lunes, enero 18, 2010

El río de la vida

Cuando querer a una persona te desborda, las dudas afloran al exterior. No sabes muy bien hacia dónde dirigirte, y al final lo dejas seguir, como un río, cuyas aguas fluyen raudas hacia el mar.
Es así, la vida es como un río, con sus piedras (u obstáculos), cuyas orillas discurren diferentes en cada lugar, a cuyo encuentro van todo tipo de personas, algunas de manera reiterada, otras una única vez para no volver jamás.
Y a veces, el río se divide en varios afluentes que corren paralelos un tramo, para no volver a unirse al caudal principal, o quizás alguno vuelva a su origen unos pasos más adelante.
El río de la vida, que tantas primaveras ve pasar, solitario y helado en época invernal, y nunca con las mismas aguas que el verano anterior. El río, cuyas aguas riegan la vida, que alientan a seguir, a mirar al frente. Algún día llegará al final.

Me dicen que estoy triste, pero no es así. Yo creo que me afecta el tiempo, pero después del invierno volverá otra primavera y, con ella, desaparecerá esta especie de melancolía. En invierno tiendo a sentirme algo apagada, pero eso no quiere decir que esté triste.
Siento que quiero a todo el mundo, y eso me hace esbozar una ligera sonrisa imperceptible. Es lo mismo que le dije a otra persona y esa persona es la única que sabe por qué.

Que el río de la vida fluya tranquilo, que se lleve lo negativo, pero que deje conmigo las cosas buenas que aporta la vida. Mañana sonreiré, porque no quiero que nadie vuelva a preguntarme si estoy triste. Pero no quiero que sea una sonrisa hipócrita. Sólo hay una imagen que me aporta enorme alegría cuando la traigo a mi mente, todo en cuestión de segundos. Tendré que dejar que fluyan todos esos pensamientos, libres, como si de un río se tratara...

domingo, enero 17, 2010

Los días que vendrán


Esta mañana mi hermano me ha preguntado varias veces si estaba triste, de hecho, su pregunta no hace más que corroborar un estado de ánimo pésimo. La gente lo nota, pero yo sólo me siento algo más melancólica. Esto me recuerda a la ventana de Johari, la parte de nosotros que los demás ven y nosotros no, el "yo"ciego. Sí, estoy más melancólica, pero no creo rezumar ese aura de tristeza que los demás ven en mí.
Cuando regresaba a casa a las dos, en la rotonda me ha parecido ver un destello plateado en una plaza cercana. Antes nunca miraba para allí, ahora es raro que mis ojos no se desvíen en esa dirección. En una milésima de segundo he pensado en que podía darme una vuelta por la plaza, pero no lo he hecho. He seguido mi camino.

En otro orden de cosas, Yoguito se ha puesto enfermo. No come nada y vomita bilis. Y le he estado cuidando toda la tarde. Tiene una gastritis de caballo. Mañana iré al veterinario para explicarle los síntomas y que me dé unas pastillas para que se asiente su estómago y se recupere pronto.

Unas palabras

Lo cierto es que me resulta bastante extraño estar un sábado por la noche en casa, a punto de ir a dormir. Estaba puliendo un correo electrónico larguísimo que he escrito esta tarde, pero necesitaba escribirlo. Aún no lo he enviado, pero antes de irme a la cama lo haré.
Tenía la terrible necesidad de escribirlo desde hace días. Me parecía antinatural no hacerlo, porque estaba reprimiendo los dictados del corazón. Quería explayarme con esa persona, contarle cosas, incluso le he confiado secretillos de ésos que no compartes con nadie. Y, gracias a mis palabras, he vuelto a un lugar que abandoné hace un tiempo y que quizás reactive. Un lugar que, si bien en principio me sirvió para sentirme más cerca estando lejos, ahora me serviría para acumular historias sobre el lugar del que hablo, el lugar que me vio nacer, crecer, que es el mismo paraje que veo cada mañana al abrir la ventana.
No quiero pensar en ese email, cuando lo envíe ya estará hecho y no podré volver atrás.

Sin más.

sábado, enero 16, 2010

¿Y si la llama se apaga?

No creo que ocurra, al menos en un tiempo. De hecho, temo que eso llegara a pasar. Quizás el hecho de la felicidad que me aporta es suficiente para no permitir que esa llama se apague, al menos ahora.
Sin embargo, yo sí me he sentido más apagada últimamente. No sé las razones, aunque puede ser un poco de todo: no ver nada que me lo recuerde, como su coche aparcado cerca para sentirle próximo; no saber nada de él, aunque cuento con medios para enterarme de algo si quisiera (aunque hace tiempo opté por no hacerlo, más bien, si quiero saber algo prefiero preguntárselo a él); esa lucha interna por la que no sabré qué hacer si me lo encontrara... Y, con todo, estoy hablando de una persona a la que vi hace dos días. Pero parece todo tan lejano... Verle sin decirle nada es como contemplar una fotografía: puede traerte recuerdos, pero es una imagen sin más, estática, congelada en el tiempo, inmortalizada para la eternidad.
Creo que terminaré escribiéndole un correo cualquier día de estos. Me da la impresión de que tengo muchas cosas que contarle, aunque soy consciente de que cuando esté ante la página en blanco me costará empezar.
Sólo hay dos personas que me han notado más sombría, menos risueña, apagada... y esas dos personas son aquellas con las que más horas paso al día. Y no puedo ni quiero explicarles los motivos.
De momento, la llama no se apaga.

viernes, enero 15, 2010

'Tiempo es oro', nunca mejor dicho

No sé cómo lo voy a hacer sin tiempo para estudiarme todo lo que me entra en examen para el 5 de febrero, cuando quedan tres semanas exactas. Quizás se me hayan truncado estos dos próximos fines de semana en cuestión de salidas, puesto que si no es mucho temario hay muchos datos que memorizar.
No sé cómo lo voy a hacer.

En otro orden de cosas, tengo que preparar todos los exámenes que he presentado a lo largo de estos meses porque me enviaron un cuadro incompleto con la media de notas y periodicidad de tests, según el cual no puedo presentarme a ese examen. Eso me mantiene inquieta, puesto que he hecho todos los exámenes semanales, sacando magníficas calificaciones.
En fin, tengo clarísimo que aprobaré en febrero este examen, aunque no sé cómo lo haré para estudiarme todo en tan poco tiempo. Tendré que sacrificar los dos fines de semana que hay en medio, pero ¿qué son dos fines de semana a lo largo de toda la vida?

En busca de las estrellas

Pues miraba el cielo estrellado al regresar a casa y sonreía, recordando una noche que volvía con mis amigos de fiesta, no hará cuatro meses, y escribí algo a alguien respecto de la belleza de las estrellas que se dejan ver en el cielo cuando está despejado.
Realmente quiero creer que mi estado de ánimo está bien. Cuando lo pienso siento el bajón moral, pero si no pienso en ello me siento indiferente.
No puedo tomar una decisión que está en contra de mis principios. Sé que cuando me lo encuentre haré de todo menos huir. Quizás pasen meses para que eso ocurra.
Hoy han sido las estrellas las que me lo han traído a la mente. Y en ese momento he sonreído.

Las estrellas también me recuerdan a aquellas noches estivales en el monte, junto a la hoguera, buscando a Kasiopea. Éramos inocentes, nos creíamos dueños del mundo y no teníamos preocupaciones. Las estrellas junto a la hoguera y al poleo que ponían fin a un día en que acabábamos exhaustos. Echo de menos aquellas largas caminatas y echo de menos las historias de las veladas que siempre terminaban alargándose.

Me relaja mirar las estrellas. Me da la sensación de que nos envían un mensaje desde allí arriba, aunque a veces no sepamos interpretarlo.

jueves, enero 14, 2010

Quizás sea tristeza

Seriamente me han dicho hoy que se me ve muy triste. Me lo ha dicho la misma persona que me lo comentó a principios de semana. La verdad es que, si lo pienso, sí que me siento algo apesadumbrada y con cierto desasosiego, pero desconocía que fuera algo tan palpable. Nunca puedo ocultar esa vocecita interior.
En parte, uno de los motivos es porque mi corazón desaprueba lo que dicta la cabeza en estos momentos y eso parece traspasar todas las capas de mi piel para aflorar al exterior. Sin embargo, no se lo he dicho a nadie. Es una lucha interior a la que me tengo que enfrentar yo sola, la confrontación de sentimientos disconformes.
Un ejemplo obvio ha ocurrido esta tarde: he tenido que apretar los puños para no ponerme a teclear un email que me moría de ganas de escribir, preguntar lo más natural. Pero algo, puede ser orgullo o puede ser decisión, me ha hecho detener los dedos y no escribirlo. Lo natural hubiera sido dejar fluir los designios del corazón, lo antinatural ha sido no haber permitido dar señales de ningún tipo. Eso entra a formar parte de esa burbuja de tristeza que cualquier día terminará explotando.
Sin embargo, la necesidad de él va mucho más allá. Le echo tanto de menos...

El alma con puntos suspensivos

Hace mucho que aprendí que debemos cuidar el alma, pues sólo tenemos una y es muy valiosa. Debemos intentar no maltratarla, porque al final pasará factura. Yo sé que parte de mi alegría, de mis risas, algo que parece innato, emanan de esa misma alma.
Ahora comprendo una parte de esa atracción por él: es una especie de gurú que acaricia mi alma con sus palabras.
Con este último pensamiento, con toda la belleza que lleva implícita, me voy a dormir.

miércoles, enero 13, 2010

Los trenes que se pierden

Hoy me ha ocurrido una cosa curiosa. Tan curiosa como extraña y tan extraña como capaz de hacerme ruborizar.
Hoy alguien, a quien conozco de verle casi a diario, me ha hecho una proposición, algo que puedo tomar o dejar. Ha sido algo tan inesperado que he sentido que el rubor alcanzaba mi rostro y no he sabido muy bien cómo reaccionar. No me desagrada esa persona, pero sé que es un tren que dejaré pasar.
La razón es simple: mi corazón alberga sentimientos a pleno rendimiento por otra persona. Y le quiero a él. Si no puedo estar con él prefiero no estar con nadie.
Lo curioso es que la otra persona sabe que me gusta alguien, no sabe quién, porque me cuido mucho de decir nada sobre él, y sin embargo se ha arriesgado con todo lo que conlleva. Supongo que tendré que quedar con esa persona y exponerle mi punto de vista, dejárselo claro y cortar de raíz todo tipo de esperanza que pueda llegar a albergar.
Lo que ha conseguido es que le mire con otros ojos, y también que empiece a evitarle, al menos hasta que se olvide del tema.
Es reconfortante sentirse querida, pero esa persona no podría darme ni una mínima parte de lo que me da... con sólo su presencia.
Es un tren que tendré que perder. Nunca sabré -ni me lo voy a plantear- lo que hubiera ocurrido en caso de haberme subido a él. Supongo que las oportunidades son así: o las tomas o las dejas; si no las coges cuando llegan, desaparecerán y no volverán a presentarse. Es lo que hay. Pero no voy a tomar un tren sin estar segura de dónde me llevará. Podría arriesgarme, pero en este momento ni me replanteo eso. Cuando el corazón no es libre, no tienes muchas más alternativas, y ojos sólo para una persona, una persona que te da casi una vida sin proponérselo.
Yo tendría que arriesgarme más con él, pero no volveré a caer en el error de presionarle. Es la única persona que ha sido capaz de poner a prueba mi paciencia y esa paciencia me ha enseñado a esperar si es necesario, a no tirarme de cabeza, ha frenado mi ímpetu. ¿Será porque me aporta tranquilidad? Acabo de comprender que tengo una necesidad urgente por verle y hablar con él, pero no como esta mañana, sino como esos momentos en que siento que respiramos el mismo aire.
Algún día llegará ese tren.

Época de deshielo

Anoche intuía que el viento se llevaría los restos de hielo y nieve, aunque todavía queda algo. Es de agradecer. Aunque es trece... Recuerdo mi pavor en octubre al trece, cuando se lo comenté a alguien y me respondió: "Es un día más". Y ahora lo miro con otros ojos. No debe dar tan mala suerte cuando, después de caminar por las calles mojadas y con restos de nieve, no he resbalado. Y eso que los tacones se encallaban en las hendiduras entre las piedras de la Plaza de España. Cuando estaba llegando al semáforo he visto pasar a alguien. He sentido que debía volar para ir a su encuentro, que me lo cruzaría de frente. Por cuestión de minutos no nos hemos encontrado cara a cara. A cien metros le he visto, mirando para abajo, con la barba algo más larga, con un jersey gris que tenía aspecto de suave (¡quién fuera jersey para acariciarle a todas horas!) y caminando muy rápido. Es posible que él no me haya visto, sólo tenía que mirar al frente, pero no lo ha hecho. Se me ha ocurrido llamarle, decirle algo, felicitarle el año, pero he desechado la idea. He preferido quedarme fuera de su objeto de visión.
Iba guapo.
Estoy pensando en ese momento, desde que le he visto pasar en coche hasta que le he visto venir de frente, el instante en que se me ha acelerado el corazón, algo me impulsaba a caminar más rápido para buscar sus ojos. Y, sin embargo, cuando le he tenido a cien metros, no me he atrevido a decir su nombre. El corazón seguía latiendo muy fuerte aun después de que él desapareciera. Incluso ahora siento los últimos coletazos.
Y eso que es trece, "un día más", como dijo él una vez, pero no un día cualquiera. Ese mínimo encuentro con él ha dotado a este día de un color especial, mágico.

El silbido del viento

Me gustaría levantarme mañana y encontrarme con que el viento se ha llevado todos los restos de nieve y hielo. Sería un agradable despertar, junto a otra imagen que se apodera de mi cabeza al alba y que no desaparece en todo el día.
Escucho la serenata del viento al otro lado de la ventana. Puedo imaginarme los objetos de la calle bailando al son de esa extraña melodía.
Es hora de dormir. Que vengan los sueños a mí, sueños... sueños son.

"Australia"

"Mi abuelo, Rey Jorge, me lleva al monte para la travesía ritual, me enseña costumbres del hombre negro. Abuelo me enseña lección más importante de todas: a contar historias. Un día, en el Billabong, Rey Jorge me enseña a pescar gracias a canción mágica.
Yo no soy gente negra, tampoco gente blanca. Esas gentes blancas me llaman 'sangre cruzada', 'mestizo', 'café con leche'...; pertenezco a nadie.
Ese día veo a hombres blancos que llevan ganado gordo a otra orilla de río, a tierra de Carney. Rey Jorge, enfadado con hombres blancos. Rey Jorge dice 'esos hombres blancos, mal espíritu, deben irse de esta tierra'.
¡Polizontes! Han venido a cogerme, quieren mandarme a Isla Misión y convertirme en gente blanca. Pero no son polizontes. Es la primera vez que la vi, la Señora Patrona, la mujer más extraña que yo había visto, ella no es de esta tierra.
Mi pueblo tiene muchos nombres para esta tierra, pero gente blanca la llama... AUSTRALIA".

Corre el mes de septiembre de 1939, cuando Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman) decide dejar la acomodada Inglaterra y viajar a las antípodas para traer de regreso a su marido, jefe de una enorme empresa de ganado en Australia. Ella cree que le está poniendo los cuernos. Lo que no espera es que aquella tierra le dejará una profunda huella por la que no regresará jamás a su país natal.
Cuando llega al rancho familiar, Faraway Downs, se encuentra con el cadáver de su marido y con el hombro de Drover (Hugh Jackman), que sólo aspira a buscarse la vida conduciendo ejércitos de ganado de una punta a otra del país.
La historia está narrada por un niño aborigen, Nullah (Brandon Walters), protegido por Mr. Ashley, que sabe, desde muy pequeño, que un día los policías vendrán a buscarle, como mestizo, para llevarle a Isla Misión, donde le instruirán en la religión católica. Sin embargo, ha descubierto, junto a su abuelo, un hechicero que domina la magia de los antiguos aborígenes, que el capataz, Neil Fletcher (David Wenham), asesinó a su patrón y que le estaba robando ganado. Así se lo hace saber a Lady Ashley que, orgullosa, decide encaminar 1500 cabezas de reses para el ejército, y sólo puede contar con la ayuda de Drover y los trabajadores de la hacienda, que se ha quedado sin vaqueros. Pese a las trampas que les ponen Fletcher y Carney, consiguen llegar a tiempo y entregar el ganado, mientras en el camino surge el amor entre la joven pareja.
Fletcher, empero, cree que Faraway Downs le pertenece, y les somete a un acoso continuo, asesinando incluso a Carney, para hacerse con el mando de la empresa bovina más poderosa de Australia.
Cuando los japoneses bombardean el país, Nullah se encuentra en Isla Misión, pero Drover va a buscar a todos los niños mestizos para traerlos de vuelta a Australia, donde recupera a Lady Ashley.

"Que sea así no significa que así deba ser".

Previsible, aunque entretenida, con esos puntos de suspense que tienen todas las películas de amor, que se alargan en el reencuentro, haciendo sufrir gratuitamente al espectador que, de todas formas, ya sabe lo que acontecerá en los próximos minutos.

martes, enero 12, 2010

Dreams

Nunca me canso de escuchar esa canción de Dreams que cantan The Cramberries y siempre que la escucho se me eriza la piel. Y ahora, al escucharla de nuevo, cierro los ojos y recuerdo un momento de hoy, cuando iba por la calle, para ver un coche que pasaba por delante de mí, he sentido que el corazón me palpitaba más deprisa, pero no podía caminar más rápido, gracias al hielo, para ver si era o no era. Da igual, he preferido pensar en que no había visto nada.
Siento que estoy incubando algún tipo de virus, porque últimamente me siento muy cansada a media tarde y no veo por que llegue el momento de marcharme a casa y tumbarme para ver una película o leer. Hoy tocará película y espero no quedarme dormida. Además del cansancio, tengo ojeras pronunciadas, a pesar de que duermo mis siete horas diarias, y esta mañana me ha dado una especie de pequeño mareo en el desayuno que ha pasado enseguida.
No tengo ni tiempo para escribir ni tiempo para nada. Y cuando llego a casa me apetece cualquier cosa menos estar en el ordenador.

La burbuja del deseo

Los sentimientos se encuentran encerrados en una especie de burbuja donde a veces meto la cabeza y sonrío. Todo lo que está dentro de esa burbuja es perfecto, pero lo noto un tanto ajeno a mí. Lo que está fuera es menos radiante, más oscuro quizás. Sé que sólo tengo que soplar y alejar la burbuja de mí, pero algo me lo impide. Quizás es que necesito esos momentos para sumergir mi cabeza dentro y dejarme llevar por los sueños.
Sueños que llegarán en cuestión de minutos. Me da la sensación de que una máquina muy potente ha pasado por encima de mí y me ha dejado para el arrastre. Siento un cansancio inusual, así que me dejaré mecer por los sueños. Sueños llenos de ilusión y de deseo.

lunes, enero 11, 2010

Un descanso

Necesito un descanso de cinco minutos para desconectar un poco de todo.

Cuando no puedes salir echas de menos esos paseos por la ciudad, embriagándote con sus olores, sus ruidos, conversaciones ajenas, con las manos ateridas de frío y la bufanda tapándote la nariz, el aire acariciando tu rostro, tus ojos absorbiendo todas las imágenes que se cruzan a tu paso... Y ahora que no puedo salir a la calle, que echo de menos todas esas sensaciones, recuerdo una plazuela, las veces que he mirado hacia arriba, sintiendo su cercanía tácita. Sonrío.
Cuando vuelva a hacer ese trayecto ni siquiera recordaré esas sensaciones, buscaré sus ojos entre la gente, continuaré mirando hacia arriba y le sentiré próximo. Un cúmulo de mariposas escaparán, revoloteando, de mi estómago, buscando los colores de sus alas en la ciudad.

Comenzaré a deshojar margaritas

Hace unos años tenía unas zapatillas de casa que me encantaban. Siempre llevo de ese estilo de zapatillas, aunque casi nunca me fijo en el dibujo, sino más bien en la textura: unas zapatillas para estar en casa tienen que calentar los pies, aunque sean horribles.
Tengo una ingente cantidad de fotos en el portátil, tanto que no me canso nunca de mirar, de seleccionar y, si acaso, borrar, etiquetar, guardar. Ayer estuve viendo las fotos de París, donde estuve hace cinco años ya (en febrero se cumplirán), hoy he cogido una carpeta al azar.
Me encantaría compartir todas estas fotos con una única persona, susurrarle al oído la historia de cada imagen, contener la respiración al evocar otros lugares, otras personas... Las experiencias que te aporta la vida, las vivencias a través de imágenes congeladas. Historias que sólo compartiría con él, porque la mayoría, cuando a veces ocurre que alguien cercano observa algunas de esas fotos, son historias que me guardo para mí, con su contenido implícito, con su mensaje oculto. Las fotos más crudas son las de aquellos que se fueron. Ver a mi tío, en toda su plenitud, con toda su energía, con una magnánima sonrisa, me llena aún de congoja y angustia.
De todas formas, sólo son fotos, para nada equiparables con los recuerdos, con las imágenes perennes que guarda esa máquina todoterreno que tenemos en la cabeza.

domingo, enero 10, 2010

El aroma del olvido

La nieve tiene un aroma especial. No es a humedad, esa humedad petrificante que queda después de llover. Es un olor diferente. Es el olor del frío y, a la vez, es agradable.
Hoy ha sido uno de esos días en que he parado el tiempo, recordando tal vez. Un estado de ánimo que oscilaba entre la alegría y la tristeza me ha acompañado allá donde he ido. Y en medio de todo aparecía su imagen, algo difuminada.
Caminar sobre el hielo me exaspera; dicen que mañana subirán las temperaturas. Aunque la nieve sigue oliendo a... nieve. Estos días me han traído a la memoria a Invernalia, al Juego de Tronos de George R.R. Martin. Sublime saga literaria, allá donde las haya. Si mal no recuerdo, hace ya un año que empecé a leérmela y anhelo el momento por que salga el siguiente libro de la serie, Danza de Dragones llevará por título.
El olor de la nieve es como ese perfume que adoras, aunque sólo lo hayas sentido una o dos veces, ese aroma que aparece cuando menos te lo esperas y recuerdas dónde lo notaste en el pasado y recuerdas... Añoras el aroma del olvido, aquel que te ha hecho evocar un momento del pasado que ya se había perdido, que ha regresado al presente por una añoranza inesperada.
La nieve sólo huele a nieve. Sabes de antemano que, cuando desaparezca, no volverás a notar su aroma hasta que todo se vuelva a cubrir de blanco. Con los perfumes es diferente, porque aparecen de modo inesperado, tan sólo porque te has cruzado en un paso de cebra con alguien que te trae a la memoria a otra persona.

¿Y él? ¿Qué aroma tiene él? Me pregunto si sabría relacionar su olor si apareciera inesperadamente alguien que lleva la misma fragancia. Ni siquiera sé el perfume que usa, aunque creo que sabría reconocerlo.

Para seis meses

Seis meses y parece toda una vida.

Hace seis meses que le conocí y los he vivido tan intensamente que parece que hubiera pasado toda una vida. Y no es por las innumerables veces que nos hemos encontrado. Quizás es eso, el hecho de que apenas nos hemos visto un puñado de ocasiones lo que hace que la balanza pese en su favor, lo que le da a todo esto un valor del que carecería si nos encontráramos a menudo.
Y en todo este tiempo he llegado a sentir por él algo casi indescriptible, algo que se me escapa de las manos, algo que me otorga alegrías y tristezas a partes iguales. Dicen que la felicidad está en cada uno de nosotros, pero siempre hay personas que la impulsan. Éste es uno de esos casos en que alguien ajeno me hace sonreír sin proponérmelo, me brinda una tranquilidad en el alma insospechada. En estos seis meses he sido más feliz que en los seis años anteriores, he aprendido a mantener lejos temores y miedos, he sonreído tan a menudo que me cuesta gran esfuerzo intentar recordar algún día que me haya sentido triste.
En todo este tiempo he llegado a comprender que un desconocido puede llegar a tocarte el alma, he llegado a entender lo maravilloso que ha sido conocer a una persona tan íntegra, y no me arrepiento por haberme acercado a él (aunque de aquella forma tan dudosa). Cuando no sé nada de él le echo de menos, y cuando está cerca siento su magnetismo en todo su esplendor. Le he llegado a querer tanto que ni yo misma me explico cómo ha ocurrido. Pero ha pasado y ya está.
Con él presente tengo la sensación de conocerle desde siempre. Algo insólito, inaudito.

Me gustaría ver por un agujerito lo que me deparan los próximos seis meses.

sábado, enero 09, 2010

Los tristes días de invierno

Estamos en lo más crudo del invierno, aunque sólo sea por asomarse a la ventana y enfrentarse a ese frío glacial y la nieve que ha cubierto todo con su gélido aliento. Dicen que el lunes subirán las temperaturas (cruzaré los dedos para que sea así). Es el segundo fin de semana en un mes que no puedo salir de fiesta porque no vamos a coger el coche con el hielo y la nieve.
Eso me lleva a pensar que en días así me gustaría estar acompañada de..., sentados en un sofá frente a la leña de la chimenea, en silencio o hablando... ¿qué más da? Lo importante es la imagen idílica y placentera de estar junto a él, sin más.

Adiós a una vieja amiga

La nieve que me ha recluido en casa hoy ha servido para que recogiera muchas de las cosas que se van acumulando por cualquier sitio con el paso de los meses. Así he encontrado con la vieja cámara de fotos, una cámara a la que tengo especial cariño. Desde agosto tengo otra, pero esa Sony Cybershot de color azul me ha acompañado siempre durante los últimos cinco o seis años... hasta que un día el flash dejó de funcionar. Fue en una boda, y no tardé ni una semana en hacerme con otra cámara: más práctica, menos pesada, más manejable...
No la voy a tirar, porque pese al flash la cámara sigue funcionando correctamente, siempre que haya bastante luz.

Desde la ventana


En verano paso muchas horas en el jardín. Durante el día porque me gusta bañarme, por la noche porque adoro mirar al horizonte pensativa. ¡Qué lejos quedan aquellos días! Hace unos años fui capaz de salir para hacer un muñeco de nieve. Ahora me alejo de esa nieve que deseo que desaparezca cuanto antes.

No hay prisa

Esta tarde tenía intención de echarme la siesta, pero no ha habido forma. Ahora me caigo de sueño, aunque estoy segura de que me taparé hasta la nariz y leeré un rato, antes de que los párpados empiecen a pesarme. No hace falta decir qué será lo último que veré antes de embarcarme en los mundos oníricos. Adoro esa paz que causa en mí...

Mañana amanecerá sin prisas.

viernes, enero 08, 2010

¿Quién dijo 'nieve'?


Desde la parte trasera de mi casa se ve la carretera. Lleva horas el tráfico pasando con cuentagotas. Al fondo, las luces intermitentes de color azul destellan en el aire como bengalas. Las obras de la carretera, una vez más, volverán a salir en las noticias mañana. Dos camiones se han cruzado, resbalando por el hielo (esto no lo puedo ver desde casa, pero me lo ha dicho mi hermano pequeño). Ha sido a las siete de la tarde, pero aún siguen allí, mientras los vehículos pasan lentos.
No recuerdo haber visto nevar nunca con tanta saña como hoy. Sin parar, cubriendo todo con ese manto helado de color blanco. Bonita para verla de lejos, horrible si tienes que ponerte en la carretera. Lo cierto es que llevo dos días sin tocar el coche. Hoy he vuelto a casa a las cinco y tengo la punta de la nariz helada, pese a que en mi casa hace calor. Siempre tengo fría la nariz, junto a las manos, pero éstas han ido entrando en calor a medida que he ido moviendo mecánicamente los dedos para poder escribir.

Hoy ha sido un día extraño. Estoy inmersa en un mutismo inhabitual, tanto que hasta mis compañeras me han dicho que me veían algo mustia, menos risueña de lo que soy siempre. Les he dicho que es por el tiempo, que el frío me afecta emocionalmente. No me han tomado en serio, pero hay mucho de verdad en esa afirmación. Inconscientemente sí que me afectan negativamente estos días. Me siento algo alicaída, sin motivo aparente. Y eso me lleva a recordar que anoche lloré sobre la almohada al apagar la luz, un llanto contenido para que nadie pudiera oír, unas lágrimas que se refugiaron entre las paredes de mi dormitorio, que fueron acogidas por la almohada que me lee el pensamiento y comparte mis secretos. El motivo de esa pena que anoche me derrumbó y que sobra ahora, unido a la melancolía que se entrelaza en mi cuerpo junto a los copos de nieve invernales, han sido suficientes para que, inconscientemente, hoy apareciera algo más apagada de lo habitual. Sólo cuando me lo han dicho varias veces y he negado la evidencia, me he replanteado si realmente me sentía triste o sólo eran connotaciones que veía el resto de la gente, excepto yo.
Finalmente me he obligado a mirar de frente el rostro malicento que me devolvía la mirada desde el reflejo del espejo del ascensor, y me he preguntado quién sería esa extraña que me observaba con cara de pocos amigos.

Algo más de medianoche

Luis Royo, Fallen Angel
A estas horas debería estar ya durmiendo, sobre todo porque mañana madrugaré más de lo habitual. Ahora bien, tendré toda la tarde libre, lo que es de agradecer. Eso me recuerda que no tendré apenas tiempo para echarme la siesta, ya que tengo dos cosas que hacer.
Esta mañana me he encontrado con una señora que me cedió un día la vez en Correos y que ahora saludo siempre, la misma cuyo nombre sé gracias a mirar en el remite de sus sobres, una señora que tiene parentesco con...
Siempre hay alguien que me lo trae a la mente. Y a veces tengo que reprimir esos impulsos repentinos por no escribirle ni darle ningún tipo de señales. Me cuesta muchísimo contenerme.
Aunque hace unos días decía que le evitaría, que huiría de todo lo que tiene que ver con él, a medida que pasan las semanas empiezo a comprender que cada día le quiero, si cabe, un poco más. Es como si ya no pudiera detener el sentimiento que lucha por ser libre y extiende sus alas lejos de mis brazos.
Pensaba que no ocurriría más, pero vuelvo a sentirme feliz cada mañana al pensar en él y cada noche al cerrar los ojos, también pensando en él. Y los días que no veo nada que me lo relacione, me pregunto siempre qué habrá hecho, en qué habrá pensado, dónde habrá estado y con quiénes habrá estado. Me pregunto a quién habrá regalado sus miradas, sus palabras, sus sonrisas... Es un ángel. Y me pregunto si él también habrá sido feliz, si habrá vivido cada momento como si fuera el último, si habrá sonreído. Yo espero que sí.

A mi abuela

No sé los años que cumplirá mi abuela, aunque se acerca lentamente a los ochenta. Si no nieva mañana y puedo conducir iré a verla. Si nieva la llamaré por teléfono e iré otro día a visitarla.
Es su día y agradece todos esos momentos en compañía de los nietos.
Yo me parezco mucho a ella: en el nerviosismo y en la ansiedad. También me gustaría llegar a su edad con el pelo casi negro, como lo tiene ella, y con esa sonrisa reluciente. Además he heredado de ella la buena mano en la cocina. Siempre digo que cocino mal, pero no es cierto; me gusta experimentar y, cuando me pongo, me salen cosas deliciosas.
En su día, tocaba una felicitación de cumpleaños para ella. Aunque mi abuela desconoce los entresijos de las tecnologías modernas. Sólo que no está de más regalarle una flor y unas palabras.

jueves, enero 07, 2010

Amanece nevado

Cuando me he levantado no imaginaba que, al subir la persiana, me iba a encontrar con una inmensa capa blanca cubriendo todo y los copos arremolinándose en el aire. Aún estaba oscuro y ni se me ha pasado por la cabeza coger el coche. La verdad es que luego ha parado y sólo queda nieve en los tejados. Esto no acaba más que de empezar. El día tiene pinta de que volverá a nevar de nuevo.

Una novela corta pululando por la red

En el mes de diciembre volví a escribir y a presentarme a concursos. En uno de ellos me expondrán una novela corta durante tres meses, sometida a votación. No me leí las bases enteras, porque, de lo contrario, no me habría presentado. ¿La razón? Porque todo el mundo hará lo que he pensado yo y, por tanto, el jurado (los votantes en su mayoría) no votarán llevados por un juicio objetivo sino movidos por estrechos lazos con cualquiera de los candidatos. Es decir, podría dar la página a todas las personas que se me ocurra para que me voten, pero yo no quiero eso. No quiero votos porque me conozcan (esto no es Gran Hermano), sino porque lo escrito merece la pena. Así que me guardaré para mí todo lo que tenga que ver con este certamen.

Cosas del Windows Vista

El Windows Vista tiene una opción en la que puedes poner en el escritorio toda una barra lateral en la que aparecen un reloj, el buscador de Google, noticias recientes... Es un buen sistema para no perder la noción del tiempo ni andar desinformada (lo de las noticias está bien), pero soy reacia a poner muchos iconos en el escritorio, así que esa barra realmente me molesta un poco. Aunque está bien saber que está ahí, por si acaso algún día tengo que echar mano.

miércoles, enero 06, 2010

Tenía tanto que darte

Llevo todo el día pensando en la canción de Nena Daconte, ésa que dice: "Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte, tenía tanto amor guardado para ti...". Y eso me lleva a pensar en él.
Da igual donde esté: puedo estar en cualquier lugar, haciendo cualquier cosa, pendiente de cualquier conversación. Su imagen aparece sin más: primero los ojos, esos ojos rasgados, casi orientalizantes, hipnóticos, que desprenden una mirada profunda y cálida, que invitan a la confianza; la mirada fija, observadora, silenciosa, esos ojos inteligentes donde me pierdo cada vez; esos ojos a los que la última vez evitaba; rodeados por largas pestañas, oscuras, perfectas.
Es una especie de tentación. Ansío pasar mi mano por esa barba que últimamente se perfila, aunque a mí me gusta más que la lleve larga, quizás porque le conocí así. Y anhelo entrelazar mis dedos con los mechones de su pelo.
No necesito mirar fotos para recordar sus labios, que en ocasiones parecen agrietados, para recordar las veces que me he quedado contemplándolos hablar. Y quiero tocar esas manos aterciopeladas, enredar mis dedos entre los suyos y olvidarme de todo lo demás.
Podría seguir describiendo sus rasgos como si fuera la primera vez. Pero no son sus rasgos lo que me llama expresamente la atención. Tras esos ojos, esas manos, esos labios hay una belleza interior inexplorada. Y siento una curiosidad insólita.
Vuelvo a soñar con él, me estremezco al pensar en lo que sería estar con él.
La canción de Nena Daconte me lo recuerda porque yo tengo mucho que darle, pero me lo tengo que preguntar: ¿y él? Estoy segura de que tiene mucho que dar al mundo, pero por alguna extraña razón que se me escapa no lo hace.
Después de hablar sobre él, habiendo evitado hacerlo en los últimos días, ya puedo irme a dormir, que estoy segura de que soñaré con él y que dormiré como un bebé.

Minuto a minuto... año tras año

Me da la sensación de que es domingo y que queda una larga semana por delante, aunque lo de 'larga' es muy relativo, porque se me pasan las semanas que no me entero. Cuando me quiera dar cuenta será mi cumpleaños, y eso que aún quedan cuatro meses. No quiero ni pensarlo porque los años pesan cada vez más.
El paso del tiempo, cuando lo siento profundamente, es una de las pocas cosas que me parecen deprimentes: saber que estás envejeciendo, que ganas en experiencia, pero también en canas, que la vida nos encamina hacia un final que desconocemos... De ahí que sea tan importante aprovechar cada momento y sonreír siempre.
Eso me recuerda a aquellas canciones de Celtas Cortos como La senda del tiempo o 20 de abril.
No me voy a poner melodramática. Siempre pienso en este tema cuando cambiamos de año.

Desmontando el camino

Este mundo no es más que un viaje pasajero... Si no sufrimos nunca aprenderemos que la vida está para aquellos que rectifican de sus errores, para aquellos que saben mirar hacia arriba y contemplar un cielo sin nubes, despejado, para volver a comenzar una nueva vida, tropezando una y otra vez con la misma piedra, pero sin desistir en el intento de seguir caminando hacia el precioso horizonte que nos espera, abrazándonos con una cálida brisa...

El mundo a nuestros pies

Cuando he llegado al bar, me he imaginado esa sensación agradable de estar metida en la cama, tapada hasta la nariz y con las manos sobresaliendo a duras penas por encima de las hojas de un libro. No he necesitado mucho más para poner la fiesta y la cama en una balanza y que bajara a favor de esta última. Así que, pese a que me he preparado y he sacado el coche, hemos terminado jugando a las cartas en plan tranquilo. Como mañana no hay prisa, no importa que se me haga tarde esta noche. Simplemente voy a taparme hasta la nariz y leer hasta que me pesen los ojos.

Anoche volví a soñar con él.
Había una tienda de campaña prendida en lo alto de una especie de acantilado, aunque no era exacto. Era más bien la imagen de uno de los fiordos noruegos. Y salíamos de la tienda de campaña, cogidos de la mano, para contemplar la inmensidad del mundo ante nuestros ojos; nosotros, seres minúsculos y solitarios, frente a la perfección de la naturaleza. En la realidad, algo así me daría vértigo. Pero era un sueño, ahí no tenía vértigo, quizás porque estaba él. Aunque lo que de verdad extasiaba, más que lo que teníamos ante los ojos, era estar en compañía de esa persona.

martes, enero 05, 2010

Cambios de última hora

Mis amigas todavía deben estar esperándome para ver los Reyes. Supuestamente yo he salido a las siete en punto para verlos, pero no los he visto con mis amigas. He ido a comprar un regalo para mi madre, ropa para mí y de paso he ido a saludar a J. Allí estaba G. y hemos terminado tomando una por ahí, después de ver la cabalgata pasar a nuestro lado, porque Reyes... la verdad es que no he visto.
Tengo las piernas heladas. Sólo se me ocurre ponerme falda en un día en que han pronosticado nieves por debajo de los 400 metros. Esta noche toca fiesta y mañana comida familiar en La Cancela.
Es interesante cómo un encuentro a última hora de la tarde puede hacer que cambies todo lo que tenías previsto para las próximas horas.

Toca fiesta.

La noche que llegó el insomnio

Me cuesta dormir. Anoche también me costó horas conciliar ese sueño. No es de extrañar que cuando suena la alarma del móvil parezca una autómata.
El insomnio no es otra cosa que un estado mental, generado la mayoría de las veces por preocupaciones. Y en estos momentos tengo algunas bastante pesadas. Entre ellas, la de que estoy intentando hacer algo a lo que mi corazón se opone. En ese choque tiene más peso actualmente el sentimiento que el sentido común, aunque yo apuesto a que finalmente la victoria será para la mente. A no ser que haya algún cambio y éste no se producirá por mi parte.
Intentaré dormir, aunque tenga que abrir los brazos a pensamientos que estoy, a duras penas, desechando, pero que no sólo me hacen sonreír sino que me llevarán a tal estado de paz que se me olvidará lo que me cuesta dormir.
Es placentero permitir la entrada a esos pensamientos.

Niebla maldita

En las últimas semanas hay dos ocasiones en que he sentido miedo de verdad al volver a casa: el día de la nieve y hoy. No se veía nada. Y cada vez que hay niebla tan espera recuerdo una excursión a la Laguna Negra donde también se nos echó encima.
Además, la mente es traicionera, porque en momentos así empiezas a imaginar las historias más terroríficas e inverosímiles jamás contadas.

lunes, enero 04, 2010

Así no se puede

No me gustaría que esto se convirtiera en un blog-diario en donde contar lo que hago y lo que dejo de hacer, pero hay jornadas en que es inevitable. Para empezar, sigo en la oficina. Más o menos me ha pasado como en Nochevieja, que cuando miré por primera vez el reloj eran las siete de la mañana. Esta tarde, cuando he mirado el reloj, eran las siete de la tarde. Se hace extraño no tener esos momentos de charla y risas con B., así que terminaré hablando con las paredes. Lo cierto es que he estado tan concentrada que se me ha pasado la tarde volando.
Y ahora, haciendo memoria, empiezo a recordar el día completo. Si empezaba a las nueve, he llegado un cuarto de hora más tarde, porque me he dormido. Se debe a que anoche me costó mucho dormir. La culpa es del perrito, que estaba roncando a mi lado, pero ¿cómo iba a echarle? Roncaba como un elefante, y eso que es pequeño. Le estoy malcriando, porque lleva muchas noches que me persigue en cuanto me voy a dormir y no puedo hacer nada porque si no se echa a llorar.
En el desayuno me he encontrado con alguien. He recordado Nochevieja y casi me atraganto con el cruasán. De paso, esa persona me ha recordado a alguien.
Sin quitarme el abrigo he ido a hacer algo por ahí, algo que tenía que hacer. Al volver, me he encontrado con otra persona y me ha respondido a la pregunta que le hice en Nochevieja. Pensaba que no me iba a reconocer después de darme a conocer con una peluca gris y unas ojeras de espanto (me maquillé genial, hasta me daba miedo a mí misma), pero sí que me ha reconocido. Me cae bien, porque es mogollón de simpática. Esto me ha llevado a pensar en la misma persona en quien he pensado a primera hora del día.
En el café ha ocurrido otro tanto, sólo que yo estaba inmersa en una conversación.
Cuando he cogido el coche a la una, me he encontrado con su coche de frente y le he sentido muy cercano. Y al volver he intentado no mirar y, para colmo, no he encontrado más sitios más que uno enfrente (parece ser que todo el mundo está comprando los regalos de Reyes). Después he estado en la peluquería, que no sé aún para qué he ido, porque el pelo se me humedece y riza con la niebla y doy más miedo que en Nochevieja. Al regresar he visto a otra persona que me ha llevado a pensar en la misma persona de las veces anteriores.

Hay tanto en la calle de él... ¿Qué diablos está ocurriendo? Yo no me quiero encontrar con nadie, así no me veré obligada a pensar en él, con todo lo que conlleva. Parece que las estrellas y los planetas se han alineado en mi contra para evitar que me olvide de él. Así no se puede.

58 años atrás

El 4 de enero de 1952 murió mi abuela Paula de una angina de pecho. Se levantó tranquilamente, fue a por el pan y, al volver a casa, se cayó al suelo para no volver a despertar.
Mi padre y sus hermanos eran muy chicos cuando se quedaron huérfanos de madre. A pesar de ser unos niños, mi padre no olvidará jamás esta fecha. Hoy también se ha acordado.
Habrían de pasar muchos años para que mi abuelo volviera a contraer matrimonio en segundas nupcias con una mujer a la que conoció el día de la boda, la abuela que yo conocí, Tomasa.

De haber nacido uno o dos años más tarde, me hubieran llamado Paula.

¿Qué significa...?

A veces es necesario hacerse ciertas preguntas aunque las respuestas sean certeras como balas tocando la diana. Me veo obligada a preguntarme qué significa él para mí. Es que si no significara nada no estaría dándole tantas vueltas a la cabeza, y no es algo de ayer, sino de hace meses.
No me lo había planteado hasta ahora, pero está claro que es alguien muy importante para mí. Y esa es la verdadera razón de peso por la que realmente quiero alejarme de él. También hay otro motivo: después de confesarle lo que sentía me dio la impresión de que me temía, también por eso me quiero distanciar de él, no quiero causarle miedo (en caso de que así fuera).
Estoy tanteando. Al no saber nada de lo que él piensa, creo mis propias hipótesis al respecto. Así que todo puede ser cierto, y todo puede ser erróneo, pues al final todo esto sólo es fruto de mis impresiones y de la observación.
Me gustaría compartir con él tantas cosas... En fin, que sea lo que tenga que ser.

Es hora de ir, más que a dormir, a leer.

Pequeños cambios

A partir de mañana puedo permitirme el lujo de quedarme media hora más en la cama. Aunque ya entraba a las nueve los últimos días, a partir de mañana es oficial que entre a esa hora, excepto los viernes.
Los viernes libraré por las tardes, lo que equivale a decir que podré darme el gozo de una buena siesta. Y ahora sí que no tendré excusa entonces para no salir de fiesta los viernes por la noche.

Me mola que se acabe la Navidad, me mola volver a la rutina, al menos después de esta semana. El miércoles es el cumpleaños de mi madre y tengo que comprarle un regalo (antes del miércoles).

domingo, enero 03, 2010

Ningún 'perdido' anda perdido

"Ningún 'perdido' anda perdido" es una frase que últimamente me repite mi amigo I. a propósito de todas las ocasiones en que he tendido a desaparecer cuando nos vamos de fiesta. Anoche no fue menos. Mis amigos se fueron y yo me quedé una hora más. Estábamos en un bar cuando me llamaron para preguntarme si me quedaba y al salir vi un coche aparcar enfrente del Snoopy. No me quedé a ver la matrícula ni las personas que podrían salir de ese coche. Entré al bar donde estábamos y comprendí que ya he empezado a huir.
He sopesado las posibilidades. Por una parte podría tirarme a su yugular, meterle la lengua hasta la campanilla y hacer el amor con él, perder la noción del tiempo y dejarme llevar por los instintos. Sería un acto barriobajero, ordinario, soez e irrespetuoso. Nunca he hecho algo así y no se me ocurriría. Lo cierto es que los pensamientos son libres y, a veces, como ahora, sólo se quedan en meras ocurrencias que terminan desapareciendo con el aire.
Las personas con las que me quedé me dijeron que no parecía yo, que estaba muy seria y que hablaba poco, y sólo uno de ellos podía llegar a comprender, en parte, el motivo de esa seriedad.
Dicen mis amigos que he empezado bien el año. Anoche tuvimos chuletada en una bodega, conmemorando el próximo enlace matrimonial. Se tanteó a ver quiénes podían ser los siguientes, pero nadie dijo nada. Fue una cena genial. Terminamos jugando al bingo y una servidora cantó bingo tres veces (de seis o siete tandas que jugamos), llevándose el premio gordo del final, donde los cartones valían el doble (estábamos veinte personas). Porque jugábamos con dinero. Algunos me dijeron que debían quererme muy poco si tenía tanta suerte en el juego y otros incluso comentaron la posibilidad de irnos al casino a Logroño. Entre pitos y flautas, gané aproximadamente 50 euros (creo que estoy calculando por lo bajo).

Tengo una imagen en mente que no consigo desechar. Veo una flor solitaria en medio de un paisaje yermo. No crece nada a su alrededor. La flor tiene colores muy vivos, sobrevive con todo lo que la naturaleza le da. El viento la vapuleó la semana pasada y perdió algunos pétalos. Quizás haya llegado un momento en que termine ajándose hasta morir, pero esa flor luchará por no fenecer. Yo creo que se congelará durante meses hasta que encuentre una época más idónea para volver a florecer.
Cuento con gran facilidad para crear metáforas. El significado es fácil: he tomado una decisión que me estremece y duele, pero sé que es lo mejor. Querer a una persona es un sentimiento que florece en toda su inmensidad, sin saber muy bien las razones, pero es algo que está ahí. De repente, cuando sopla un mal aire, en esa especie de tempestad, la flor, que no es otra cosa que el corazón, desea morir. Pero no va a morir más que de manera momentánea. La única medicina para atenuar la tristeza es evitarle a toda costa durante los próximos meses, de ahí que esa flor necesite congelarse durante un tiempo... Y cuando digo 'evitar' me refiero a todas sus consecuencias, con lo que conlleva marcharme de un bar si está él; sólo imaginarlo me duele. Después ya se verá.

Estoy seria e incluso me mantengo distante con respecto a todo el mundo. Tendrá que ser así.

Esta entrada la iba a dejar como borrador y así ha pasado toda la tarde, desde que he empezado en casa después de comer, hasta pulirla en el Madison mientras tomaba un café. Es hora de publicarla.

sábado, enero 02, 2010

‘Che’ Guevara. Las películas

Siempre he pensado que la mirada de una persona la precede. Benicio del Toro tiene, desde mi punto de vista, una de las mejores miradas del cine.
En el papel del ‘Che’ está ni que pintado. Para ver estas dos películas se me fue la pinza y empecé con la segunda parte sin haber visto la primera. Así que tuve que volver sobre mis pasos y empezar por el principio.

"Che, el argentino"

La película corre en dos direcciones diferentes. Por un lado, la supuesta actualidad, donde los fotogramas aparecen en blanco y negro y Ernesto Che Guevara (Benicio del Toro) está siendo entrevistado sobre la Revolución Cubana. Además de la entrevista, también se ve cómo llama, en la sede de las Naciones Unidas y como representante de Cuba, al resto de países sudamericanos a unirse para la liberación de los mismos. La mayoría de líderes del resto de países rechazan la propuesta del ‘Che’. La entrevista, por otro lado, sirve para introducirnos en el flashback, a modo de recuerdos, donde Ernesto Guevara cuenta su visión de la Revolución Cubana, entre 1953 y 1956.
Todo comienza en una comida en México, donde sientan las bases de lo que será la guerra de guerrillas en Cuba. Ernesto se dirige a la isla junto con otros amigos y desembarcan en el sur. Se puede comprobar cómo en los primeros años le cuesta acostumbrarse a las dificultades del monte: el hambre, la enfermedad, la lucha continua contra un ejército (el de Batista) mejor aprovisionado y numeroso en comparación con el Movimiento 26 de Julio, creado por el ya célebre Fidel Castro (Demián Bichir).
‘Che’ es un líder, un líder justo, porque prohíbe que sus soldados degraden a los campesinos cubanos. Ellos buscan la liberación del pueblo cubano y, por tanto, el respeto es primordial. La columna de Ernesto, a medida que va creciendo (porque muchos campesinos se unen a los guerrilleros), crea una escuela y un hospital. El grupo del ‘Che’ no camina por la Sierra Maestra en desbandada, sino que es un grupo bien organizado. Ernesto Guevara sabe lo importante que es la educación e instruye a sus hombres para que no dejen atrás a los heridos.
El Movimiento 26 de Julio se dirige hacia la capital. Ernesto sabe que si toman la ciudad de Santa Clara, La Habana caerá enseguida. Pese a que el ejército de Batista les supera con creces, Ernesto no espera a Camino Cienfuegos (Santiago Cabrera), de tal forma que terminan tomando unos pocos la ciudad de Santa Clara, donde incluso hombres del ejército de Batista se unen a los guerrilleros. Allí lucha a su lado Aleida March (Catalina Sandino Moreno), la que se convertirá en segunda esposa del ‘Che’. Cuando cae Santa Clara, el ‘Che’ y Fidel Castro tienen la victoria cubana asegurada.

"Che, guerrilla"

En esta segunda parte he llorado. No podía ser de otra manera. Es el asesinato vil y cobarde, de cómo quitaron la vida al revolucionario más importante de su época.
En 1966 Ernesto ‘Che’ Guevara entra disfrazado y con otra identidad en Bolivia y se establece en una zona selvática y abrupta, luchando contra la dictadora militar del General Barrientos y buscando ayuda en los campesinos que, por otro lado, no entienden las explicaciones del ‘Che’, ya que son estos mismos campesinos los que finalmente le entregan al ejército.
Cuando dos rebeldes son encontrados en pleno bosque ponen sobre aviso a los militares bolivianos, que, respaldados por aviones y helicópteros norteamericanos, emplean todo su esfuerzo por buscar a los guerrilleros que quieren acabar con la dictadura boliviana y mejorar la vida de los campesinos.
Casi un año duran Ernesto Guevara y sus hombres, casi todos cubanos y considerados por el pueblo boliviano como extranjeros, en la jungla de Bolivia. El ejército, más numeroso y con más facilidades, consigue cercar a los pocos supervivientes guerrilleros. El ‘Che’ es herido en una pierna y le llevan a La Higuera, donde finalmente es asesinado, tras recibir una orden superior.

Las dos películas se basan en los escritos que dejó el 'Che' de su lucha por la libertad de los estados americanos. Creo que sobra la mitad de los tiroteos. Pero en general merece la pena verlas. Benicio sobresale en su papel.

El leprechaun, zapatero de las hadas

Resultado de imagen de leprechaun
Cuatro veces al año la naturaleza se renueva y cambia de estación: el invierno se transforma en primavera, la primavera en verano, el verano en otoño, y el otoño en invierno. En esas cuatro noches las leyes mortales quedan derogadas y durante unas horas la naturaleza se vuelve mágica; los árboles se desplazan de su sitio, los animales hablan y las hadas desfilan por el bosque.
En las horas previas al cambio de estación, las hadas preparan sus cortejos mágicos y se visten con sus mejores galas, se ponen sus trajes de tules y sus zapatitos de raso. Antes de vestirse, adornan sus cabellos con campanillas y borlas de colores y, justo a la medianoche, cruzan con ellos el bosque desfilando en procesión.
Un solo personaje es el encargado de hacer todos los zapatos de las hadas. Es el leprechaun, un ser pequeño y regordete, que va a todos los lados con una sillita y un martillo. Ahí se sienta y elabora durante horas los zapatos de las hadas.
Dicen que el leprechaun fuma en pipa y se ríe por todo. Sin duda, es el ser más elegante de todo el bosque. Viste un largo abrigo de color oscuro y lleva sobre la cabeza un sombrero negro con mucho estilo.
Como las hadas le dan una moneda al final de cada desfile, el leprechaun se va haciendo poco a poco con mucho dinero. Debajo de algún montículo esconde una olla con las monedas de oro, pero todavía nadie ha logrado encontrarla. Dice la leyenda que si lo atrapas y le haces cosquillas, el leprechaun no podrá resistirse y te dará sus monedas. Por esta razón, los hombres que tienen la fortuna de encontrárselo intentan apresarlo para que les confiese dónde oculta su tesoro.

Sin palabras

Alguien me dijo una vez que nadie merece tanto la pena como para llorar por él. Es cierto, pero luchar contra eso, en la práctica, es harto complicado.
Anoche, de repente, me eché a llorar. Puedo hacer como que no pasa nada, pero la tristeza inunda mi interior de tal modo que me resulta imposible luchar contra ella.
Pasará… como todo.

Sonríe, porque éste podría ser el primer día de tu nueva vida

Sobre los tejados de las casas iluminadas de naranja, la estrella de la Navidad se yergue mostrando su calor. Miro hacia aquella estrella, ubicada en lo alto de la torre, y mi mente se llena de recuerdos inconexos del año que terminó. Recuerdos que consiguen sonsacarme una sonrisa, recuerdos que me hieren inexplicablemente.
¿Qué es eso que nos hace sentirnos más tristes o más contentos según qué días? Me pregunto si seguiré abriendo los ojos cada mañana y continuaré sonriendo cuando me recree en su imagen. Me pregunto si seguiré cerrando los ojos cada noche y abrazando a la almohada en busca de su cariño.
No creo que necesite a nadie para ser feliz, pero reconozco que él me brinda una parte de esa felicidad. Entonces no comprendo por qué me siento tan desubicada, con unas insaciables ganas de no encontrarme con él, de evitarle a toda costa. Y seguro que lo haré, aunque soy consciente de que eso me desgarrará el corazón.

Necesito sonreír.

viernes, enero 01, 2010

Propósitos de año nuevo

Siempre que empezamos algo nos llenamos de deseos, de expectativas, de objetivos. 2010 no va a ser menos, pese a que el uno de enero ha sido un día extraño y vacío.
Ayer me enteré de que el 17 de julio tenemos otra boda. Esperaron a Nochevieja para dar la noticia, aunque lo cierto es que, por mi parte, podría haberlo intuido. Mejor que no me lo esperara, así no podría descubrir la sorpresa.
No será 2010 el año que deje de fumar, aunque me lo estoy planteando. Al menos no será el uno de enero.
Me he pasado durmiendo casi todo el día, de ahí que me dé la sensación de no haber vivido hoy. Iba a ver la película de Che, el argentino, ahora que he conseguido la primera parte. Pero ni siquiera tenía cuerpo para levantarme de la cama, encender el ordenador y copiarla al pen. Así que, después de un rato, volvía a estar soñando.
Estoy evitando hablar de cierto tema. Incluso con respecto a él me he propuesto ciertas cosas, como la de mantenerme lejos. Cuando no sabes a qué atenerte, llega un momento en que no esperas nada. Me duele decirlo tan claro, pero es lo que hay. Todo viene y va, incluso los sentimientos.
El comienzo de año viene cargado de buenos deseos, nuevas ilusiones, grandes expectativas. Yo sólo he pedido un deseo para este año nuevo. Quizás sea el año en que me meta en un piso y/o me compre un coche, quizás sea el año en que encuentre el amor, quizás sea el año en que la Furia Roja, tras codearse con los mejores del mundo, se convierta en campeona... Puede ser el año de muchas cosas, lo que ocurre es que los propósitos de año nuevo terminan olvidándose enseguida, justo después de haberlos pronunciado.
Estoy grave físicamente. No es tanto resaca como el dolor de ovarios que unido al cansancio proveniente de la pasada noche parecen haber creado en mi interior una bomba de relojería a punto de explotar.
Creo que ayer volví a las siete. Ni siquiera esperé al desayuno de la chocolatería y todo porque, después de haberme 'perdido' varias veces, no me divertía en ningún sitio. Y eso que el humor va estrechamente unido a mi persona. Ayer conocí a una persona y la saludé de manera parecida a cuando Stanley se encontró en África con Livingstone, cuando se le había dado a éste por desaparecido (o muerto) después de muchos años sin tener noticias de él: "El Doctor Livingstone, supongo". Después de decir su nombre y felicitarle el año, tengo que decir que me cayó bien, aunque no tiene los ojos de su primo.
Mañana por la noche tenemos chuletada, para conmemorar la gran noticia de la boda que tendremos en julio. Son buenos amigos. Cuando digo que yo podía haberlo intuido es porque ella trabaja conmigo y me ha puesto sobre la pista en varias ocasiones, pero ni siquiera me lo había olido. Mejor, porque era la gran sorpresa de la noche.
Pregunté por F. Simple curiosidad. Me alegra saber que todo le va bien, pero siempre desde la perspectiva que me dan terceras personas. Un día quise sentir odio por él, pero no lo conseguí. No quería convertirme en un árbol que se iría pudriendo poco a poco. No puedo odiarle, porque pese a nuestras diferencias él es la única persona a la que he amado de verdad, pese a que me duela reconocerlo, ya mucho tiempo después. A veces me acuerdo de las acampadas en el monte, hace ya muchos años, del calor de aquella hoguera. No puedo decir que hoy se haya convertido en alguien indiferente para mí, pero sí ajeno a lo que es mi vida actual. Me alegro de que las cosas le vayan bien y no hay más. No siento nada bueno ni malo, no siento nada por esa persona que en cierto momento significó algo y, como todo, sólo son fragmentos de un pasado, condenados al olvido.
Olvidado aquel gran amor, mi corazón se abrió en 2009 para dejar entrar a otra persona y he llegado a querer de nuevo.
Es cierto que hoy existe otra persona a la que podría amar con mucha más intensidad, de la que podría enamorarme si se dieran las circunstancias idóneas. Y, con todo, me encuentro en una especie de encrucijada donde me tambaleo de manera constante. De todas formas, he decidido no dar un paso más en su dirección.
Después de haber dormido tantas horas es posible que esta noche me cueste pegar ojo. Siento que tengo el corazón en un puño. Veré una película, que últimamente me entra la somnolencia cuando veo películas.
Propósitos de año nuevo... la misma falacia del primer día del año todos los años.