con él, de no desear escucharle, de no querer saber nada de una persona que me ha hecho daño no una vez, sino varias.
Un día -hoy- digo "basta" porque no quiero sufrir más por nadie. El enfado está eclipsando al dolor, pero pasarán meses hasta que el dolor se atenúe. Un día dejaré de estar enfadada, pero el dolor seguirá ahí, sin yo poder hacer nada para remediarlo.

Añoranza

Es un buen momento para irme a casa. Hoy es una de estas tardes en que tienes que explicar tus conocimientos a una persona en prácticas y te sientes orgullosa cuando la segunda vez ella puede hacerlo sola. Es genial, porque era la primera vez que ella veía esa parte del programa. He intentado ir muy despacio, dándole tiempo a tomar notas, explicándole que, con el tiempo, salen las cosas sin pensarlo, y que yo aprendí más probando botones y equivocándome muchas veces y que nunca apuntaba nada. Pero yo disfruto tocándolo todo y, cuando no sabía y/o podía hacer algo, tenía que buscarme la vida. Con E. es diferente. Esta tarde me he propuesto enseñarle algo y me he asegurado de que lo aprendiera. No me importaba repetírselo varias veces en ciertos momentos. Y, cuando en la segunda prueba, le he dejado a ella en el ordenador ha sabido seguir mis pasos a la perfección. En esos momentos he sentido un ramalazo de orgullo, por las dos: yo, por haber sabido explicarlo y que lo entendiera; ella, porque ha sabido realizar lo mismo que yo sin equivocarse.
Eso me lleva a las acampadas con los niños. Cuando les hacía sentarse en círculo y les contaba historias o me inventaba juegos o les preparaba gymkanas. Ellos, hasta el más travieso, me escuchaban, les mantenía expectantes ante aquellas adivinanzas que duraban horas: "Entras en una sala en penumbra. Marco Antonio y Cleopatra yacen muertos en el suelo. A su lado hay cristales y agua. ¿Qué ha ocurrido?". Recuerdo sus rostros mirándome, discurriendo, escuchando.
Mis padres siempre me han dicho que mi vocación frustrada era la enseñanza. Yo creo que era la arquitectura. Pero es cierto que los niños se me han dado bien siempre. Lo de esta tarde era otra cosa: me veo explicando mis conocimientos y disfrutando con ello. Y, cuando haces algo y lo disfrutas, es contagioso.
En esos momentos me he olvidado de todo lo demás. Y, cuando nos hemos querido dar cuenta, eran casi las seis.
Siento que mi corazón no es libre. ¿Por qué no puedo sacármelo de dentro? Hoy he vuelto a hablar con alguien muy cercano a él. A la hora de elegir, R. me ha dicho: "¿Se puede saber por qué le sacas tanto la cara?". Me he encogido de hombros, pero por dentro pensaba: "Tiene un aire a la otra persona, me cae bien, y lo de sacarle la cara es algo inconsciente". Después le he llamado. Me costaba al principio, ya no me cuesta nada, y menos si es para dar una buena noticia.
Es sorprendente cómo tengo tratos con un sinfín de gente de su entorno, cómo me encuentro con sus compañeros, con gente de su círculo, con sus amigos... pero él es como si se hubiera convertido en alguien invisible, como si se hubiera esfumado, como si se lo hubiera tragado la tierra. Cada noche les pregunto a las estrellas qué hará, dónde estará, con quién estará... pero nunca obtengo respuestas. Vuelve a aparecer esa desazón que había desaparecido momentáneamente, pero hoy he descubierto el truco para no sentirme tan infeliz: mantener mi cabeza ocupada en cualquier cosa que me haga disfrutar.

Horas negras

Por variadas circunstancias, mi viernes no va a terminar a las cuatro, sino a las siete. Además, le cambio el coche a mi padre ahora.
Sigo pensando en el mismo asunto de los últimos días. No tengo ni fuerzas para llorar. Hoy, al salir del supermercado, he sentido un latigazo de dolor al ver su coche. Luego se me ha olvidado momentáneamente. Ahora sólo tengo ganas de que lleguen las siete de la tarde para desconectar y para decidir cómo será el fin de semana. Y esta noche toca póker. El viernes pasado perdí, así que éste me toca ganar, aunque sólo sea por el dicho ese de "afortunado en el juego, desafortunado en amores".

El alma errante

Lo que el lunes veía como una propuesta magnífica de fin de semana, a medida que éste se acerca tengo menos ganas de ir con quien deseaba tanto ir. Es como si la idea de estar cuatro o cinco horas con él fuera una experiencia terrible por la que no quiero pasar. De todas formas, es fácil deducir lo que haría él si me mantengo en la decisión de principios de semana.
Tampoco tengo ganas de salir, ni de fiesta. Lo que me apetece de verdad es descansar, pero no físicamente, sino permitir a mi cabeza descansar. Me resulta muy complicado dejar la mente en blanco cuando una imagen viene y va una y otra vez.
Me gustaría abrir los ojos una mañana y permitirme sonreír pensando en que todo ha sido un mal sueño, que esa persona jamás existió más que en mi imaginación, pero yo sé que está ahí porque he percibido sensaciones únicas cuando él estaba cerca, porque le he tocado, le he mirado, le he escuchado... y no puedo negar algo tan real. Al pensar en él anoche, intentando soñar, comprendía que no era tan fácil cerrar los ojos y no pensar en nada; la imagen de ese ángel plateado revoloteaba junto a mí y me resultaba muy difícil apartarlo de mí. Y luego pensaba en lo poco que cuesta escribir un mensaje. La frontera entre un estado álgido de felicidad y el peor tormento acarreado por una tristeza infinita es ese único mensaje. Con una palabra hubiera bastado y, sin embargo, nunca llegó a escribirlo. ¿Por qué...? Creo que nunca tendré la respuesta.
¿Mañana? El esfuerzo me resulta extremo. Por eso no quiero ir con ellos. Es posible que mirara la dulzura de esos ojos y me echara a llorar. Y no quiero que él me vea en este estado en que mi alma vagabundea de un modo lamentable. No puedo permitir que él descubra que lo que podía haber hecho y no hizo me ha afectado tanto.

Oscura es la noche

Llevo un rato intentando dormir, pero me resulta imposible. Los fantasmas de la noche vuelven a mí. Y me he derrumbado. Todo lo que llevo intentando tapar durante el día, aparece en su máxima expresión en medio de la oscuridad: llevo media hora llorando en silencio. Creo que estoy algo decepcionada. Pero ¿por qué estoy así? Sólo hay una respuesta: porque esa persona me importa. Si no me importara, no habría lágrimas, ni desazón, ni siquiera le hubiera llegado a querer tanto...
Espero no levantarme mañana con las señales oscuras de la noche en mi rostro ni en mis ojos.
Yo sé que sólo hay una pócima mágica para poder dormir esta noche, y está en mi mente: sólo tendría que pensar en él como en los últimos meses. Entonces sí que conseguiría dormir. Pero me niego.

Como un témpano de hielo que surca la noche en busca de calor

Tengo tanto frío que sólo deseo taparme hasta la nariz y no pensar en nada. Lo primero puedo hacerlo, lo segundo me transportará hacia una pesadumbre incierta.

Anoche soñé con él. Eso también duele, porque los sueños en los que aparece son mágicos. Por eso quizás esta mañana tenía ganas de llorar, porque aparto su imagen por la mañana, pero sigue ahí, tan cerca y tan lejos.

¿Este frío que ha empañado la noche es porque han bajado las temperaturas o proviene de la gelidez glacial que está helando mi corazón?

jueves, abril 15, 2010

Los colores del mundo empalidecen

Por más que intente relajarme, por más que intente leer tumbada en la cama, siento en todos mis sentidos unos latidos más intensos e intermitentes que de costumbre. Este dolor me está recordando a cada minuto que estoy viva, que estoy experimentando algo que está fuera de mi control, porque si pudiera controlarlo no estaría así.

¿Qué fuerza es la que tiene él, para hacer que ame y llore a partes iguales, para que yo no pueda definir un límite, una frontera, para que mi corazón se niegue a dar la espalda a lo que está sintiendo, pese a que le sumerja en la negrura más infinita del Universo? ¿Qué fuerza es ésta que me vapulea como si fuera una muñeca de trapo, que no puede evitar los golpes pese a la magnitud de este dolor que me lleva al desamor...?

Sabor a naranja

Hoy estoy escribiendo en color naranja. He sopesado si debía continuar escribiendo, y he optado por el sí, porque realmente sacarlo hace que me pese un poco menos la carga de un dolor infinito. Naranja porque es el color del fuego, el fuego que me está quemando por dentro, el fuego que, tarde o temprano, termina convirtiendo todo en cenizas. Naranja como el sol que aparece en el horizonte cada mañana cuando voy a la oficina y me hace pensar en él. Naranja como la llama que alentaba un amor incomprensible.
Aunque esta mañana tenía ganas de llorar, ahora siento que no me quedan más lágrimas que verter, pero oigo el llanto de mi corazón, abierto por una herida cubierta por los últimos estertores de algo que puede matar.
Hoy escribo en color naranja porque es un color lleno de vida, pero ni aun con ello ha conseguido que me sienta más viva que hace unas horas, al contrario, sigo sintiendo que algo está muriendo dentro de mí.

Aún existe la magia

Pero la magia aún no ha desaparecido. Su magia sigue ahí, porque si se hubiera esfumado, no estaría escribiendo las crudas palabras que me llevan al dolor.
¿Cómo se puede amar tanto a aquel que ahora ya sólo te lleva al dolor? La crueldad del silencio difuminado en sombras opacas bajo las farolas, el delirio del desconocimiento de todo en torno a su persona, las rosas envenenadas que rasgan mis manos al asirme a ellas, la poesía de un ángel misterioso que se va difuminando entre las brumas del tiempo, los sinsabores de algo que jamás ocurrió, los sueños que se desparraman como torrentes que se cuelan ágiles entre los dedos de mis manos, la amargura del llanto de un corazón que no quiere amar nunca más, pero en estos momentos ama.
La magia sigue rodeando a todo mi ser. ¿Cómo hacer que el dolor sea menos dolor? ¿Cómo volveré a sonreír en un mundo que ha perdido el color? ¿Cómo miraré esos ojos con franqueza, si no quiero que descubran el alcance que tiene esta tristeza que me mata lentamente? ¿Dónde han quedado aquellos sueños en los que llegué a creer? ¿En qué negro agujero de este mundo se han escondido las alegrías y las sonrisas? ¿Por qué siento que se me desgarra el alma con sólo imaginarle...?

Los despojos del alma

Era una mirada dulce, inocente, directa. Esa mirada es uno de los hilos más fuertes que me une a él.
Miro a mi alrededor y no quedan más que despojos del eco producido por todos aquellos momentos en que soñaba que era feliz. Era una felicidad refleja. Él nunca estaba, él nunca estuvo. Sólo había una imagen hábilmente guardada en la memoria. Hoy quiero gritar porque el silencio retumba en mis oídos como un volcán que ha entrado en erupción.
Me encuentro hundiéndome en un mar de profundidad inabarcable, pero al recordar el mar también pienso en la profundidad de esa mirada a la que nada se puede ocultar.
El agua negra está habitada por monstruos de fuerzas inimaginables y colmillos cortantes que se encargan de despedazar mi alma para convertirla en cenizas de lo que fue, polvo de lo que es. Camino por arenas movedizas, a la espera paciente del instante en que las olas de esa arena me acojan en sus brazos.
Pero seguiré amando al amor por encima de todas las cosas, amándole a él como jamás hubiera creído que podía llegarse a amar, cobijando el dolor en mi interior, pues no existe amor que no conlleve dolor.
Volaré a lugares inhóspitos donde soñar con todo aquello que deseo, con todo aquello que necesito, con todo aquello que me da vida.
¿Dónde han quedado esas esperanzas prácticamente inexistentes en un alma eternamente rota? ¿Cómo reanimar a un corazón ahogado en lágrimas?
Lágrimas saladas, amargas, insufribles.

Volviendo a casa

¡Qué grave tiene que estar todo para que me encuentre en casa un poco antes de las ocho! Hacía siglos que no llegaba a casa cuando todavía no se ha ido la luz. Notaba un frío glacial en la oficina, y no es porque hiciera frío. Llevo varios meses luchando en soledad cada tarde, pero nunca esa soledad me había pesado tanto. Así que me he ido. Si he de llorar, prefiero hacerlo en casa. La tarde acompaña, porque a medida que me acercaba las gotas de lluvia eran más persistentes. De repente ha reaparecido la melancolía que viene, a veces, con la lluvia, la tristeza de un día gris.
En cierto momento, he mirado por el espejo retrovisor y he recordado que hoy me han cortado el pelo, cuatro dedos y el flequillo. Se nota. Da un aire más juvenil, pero esos ojos que miraban por el espejo retrovisor son unos ojos envejecidos: por las lágrimas, por el tiempo, por el silencio, por la distancia, por el dolor...

Ilusiones despedazadas al compás de unos acordes incomprensibles de un tiempo que nunca existió

Ojalá pudiera mantenerme en silencio, pero algo dentro de mí no me permite hacerlo. No puedo. No consigo acallar mis lágrimas por mucho que lo intento.
Lloro.
Lloro porque cuando lo hago siento que él está más cerca. Siento su presencia, siento cómo algo de él se desliza por mi rostro, siento cómo llena mis ojos de falsas esperanzas que terminan ahogándose en mi alma.
Es algo que no controlo. No puedo controlar todo aquello que siento. Y no quiero admitirlo, porque duele. Me duele pensar que le amo, me duele pensar que no puedo decírselo.

Cada vez que mi corazón se expresa lo hace por el negro de sus ojos, el brillo que hay en ellos. Por la alegría que me contagia su sonrisa, por la sonoridad de su voz. El anhelo del roce de sus manos. El deseo de querer cobijarme entre sus brazos, de hundirme entre sus piernas, de ahogarme en sus labios…
Cada acorde que suena me atraviesa por dentro con su negro cantar. La nota de aquella canción. Las palabras que nunca se escucharon. Las frases que vuelan con el tiempo.
Siento que tiemblo cuando me mira, incluso cuando no lo hace, cuando no está, cuando siento que está tan lejos. Y a la vez tan cerca.
Al releer todo lo que he escrito en los últimos meses, comprendo que sin él muchas de esas historias jamás hubieran existido, nunca se hubieran plasmado. Sin él no habría tinta con significado, no habría fragmentos cargados de sentimientos, no existirían los sueños…

Sueños… Soñar cada noche con él, incluso cuando estoy despierta, a medida que pasan las horas. Abrir los ojos cada mañana soñando con él. Escribirlo. Leerlo de nuevo. Y llorar. Permitir que pasen las horas pasivamente, dejándome morir en cada minuto para volver a nacer en el siguiente. Descubrir la tristeza del vacío, la melancolía de los sueños rotos, la decrepitud de las ilusiones perdidas. Volver a posar la cabeza en la almohada, para contarle secretos y arrebujarme entre las sábanas, sabiendo que algo en mí muere cada día y que mañana volverá a estar cargado de la melancolía que llega con su ausencia. Saber que todo lo que antes me hacía vivir hoy me está matando por dentro. Ignorar sus recuerdos, evitar a toda costa todo aquello que me hace daño. Intentar leer palabras incomprensibles, buscar fragmentos de amor en cada página, saborear las lágrimas saladas que resbalan por mi rostro, sin saber muy bien qué hacer, qué decir, intentando expulsarlo todo sin éxito. Todo sigue ahí, y lo que mata es aquello que se ha asentado ahí dentro y que no puedo sacar. Dormir con la mente en blanco, sabiéndome infeliz. Intentando dar la espalda a unos sueños que terminarán por traicionarme, porque su imagen traslúcida sigue ahí.

Llorar cada vez, de nuevo, como si fuera la primera vez, agarrada a ese resquicio de aire que me termina hundiendo cada vez un poco más, ese resquicio de aire que me asfixia cada vez al respirar. Porque no hay oxígeno suficiente que me haga revivir si no me lo da él.
Intento ocultar mis fantasías con escudos blindados para que no salgan a la luz. Intento esconder mis sentimientos, mis palabras, mis lágrimas. Intento enmascarar mis ojos, que ahora miran sin pasión, que ahora observan un poco más muertos que vivos, que ven sin ver. Derramo besos invisibles contra las paredes y pliego mis párpados, intentando ocultar las lágrimas que pugnan por salir. Camino por un terreno cubierto de esperanzas pisoteadas.
Lo único que consigo es torturarme una vez más.
Esto sólo tiene una definición. Se le llama amor.

Quedan tantas cosas que decir, tantas palabras que no pueden salir…

No sensations

Caminaba por la calle mirando para abajo. No quiero ver, no quiero escuchar, no quiero sonreír, no quiero hablar..., no quiero sentir. Me encuentro muy lejos del entorno que me rodea, aunque esté aquí. En parte es como si la capa exterior se estuviera volcando hacia dentro, como queriendo proteger el interior. De ahí que no tenga capacidad para VER lo que me rodea.
Sí que hay instantes en que salgo de ese mundo interno; los podría contar con los dedos de una mano, por ejemplo, cuando paso por cierto lugar y me obligo a mirar hacia abajo. No quiero que nada me afecte y, sin embargo, me está afectando.

Es un sentimiento totalmente desgarrador y, aunque intente evitarlo, está ahí.

Que todo pase pronto

Es curioso verme cerrar los ojos muy fuerte y desear que pase un año rápidamente, porque sólo el tiempo cura las heridas. Esto me recuerda a la película de "Click", a cómo iba pasando el tiempo con un solo click, para llegar a anciano y arrepentirse por no haber vivido. Pero él tenía una segunda oportunidad. Y eso era una película. La vida real es mucho más cruda.
En estos momentos, pese al dolor, siento la intensidad de esta vivencia. Sales a la calle y, como colofón, te encuentras con su coche, como un recordatorio doloroso de que él no está tan lejos.
De repente he saltado a otro pensamiento: busco justificarle ante lo de ayer, pero no encuentro excusas. El único motivo que pudo haber tenido es que se le olvidara, y ese es un motivo bastante flojo. Sin embargo, yo sé que hay otro motivo que duele mucho más y que sí que es de suficiente peso: que en realidad no quisiera. Y eso me lleva a deducir que no vemos las cosas de la misma manera, porque posiblemente lo que para mí significa un todo lleno de color y felicidad, para él no significaba nada. Que él en ningún momento dijo nada ni alentó a nada, pero... al verme a mí, ¿no hubiera sido más sencillo decirlo claramente? Desde mi punto de vista, es más fácil decir las cosas, porque entonces sí hubiera sido posible una reparación. Si me lo hubiera dicho yo hubiera seguido hablando con él, evitando que naciera algo más. Pero ahora, el dolor es una cruz terrible de llevar. No sé si estoy más dolida que cabreada; creo que más dolida. Pero también estoy cabreada, porque si no lo estuviera le hubiera dicho algo. ¿Merece la pena seguir diciéndole algo, cuando tus palabras rebotan en un muro de hierro? ¿Cómo decía ayer: cuando te enfrentas a un corazón de piedra? Realmente no pienso que tenga un corazón de piedra, pero siempre quedará un 'pero'.
Dolor... imposible describirlo. Y, pese a todo, me lleva a escribir más a menudo de lo que quisiera, me mantiene más cerca de la oscuridad y de la tristeza.

Un recuerdo de hace mucho tiempo

Todo me lleva a él. Intento no pensar, pero... caminaba junto a su oficina y, aunque me obligaba a mirar al suelo, he echado un vistazo hacia arriba. A la vuelta he visto a JC, que iba en coche, que también me lo ha traído a la memoria. Me ha salido un amago de sonrisa. En definitiva, no quiero que nadie descubra lo que siento, ni lo que pienso, ni que me vean llorar.
Ahora, cuando baje al café, me descubro pensando en que el nombre de este blog tampoco tiene sentido: lo cambié a propósito de los cafés de entonces.

Hoy me he encontrado corriendo por las mañanas por Gran Vía de Salamanca, llegando muy justa a cualquier sitio que fuera. Vuelvo a tener esas sensaciones de libertad, vuelvo a escuchar los ruidos de una calle ajetreada, veo las escaleras, los bares cerrados a las diez de la mañana... ¿Cuántas veces he corrido por aquella calle en las dos direcciones? ¿Por qué de repente recuerdo uno de tantos días? ¿Quizás porque mi mente vuelve atrás para obligarse a olvidar lo más inmediato? No sé por qué de repente me acuerdo de ese momento en concreto.

Sigo con esa desazón que me induce a llorar. Intento apartar todo de mi mente, pero es tan difícil.

Entre nubes

Esta mañana me he levantado antes de lo habitual. Tenía algo que hacer y lo que ayer parecía un mundo hoy me ha llevado unos pocos minutos.
Estaba en el desayuno como alma en pena. D. se ha sorprendido al verme aparecer tan pronto, y al preguntarme qué tal el día (por ayer) y responderme con un "mal", se ha callado. No creo que hiciera falta preguntar nada, con sólo verme la cara se nota que me pasa algo. Pero él no es la persona más adecuada con quien comentar algo, además sé que se me caerían las lágrimas. Y no quiero.
Me desahogué con alguien anoche, con una persona que ha estado fuera de órbita durante las últimas semanas, la única persona con la que puedo compartir lo que siento, sin más.
Tengo ganas de llorar, pero de momento es controlable.

Duele el dolor

Unas noches atrás, hubiera dicho que es un buen momento para ir a dormir. Ahora, me resulta indiferente si es un buen o mal momento. Posiblemente sea malo porque, en cuanto vaya a reunirme con Morfeo, antes de cerrar los ojos, volveré a sentirme la persona más desdichada del mundo. Sé que daré muchas vueltas antes de dormir y mañana amanecerán mis ojos hinchados, cargado de dolor mi corazón y mis labios sedientos de besos.
Inabarcable. Me siento incapaz de describir lo que siento, so pena de echarme a llorar otra vez.

Mañana volverá a salir el sol para todos los mortales. Para mí no habrá sol, ni estrellas, ni luna. No quiero convertirme en un alma errante.

Debería dormir, pero temo irme porque, en cuanto cierre los ojos, será peor.

Vacío

Si pudiera volver un año atrás, sabiendo lo que iba a vivir y a experimentar en los últimos meses, habría ciertas cosas que no haría. Al menos sé que no hubiera caminado siguiendo una trayectoria que me llevó a conocer a una persona que, si bien me ha brindado momentos únicos, mágicos, extraordinarios casi sin hacer nada, también me produce dolor.
Mi corazón en estos momentos se desangra por una herida muy profunda. No quisiera creer que ese otro corazón es de piedra, pero a veces tengo esa sensación. No quisiera creer que su corazón es de piedra porque, al fin y al cabo, él desconoce cómo me estoy sintiendo en estos momentos. Tampoco se lo voy a decir.
Cuando aún no le conocía, aún era capaz de sonreír. Ahora no sé, ni siquiera deseo pararme a pensarlo.
Siento... el vacío desgarrador e inquietante. Ya no hay color, ya no hay luz, ya no hay ilusiones, ya no hay esperanzas, ya no hay alegrías. En mi corazón sólo hay sitio para el dolor.

Suena crudo, pero... nadie merece tanto la pena como para llorar por él. Es curioso, pero en el día que termina no me da la sensación de haber envejecido un año, sino que parece que hubieran pasado cien.

miércoles, abril 14, 2010

Inconsolable

No me sentía tan triste hace una hora, cuando llegaba a casa. De repente y, como viniendo de la nada, he empezado a llorar sin razón aparente (aunque bien sé yo que hay una razón de peso para sentirme así de inconsolable).
Tendré que pasar por ello. Me pregunto cuánto durará, cuántas noches en vela, cuánta tristeza puede llegar a albergar un corazón teñido de oscuridad repentinamente.

Lo que no puede ser...

Cada vez que suena mi móvil, tengo una ilusión. Por eso cierro los ojos antes de enfrentarme al nombre que va a aparecer en la pantalla. Cada vez que suena el móvil, cada llamada significa una esperanza rota. Nunca es el nombre que yo quiero ver reflejado.
¿Qué tipo de crueldad es ésta que me está matando lentamente? Me he esmerado escribiendo hoy, en folios de color amarillo y, a medida que escribía, sentía que las desgarradoras lágrimas del alma resbalaban por mis mejillas. Paraba cada vez que me sonaba el móvil, deseando cada vez más tumbarme en la cama y cerrar los ojos, no pensar en nada. Y, sin embargo, aún me quedan por cubrir seis kilómetros, sacar una sonrisa que dedicar a mis padres y huir de lo que me está mermando las ilusiones.
Mañana será duro abrir los ojos.
Llevo un rato preguntándome qué voy a hacer el sábado. En estos momentos siento rabia. Dejaré para el sábado lo que es del sábado. Hacía mucho tiempo que no me sentía así.

La aventura del desamor

Peor que la aventura del desamor es la tristeza de los que se han amado, de los que han perdido la alegría de un abrazo, un beso de pasión, la ternura de una palabra...
Solitario es aquél que una vez amó y se quedó sin amor.
Vagas palabras son las que llegan a describir el abandono o la tristeza que envía el ser humano.
Lo peor del mundo es haber amado, porque nunca se llega a comprender lo que teníamos hasta que se perdió.

Entonces me he acordado de él

Creo que me voy a ir a casa, quiero correr un sutil velo por este día. En parte, porque me he ganado una bronca que no me merecía y el día ha terminado por enmudecer. Me da rabia comerme marrones que no me pertenecen. Pero al final esto es un negocio. Si no lo soluciono yo, no lo va a hacer nadie. Aunque intentes atar todos los cabos, no se puede controlar todo y algunas cosas se te terminan escapando. Un error ajeno me termina incumbiendo también a mí, y seré yo quien tenga que solventarlo. Lo haría ahora si pudiera.
Me he derrumbado, y al derrumbarme me he chocado de frente con algo que también me hace enmudecer. Sin noticias de quien quisiera. Ni creo que las dé. Es duro y, sin embargo, eso ya no está en mis manos. Yo no puedo hacer nada. A veces me pregunto si merece la pena seguir con esta historia. No me esperaba nada, pero es doloroso.

Un parecido espectacular

Cuando he abierto la puerta, me he quedado anonadada. Esa misma persona es a la que un día silbé desde la ventana, a quien a veces equivoco con otra persona. Le silbé porque pensaba que era la otra persona, porque de lejos podrían pasar por dobles. Sólo que la otra persona no tiene acento argentino y su voz es mucho más sensual. Pero el parecido es impresionante. De cerca ya no. Éste desviaba la vista con nerviosismo.

Tarde de nubes

Necesito un café, así que sería un buen momento para coger el coche y marcharme a la cafetería hasta las cuatro. También podría tomármelo en casa, pero...
JC me ha enviado un sms a mediodía, que no he oído hasta que no me ha sonado el teléfono un rato después.

A ver si tengo la tarde tranquila y que pase rápida... Aunque yo sé que eso será imposible a partir de las ocho.

Lo que yo quiero...

Preparada para ir a casa

Es buen momento para ir a casa. Y me voy con prisas, porque he de recoger algo antes de irme. Sigo pensando que hoy debería haber salido el sol. Aunque estoy contenta, de todas formas.
Además tengo en mente a una persona. Esa persona que me hace sonreír, pese a todo y ante todo.

No podían faltar...

No podían faltar pasteles, aunque a mí me empalaguen y me muestre reacia a comerlos. En la cafetería, me he encontrado con una de mi pueblo, que me ha felicitado por segunda vez, porque la primera ha sido por facebook. Han entrado dos jóvenes que me han traído a la mente a otra persona. Mi mente ha volado lejos. Hace un año no eran dos sino cuatro.
A las 13.30h. he de volver a la pastelería. También a casa, donde hoy sí que apareceré a comer, llevaré otra bandeja, aunque en mi casa es más por el detalle que por otra cosa.

Me da la sensación de que las horas pasan un poco más lentas.

Entre páginas ajenas

R. me ha encontrado hojeando un libro de Valentino Rossi. En vez de darme su regalo a primera hora debería haber esperado, porque es obvio que si me dan un libro sobre la vida de Rossi me iba a perder en sus páginas. Me pregunto cuánto tardaré en leérmelo...

Voy a ver si me centro en el trabajo (siempre que no suene el teléfono, que no ha parado desde primera hora, pero ojalá fuera el de la oficina...).

Un día de mucho ajetreo

Se prevé un día ajetreado.
He madrugado un poco más que los últimos días, sólo para coincidir con dos personas con las que hace mucho que no desayuno. Estaban mirando el periódico cuando he llegado.
Mis padres han sido los primeros en recordarme que cumplo ...tantos años. Después ha venido mi hermano R. y nos hemos ido todas a desayunar de nuevo.

Al menos podía haber salido el sol.

Casi en sueños

Anoche a estas horas dormía. Estoy pensando que es un buen momento para ir a caminar al mundo de los sueños. Y es un buen momento porque estaba pensando en la dulzura de cierta persona a la que hace siglos que no veo. A quien me gustaría abrazar, mirar a los ojos, recorrer con mis dedos su piel...

Hoy se materializa como un ángel plateado... sonriendo, siempre sonriente.

Un día más en el calendario

Intento darme ánimos para pasar de puntillas en este día que comienza justamente ahora, pero no es una de esas jornadas dedicadas a la contemplación. Mi madre me ha dicho que nací a las 6.45h. de la mañana, así que aún no se ha cerrado el círculo.
Me da pereza cumplir años, me parece muy duro, porque te recuerda el paso del tiempo, te conciencia de tu paso por la vida, te recuerda que envejeces lentamente. Y este año tengo dos canas más de las que carecía el pasado.
Mañana es el día de la República. Me lo han recordado siempre: "Tú serás republicana". Aparte de que no soporto las etiquetas, lo que pienso, políticamente hablando, va más de la línea de Don Juan Carlos.
Esta noche sé cómo me gustaría pasar el día, sé con quién me gustaría compartir algunas horas; y también sé cómo lo voy a pasar realmente y con quién estaré a ciertas horas. Supongo que no siempre podemos tener lo que queremos.
Seguirá siendo un día más en el calendario, un día que quieres que pase de largo, aunque por la noche esa cifra nueva pese un poco más en la espalda.

Lo que no me hace gracia es salir en el periódico. En la edición digital ya me he encontrado y si salgo ahí en la edición impresa también. Ni pizca de gracia.

martes, abril 13, 2010

En dirección a las estrellas

Hoy se me ha hecho tarde. Tenía que terminar algo antes de irme. A las diez me ha sonado el teléfono, pero ni aun con esas he dejado lo que estaba haciendo. Pero ya es momento de marchar. Miraré a las estrellas y me acordaré de...

Es el día que más tarde me voy a casa.

Detener el tiempo

Si pudiera pedir un deseo en estos momentos, me gustaría detener el tiempo, congelar mi edad actual, pero que se congelara ese tiempo mirando a los ojos de ese ángel con alas de miel, y que se congelara su edad también. Ya son muchos deseos.
Congelar el momento para que no pasara el tiempo. Con la edad cuyo último día es hoy, he vivido momentos inolvidables. Con esta edad he conocido a una persona única, con unos atributos impresionantes, con una personalidad impactante, con capacidad para hipnotizar con una sola mirada... Todo lo mejor que vas encontrando en cada persona que pasa por tu vida integrado en una única persona, incluso otras características que aún no habías encontrado en nadie. Ahí está su magnetismo.
Con esta edad he redescubierto lo que es amar por encima de todas las cosas, he comprobado que se puede querer a una sola persona sin límites, sin trabas, sin obstáculos. He aprendido a querer en silencio.
Sí, hoy quiero detener el tiempo. O, al menos, que pasen las horas lentamente, que tarde en llegar mañana.

Si detener el tiempo fuera algo tan sencillo como no dar cuerda al reloj...

Diplomacia

Mi compañera B. siempre me dice que todo el mundo me cae bien, pero no es verdad. Lo único cierto es que quien me cae bien lo nota.
Por ejemplo, acaba de venir un hombre muy mayor al que tengo cierto afecto. Una vez me contó que cuando era joven iba a pescar con mi abuelo.
Simplemente hay gente que me cae bien. En cambio, cuando alguien me cae bien no lo nota, es como si me pusiera una careta de diplomacia.

Miedo ¿a qué...?

Nunca me había pasado algo como lo de esta tarde: miedo a abrir el correo nada más acomodarme en mi pc. Me he encontrado con 3 e-mails y no me atrevía a abrir la bandeja de entrada. Al ver que era mi amiga M. he suspirado. Mis correos con ella son como si estuviéramos en el msn, porque a veces tienen sólo una línea, pero es que me ha pillado de sorpresa, y siempre esperamos a que la otra responda. Sus correos son pps, que miraré en casa.
Lo que me sorprende es temer no recibir correos, sino recibir un correo en concreto.

Todo brilla bajo el sol

Justo cuando iba al coche, un vehículo que pasaba ha parado a mi lado. Iba tan despistada que ni siquiera le había conocido. Y así se lo he dicho.
Ha orillado un poco el coche, porque teníamos que seguir con la conversación de ayer. Se me ha olvidado decirle lo de la luna nueva, y eso que acababa de escribirlo.
Ya sé por qué no le había visto. No es que estuviera despistada, es que buscaba algo entre los coches. Buscaba su cercanía, claro que quien ha parado también es muy cercano a la persona que yo buscaba.

Sólo que a quien me gustaría ver de verdad nunca le veo. Yo creo que si me cruzara con él por la calle no se me hubiera pasado por la cabeza irme con ellos de fiesta. Aunque lo de los fines de semana va en otra línea: monotonía y aburrimiento.

Luna nueva en Aries

He ido con E. a Correos, para que supiera dónde se encuentra la oficina, pero también para que la conocieran los de Correos. E. sólo estará un mes haciendo prácticas, pero cuando se marche se conocerá SD mejor.
Al final me he liado aquí y he optado por quedarme también hoy a comer en SD. Así que me voy a por un sándwich, a mover el coche de sitio y a por los apuntes. Y luego intentaré despejarme hasta las cuatro.

Ya me he informado de que el miércoles hay luna nueva, no luna llena. Diablos, yo no creo en el Zodiaco, pero:

"LUNA NUEVA EN ARIES. ABRIL 14 DE 2010

Lentamente la luna nueva nos induce a la acción y es el momento para iniciar o ejecutar proyectos trazados meses atrás.
Por estar de paso la luna por el signo de Aries, se favorece iniciar proyectos a corto plazo, emprender acciones que requieren valor, temple y coraje. El desarrollo de la personalidad, el carácter, el temperamento, así como la maduración.
Es una semana para tener los pies en la tierra y no en las nubes, hacer un buen uso de la inteligencia, fuerza, valor, adoptar una actitud positiva ante la vida. Desarrollar destrezas técnicas o artísticas.
Período para dar cariño y recibirlo a su vez, utilicemos el encanto personal, disfrutemos de los mimos, así como de los placeres sensuales; de la buena mesa y gocen de la vida. Ría y sea feliz;es gratis.
Se da impaciencia con los demás, dejemos las tensiones, la irritabilidad si las cosas no se le dan. Se desea orden, precisión pero no seamos críticos si los demás; todos no somos iguales.
Relájese, canalice esos excesos de energía a través del ejercicio físico o mental, meditación, buena lectura o música, ante todo descanso, buen sueño, son convenientes momentos de soledad y silencio para encontrarse así mismo.
No se enrede en amores secretos y complicados. En el ambiente reina el idealismo y la imaginación.
La conjunción Venus-Mercurio, y la rueda de la fortuna favorece los aspectos materiales y económicos.
El sol en Aries en su tercer decanato, en conjunción o armonía con la luna en Aries, nos induce a ser realistas y objetivos en nuestras realizaciones".

Muchas cosas de esas ya las hago y no me considero influida por la luna. Además, todo eso es demasiado genérico. No sé por qué de repente me ha venido a la mente aquella canción de Moonlight Shadow y he empezado a tararearla.

Radiante

Martes y trece tiene aires de mal presagio, sobre todo teniendo en cuenta que odio el trece. Pensaba que me iba a echar para atrás por lo de ayer. Pero no; he descansado bien esta noche, he dormido más de nueve horas y me siento con una sonrisa radiante.
Lo primero que he hecho nada más despertarme ha sido encender el portátil, cruzaba los dedos para no tener ningún e-mail. Y no lo tenía. Y aunque lo tuviera... no sé. Es como si en mi interior se cruzaran sentimientos contrapuestos, pero uno pesa mucho más que los otros: el anhelo de verle.

Tengo un chichón gracias a los bichos que tengo en casa. En una pelea entre el loro y el perro, salí perdiendo yo.

lunes, abril 12, 2010

Soñando antes de medianoche

Cuando duermo poco siento que vivo rodeada de una especie de neblina. Temo que mañana al abrir los ojos, más despejada, me eche a llorar porque hoy he caminado de puntillas sobre piezas de un puzzle interminable.
A medianoche espero estar durmiendo, porque cuando la neblina se disipe no desearé mirar atrás. El ansia por verle tiene un peso impresionante, pero no debería haber sido tan impulsiva. De todas formas, hecho está lo que está hecho. No hay vuelta atrás.
Ahora sí que debo irme a dormir. Me resulta extraño irme a las once de la noche a abrazar los sueños, aunque me llevo esa imagen sempiterna conmigo y eso me reconforta.

Ahora me llega un fragmento de la conversación de esta tarde, lo más extraño que me ha dicho: "El miércoles es luna llena". No sé lo que ha querido decir. Pero lo comprobaré mañana. Yo sólo sé que la luna llena cambia la personalidad de algunas personas. A mí me gustan más las estrellas, por quien me traen a la memoria.

Looking for the dreams...

Un deseo vehemente

Lo único que deseo es dormir, pero no me sumergiré en el mundo de los sueños hasta que no haya escrito algo. En azul.
Me sorprende cómo han cambiado ciertas cosas de ayer a hoy. Lo que esta mañana amanecía como un fatídico día ha terminado con una sonrisa de ternura, porque cuando venía a casa pensaba en él. No importa que no diga nada, porque a mí ese halo misterioso en torno a él me sedujo el primer día, y no quiero que lo cambie, porque me gusta eso de él. Enigmático y misterioso. Eso me atrae.
Y no me importa que me responda para decirme que no, porque yo por eso no dejaría de quererle, ni siquiera me enfadaría con él. Creo que es la única persona en este mundo con la que nunca me enfadaría.
De todas formas, con estos pensamientos seductores, es un buen momento para irme a abrazarle en sueños. Aunque con las primeras luces del alba, ese ángel se difumine entre las espesas nubes de los recuerdos, cada noche volverá a aparecer... rodeado de ese aura mágica de perfección.

Poker Stars

Mis amigos me dijeron: "Si quieres aprender, descárgatelo y métete en una mesa". Lo he hecho. Simple curiosidad. No me he sentado en una mesa porque me liaría, y no es momento de engancharse, que tengo que ir a casa.

Van tan rápido...