viernes, marzo 13, 2015

Kafka en la orilla

No sé muy bien qué enfoque darle a este libro, una vez lo he terminado de leer. Es tan impactante la historia de sus páginas que creo que cualquier cosa que diga al respecto no estará a la altura del sentido mismo de la novela. Cuando hace diez días tenía ganas de leer a Murakami deseaba volver a sentir plenamente una de sus novelas, para tener ese regusto agridulce del final de una novela de esta envergadura: un sabor amargo porque ya he llegado al final, y dulce porque sus personajes y la trama en sí misma han dejado huella en mí, me hace reflexionar sobre las cosas más sencillas del mundo. Por tanto, todo lo que diga sobre este libro nunca será suficiente.
Además tengo que decir que a partir de la mitad del libro no podía dejar de leer. Tal cual. Simplemente he tenido suerte de que esta semana estaba de vacaciones y podía disfrutar de la historia sin interrupciones. Y me hubiera costado mucho dejarla a medias. Aún tengo otro libro más de Murakami esperándome ya para seguir leyendo. Y es que el autor no me cansa nunca, conecta de una forma extraordinaria con el lector.
La historia en sí es magnífica. Habla de dos personajes interconectados entre sí, que finalmente no se llegan a conocer, pero inevitablemente con sus destinos entrelazados en una única dirección que confluye en Takamatsu, ciudad portuaria de la isla de Shikoku. Estos dos personajes, que originalmente no tienen nada que ver, crean las dos líneas argumentales de la novela.

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Panorámica de Takamatsu

Kafka Tamura es un joven de quince años que un día decide escaparse de su casa en una zona acomodada de Tokio, escapando de su padre y de la profecía que éste un día le echó. Kafka se ha aprovisionado con una mochila muy cargada donde lleva todo lo que un adolescente que se escapa de casa puede necesitar, además del dinero que ha ahorrado. En el autobús a Takamatsu conoce a Sakura, una joven que bien podría ser su hermana. Kafka no tiene más que una foto de su hermana. Cuando tenía cuatro años, su madre -cuyo rostro no recuerda- les abandonó a su padre y a él, llevándose a su hermana mayor. No volvió a saber de ellas. La joven le da su número de teléfono por si Kafka necesitara ayuda en la ciudad.
Kafka se hospeda al principio en alojamientos de estudiantes, pero un buen día llega a la biblioteca conmemorativa Kômura y conoce a Ôshima, un joven que se encarga de abrir la biblioteca y atender a los visitantes y lectores. Ôshima le ofrecerá su ayuda, primero llevándole a una cabaña en la montaña donde Kafka permanecerá unos días, sin poder comunicarse con nadie. Después volverá a buscarle para presentarle a la señora Saeki, la directora de la biblioteca, que le permite dormir en la habitación que hay en el interior.
Ôshima le cuenta la historia de la misteriosa señora Saeki, quien amó al hijo de la familia Kômura, que falleció en la universidad de Tokio en una manifestación. La señora Saeki desapareció durante varias décadas y luego regresó para ocuparse de la biblioteca de la familia de su novio muerto. Es una elegante mujer, además de misteriosa, en cuyo interior pueden verse las reminiscencias de la tristeza. Kafka se pregunta si no podría ser su madre.
La pequeña habitación dentro de la biblioteca, donde se traslada Kafka tiene una pintura de un joven mirando al mar. El muchacho comprende que se trata del novio fallecido de la señora Saeki. Pronto descubrirá que ella además compuso una melodía romántica donde hablaba de su amor: Kafka en la orilla del mar, con un guiño directo a la imagen del cuadro. Poco a poco, y con las visiones de la señora Saeki cuando era una niña de quince años que aparece de noche en la pequeña habitación, Kafka se enamora de la señora Saeki a través de la niña.

A varios cientos de kilómetros de distancia, en la ciudad de Tokio, Satoru Nakata vaga por los callejones. Nakata tiene la especial habilidad de hablar con los gatos, pero no sabe leer ni escribir, recibe la ayuda del Gobierno para discapacitados y sobrevive en una ciudad en la que es complicada la supervivencia para un anciano que no entiende el funcionamiento del mundo.

En plena IIª Guerra Mundial, cuando Nakata era un niño, fue con la maestra y otros alumnos a la montaña del bol de arroz. Habían empezado a recoger setas cuando todos los niños perdieron la conciencia, de forma colectiva. Todos los niños, pero no la profesora, que enseguida fue a pedir ayuda. Los niños recuperaron la conciencia sin recordar nada más, menos Nakata, que pasó dos semanas en coma en un hospital militar y cuando despertó había perdido la memoria y las luces, pero no la inocencia. A cambio, obtuvo unas capacidades especiales como hablar con los gatos y hacer curaciones milagrosas, incluso prevenir ciertas cosas que van a ocurrir.

Ahora, además de la ayuda del Gobierno, también se dedica a buscar gatos desaparecidos y tiene buena fama. Está buscando una gatita perdida cuando oye hablar del extraño señor con sombrero de copa que rapta a los gatos y los hace desaparecer. Cuando llega a su casa, Johnny Walken comienza a comerse los corazones de los gatos que va sacando de una maleta. Sólo le pide que, si quiere recuperar a la gata extraviada, tiene que matarle. Nakata sabe que matar está mal, pero no puede soportar que siga asesinando, ante sus ojos, a más gatos, algunos de ellos a los que conoce porque ha hablado con ellos. Así que coge un cuchillo y asesina a Johnny Walken, pero no se mancha de sangre las ropas, por lo que cuando va a entregarse a un puesto de la policía, el guardia no le cree y le toma por un viejo chiflado.
Es entonces cuando Nakata siente la llamada que le guía hasta la ciudad de Takamatsu, porque tiene algo pendiente que hacer.

La misma noche en que Nakata asesina a Johnny Walken, Kafka aparece en un bosque con las ropas ensangrentadas y no recuerda nada. Llama a Sakura que le acoge en su casa. Pocos días después, se informa en los periódicos que un célebre escultor tokiota, Tamura, ha aparecido asesinado a cuchilladas en su casa. Se trata del padre de Kafka y el joven está siendo buscado por la policía, no como culpable de asesinato, sino para que les dé ciertas aclaraciones e información.

Kafka, que tiene muy presente la profecía de su padre ("matarás a tu padre y te acostarás con tu madre y con tu hermana"), cree que no ha sido él pero sí su mano la que ha ejecutado el crimen, aunque estuviera a muchos kilómetros de distancia de su casa. Sin embargo, en la pequeña habitación de la biblioteca se encuentra protegido, mientras Ôshima le ayuda a sobrevivir.

Un personaje interesante es el joven llamado Cuervo, que viene a ser una superposición del yo de Kafka, una especie de conciencia que le habla desde dentro (tengamos en cuenta que Kafka en checo significa "grajo", y aquí se traduce como "cuervo"). Es una de las muchas metáforas que utiliza el autor en la novela.


Por otro lado, Nakata conoce a un joven camionero, Hoshino, que le acompañará en sus andanzas por Takamatsu. Nakata hace que lluevan peces y caballas del cielo, le cura con sus manos una desviación en la espalda a Hoshino y sobre todo le cuenta que tiene que hacer algo muy importante en esa ciudad: tiene que encontrar una piedra redonda, la piedra de entrada, para que todo vuelva a su lugar original, incluido el mismo Nakata. Será Hoshino, con ayuda de un concepto, el Colonel Sanders, quien encuentre la piedra de entrada y se la lleve a Nakata. Cuando éste mueve la piedra, el mundo se abre a una especie de mundo paralelo.
Kafka se encuentra en la cabaña del bosque y, pese a las advertencias de Ôshino, decide adentrarse en la espesura del bosque, en un camino de no retorno. Entra en un mundo donde no existen los recuerdos ni el pasado, donde ni siquiera existen los nombres de las personas. Entonces recibe la visita de la señora Saeki, que en el mundo real acaba de fallecer, para que regrese al mundo y no pierda su recuerdo.

En la novela se superponen dos mundos: el real y el ficticio. A veces no sabemos si estamos en uno o en otro. Pero las palabras de Murakami son tan magnéticas que nos mantienen inmersos en esa historia magnífica, donde la ternura y la inocencia de los personajes nos trasladan a mundos insospechados.

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Temas recurrentes en el libro son los gatos y la música (por cierto, Hoshino no para de escuchar El trío del archiduque, compuesto por Beethoven), la acción que transcurre entre comidas y sexo, con unas situaciones peculiares a veces y, sobre todo, muy descriptivas (nos describe una vivienda, una calle o la vestimenta de los personajes, el sentimiento de una canción, lo que piensa el personaje o los objetos que se encuentran sobre una mesa). Es verdaderamente magnífica esta novela, totalmente recomendable, y... sigamos disfrutando de Murakami mucho más.

"Porque, cuando nos enamoramos, todos buscamos en la persona amada una parte de nosotros que nos falta. Por eso, al pensar en esa persona, siempre nos ponemos en mayor o menor medida tristes. Nos sentimos como si volviéramos a pisar una habitación añorada que habíamos perdido hace muchísimo tiempo. Es natural (Página 371)".

EL AUTOR:


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Haruki Murakami (Kioto, 1949) estudió literatura en la Universidad de Waseda y regentó durante varios años un club de jazz. Es uno de los pocos autores japoneses que ha dado el salto de escritor de prestigio a autor con grandes ventas tanto en su país como en el exterior. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize. En España, ha merecido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente, concedido por estudiantes gallegos, y ha sido distinguido con la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno español y con el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets Editores ha publicado su libro de relatos Sauce ciego, mujer dormida (II Premio Frank O'Connor), la peculiar obra titulada De qué hablo cuando hablo de correr, y ocho novelas: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Sputnik, mi amor; Al sur de la frontera, al oeste del Sol; Tokio Blues. Norwegian Wood; Kafka en la orilla; After Dark; El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, y, en dos volúmenes, 1Q84.

EL LIBRO:

Título original: 海辺のカフカ (Umibe no Kafuka)
Autor: Haruki Murakami
Traductora: Lourdes Porta
Editorial: Tusquets (14ª edición, octubre de 2014)
Colección: Andanzas nº 618
Número de páginas: 584
ISBN: 978-84-8310-356-2

Valoración: 10/10

RETOS:




Además, lo añado al mes temático: Mes de la Familia.

2 comentarios:

Cova dijo...

Un libro que me gustó mucho. Leyéndote, desde luego, dan ganas de leer a Murakami :)

Besos

K dijo...

Pues estoy ahora con After Dark. Con éste, ya no tengo aquí más libros de Murakami, pero todavía me quedan varios de él que no he leído.

Kafka en la orilla me ha gustado muchísimo. Mucho mucho. Me dio mucha pena que se acabara. Y Nakata me emocionó de principio a fin. Es un anciano tan... adorable...