Cuando salimos de la Basílica de San Marcos, nos dimos cuenta de que no podíamos ir a Murano y Burano, como pensamos en un principio, porque se nos iba a ir el día.
Murano es famosa por su cristal y la isla tiene muchas fábricas de cristal, que se pueden visitar. Pero las casitas de colores de Burano nos llamaban la atención. Además, teníamos ganas de pasear sin más, disfrutar a cámara lenta de los lugares que estábamos viendo. Y es que en ese momento estábamos saturados de arte, así que necesitábamos algo más relajante.
Así que cogimos un vaporetto que pasaría por la isla de Lido, una especie de isla residencial, y cruzamos zonas pantanosas donde no se veía una sola construcción. Tampoco nos planteamos visitar la isla de Torcello, famosa por su antigua basílica y por el trono de Atila.
Burano fue una opción fantástica. Allí pasamos el día y nos gustó mucho la isla. Es cierto que hasta allí también llegan los turistas, pero no hay tanta gente. En realidad descubrimos a la gente en el vaporetto de vuelta al centro de Venecia.
Burano fue refugio de artistas. Es muy pintoresca por sus casas de brillantes colores, por su pescado y por sus encajes. Sus personajes mantienen viva la leyenda de un fiel marinero que se resistió al canto de las sirenas y fue recompensado con un magnífico velo de espuma mágica para su novia, más tarde convertido en encaje, comercio con el que los lugareños ganaron su fortuna y fama en el mundo entero.
Con más de siete mil habitantes y una superficie de 21 km2, la isla de Burano se encuentra a siete kilómetros de Venecia, una media hora en vaporetto.
Además de sus fachadas de colores, destaca el inclinado campanario de la iglesia, dedicada a San Martín, inclinado desde que los cimientos soportados sobre palafitos cedieran.
Su nombre deriva de Boreana, uno de los barrios de la ciudad romana de Altin. Burano además fue poblada por seguidores de Atila y por longobardos.
Los primeros pobladores de Buràn construyeron sus hogares sobre palafitos, con muros hechos de caña y a partir del año 1000 fueron edificadas las primeras casas. Burano incluso gozaba de un clima favorable gracias a la ventilación que expulsaba la malaria. El gobierno local, de tipo comunal, cayó muy pronto bajo la influencia de Venecia, a la que siempre rindió vasallaje.
Existió un Ayuntamiento autónomo hasta 1923, año en el cual fue incorporada a Venecia, junto con Murano y Pellestrina.
Burano también tiene canales y es un placer pasear por la isla entre canales y casas de colores. Obviamente tener una casa propia en esta isla tiene que ser cara de mantener, ya que seguramente tienen normativa propia para pintar las fachadas de las casas a cada poco. Y es que al final es esto lo que atrae al visitante.





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