Nos gustaba tomar un café en las paradas de San Marcos, frente al canal de Giudecca, concretamente en la Riva degli Schiavoni. Allí veíamos pasar a las guías con sus paraguas o banderas de colores, seguidos por cientos de turistas venidos de todo el mundo. Y desde allí también veíamos montar sus carritos a los vendedores de recuerdos de Venecia.
Justo a nuestro lado había una estatua gigantesca, donde la mayor parte de los guías paraban. Se trata de una estatua ecuestre realizada en 1887 por el escultor romano Ettore Ferrari. Se levantó para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de Vittorio Emanuele II (1820-1878), primer rey del Reino de Italia (ya hace unos años tuve ocasión de ver el titánico monumento en su honor que hay en Roma o la Galleria que tiene su nombre en Milán).
Corría el año 1878 cuando Venecia creó un comité para conmemorar al rey Vittorio Emanuele II, recientemente fallecido. Tras llevarlo a concurso con la presentación de 48 bocetos, fue elegido la obra del escultor Ettore Ferrari.
Antes de colocar la estatua en su ubicación actual, una copia de la escultura se colocó en varios lugares de Venecia a ver dónde compaginaba mejor. El monumento fue inaugurado en 1887 en presencia del rey Umberto I y de la reina Margarita de Saboya.
La estatua ecuestre está colocada sobre una base de granito rosa de Baceno y piedra de Istria. Representa a Vittorio Emmanuele II a caballo con una espada desenvainada en la mano, mientras incita a la batalla.
Al pie del monumento, en posición frontal, se encuentran dos alegorías de la ciudad: la Venecia Sometida, maltrecha y prisionera tras la derrota sufrida por la joven República de San Marcos, sosteniendo una espada rota y a sus pies un león mordiendo las cadenas impuestas por Austria; la Venecia triunfante, orgullosa de su libertad recuperada, con el brazo izquierdo extendido hacia delante y una espada en reposo en la mano derecha, flanqueada por un león rugiente que coloca su pata delantera sobre una placa con los resultados electorales del plebiscito del Véneto, mientras con la otra pata destroza el Tratado de Viena de 1815.
En los otros dos lados se representan escenas del risorgimento. Por una parte se encuentra la batalla de Palestro, librada durante la guerra de independencia italiana (en los escalones se encuentra el escudo de la Casa de Saboya), mientras en el otro lado se encuentra representada la entrada triunfal de Vittorio Emmanuele II en Venecia cuando fue liberada del dominio austríaco (en los escalones se encuentran los símbolos de Roma: una loba capitolina y las iniciales SPQR.






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