Picasso nunca llegó a explicar su cuadro más célebre. Es una obra maestra, que se apodera del espectador de una manera extraordinaria. No es lo mismo verlo en los libros de arte, en la televisión o en revistas especializadas. No se abarcan los detalles ni siquiera cuando se tiene a la vista. Impresiona por sus dimensiones, pero sobre todo por el mensaje de caos procedente de una guerra innombrable. Picasso nos muestra el horror de la guerra en blancos y negros.
Cada vez que veo el cuadro siento un profundo desasosiego.
Observas cada figura durante mucho tiempo y sientes la inquietud: inquietud con
las víctimas que yacen en el suelo, inquietud por la señora con brazos en alto
en un edificio en llamas, inquietud por esa madre con el bebé en brazos, el
caballo y los rostros horrorizados. Y un símbolo inconfundible: ese toro
majestuoso que señala hacia nuestro país.
Desconozco por qué ese desasosiego. Lo he visto varias veces
y nunca me canso de mirarlo. No he vivido una guerra, por lo que no me puedo
poner en la situación en que fue gestado por el artista. Y, sin embargo, no
puedo dejar de observar cada detalle, porque cada una de las imágenes que
conforman ese caos en el cuadro quiere infundirnos el terror de una guerra
maldita.
He visto varias veces el cuadro. He recorrido todo Madrid
para ir a la segunda planta del Museo Reina Sofía y me he quedado durante mucho
rato observando esta obra de arte. Una vez fui con mi hermano y, en vez de
observar el cuadro, me quedé mirándolo a él. Impresiona tanto que el cuadro te
atrapa con la fuerza que transmite. Mi hermano se quedó mirando el Guernica durante media hora en silencio.
Se quedó, literalmente, sin palabras.
Hace unos días volví a pensar en el cuadro. Hace tiempo que
no visito el Reina Sofía, aunque haya estado en Madrid. Y he sentido la
necesidad de ver las pinceladas de Picasso de nuevo. Supongo que podré esperar
hasta junio, que tengo pensado visitar Madrid, con ocasión de la Feria del
Libro. Y cuanto más lo pensaba más deseaba visitarlo con una persona. Sólo con
una persona. Ese tipo de sensaciones sólo se pueden compartir con alguien
especial que sepa valorarlo.
Ni siquiera lo he pensado cuando le preguntaba si ha visto
el Guernica en directo. Supongo que
es uno de esos momentos en que habla el corazón y no nos detenemos a pensarlo.
Algo como: “quiero compartir mis
impresiones del Guernica contigo”.
Pero para eso hay que ir a Madrid. Y eso me lleva a pensar en todo lo que me gustaría
visitar con él en Madrid, además del Guernica.
Al final, me traeré el Guernica a La
Rioja. Estoy pensando que un cuadro que me gusta tanto podría decorar una de
las paredes de mi salón. Picasso, Klimt, Matisse, Dalí, Van Gogh, Gauguin,
Cézanne, Degas, Munch… Los anteriores al siglo XX también me gustan, pero tenía
que limitarme a unos pocos años. Hay gente que prefiere poner fotos en su salón, a mí me seduce el arte.
2 comentarios:
Sólo he visto una vez el original y es cuando estaba en El Prado. Sin embargo, veo copias un día sí otro también. De hecho en Gernika, que es donde vivo, hay un mural del cuadro en una de sus calles.
Un besito.
Sólo he estado una vez en Guernica y ya puedes suponer qué estuvimos viendo. Estuve de excursión y de allí fuimos a Bakio.
Así que no pude siquiera callejear. Sería raro que no hubiera una reproducción del Guernica en Guernica.
Besos!!
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