jueves, marzo 12, 2015

La biblioteca secreta

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Un niño entra a devolver unos libros en la biblioteca municipal y pide unos volúmenes sobre los recaudadores de impuestos del Imperio Otomano. La recepcionista le pide que entre en la sala 107, donde le espera un anciano que le busca varios libros que no pueden salir de la biblioteca. El muchacho quiere irse a su casa, pero decide quedarse media hora a leer. Sin embargo, el anciano le lleva por una especie de laberinto subterráneo para encerrarle finalmente en una mazmorra. Le da el plazo de un mes para que memorice los tres libros que le ha dejado.

El muchacho se convierte en un prisionero, y sus guardianes son el hombre-oveja y una bella muchacha muda. Mientras que el atemorizado hombre-oveja cocina para él unos manjares exquisitos, la joven le anima, por señas, a que no se rinda. Un buen día, el muchacho decide pedirles ayuda para escapar. Es entonces cuando se mezclan ficción con realidad.
Desde mi punto de vista, dicha historia parece sacada de una dimensión onírica, donde se mezclan situaciones reales con otras ficticias, donde el tiempo y el espacio se dilatan o contraen a gusto del subconsciente. De hecho, creo que lo que se encuentra en el subterráneo de esa biblioteca es un nivel de la realidad que está oculto en nuestro yo interior, algo así como los fantasmas interiores que aparecen, por lo general, en situaciones como el sueño o la inconsciencia. Mientras que la tranquilidad y la calma de la parte superior de la biblioteca representan la realidad que todos conocemos, lo que nos rodea, lo que nos tranquiliza. 

"El peligro de los laberintos radica en que, hasta que no avanzas un buen trecho, no sabes si has elegido o no el camino correcto. Y cuando llegas al final y te das cuenta de que te has equivocado, ya suele ser demasiado tarde para retroceder".

LOS AUTORES:

Haruki Murakami (Kioto, 1949) es el más popular y prestigioso autor japonés vivo, ganador de numerosos premios literarios dentro y fuera de su país. Nieto de un monje budista e hijo de profesores de literatura japonesa, estudió en la Universidad de Waseda pero se formó sobre todo escuchando jazz, viendo películas de Hollywood y leyendo a autores como Richard Brautigan, Kurt Vonnegut o Jack Kerouac. Ese fervor por la cultura norteamericana lo llevó a dirigir durante años un club de jazz y después a traducir a autores como Raymond Carver, J.D. Salinger, John Irving, Francis Scott Fitzgerald, Truman Capote o Paul Theroux. Escribió su primera novela, Kaze no uta o kike (Oye cantar al viento), a los 29 años y ganó con ella un premio literario. Después vendrían libros notables, mezcla de realismo y de fábula, como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Tokio Blues (Norwegian Wood), Kafka en la orilla, 1Q84. Murakami es también un apasionado maratonista, y ha escrito un libro para contar su relación con ese deporte: De qué hablo cuando hablo de correr.

Kat Menschik (Luckenwalde, RDA, 1968) estudió diseño comunicacional en Berlín y París. A mediados de la década de los 90 fundó con su colega Jan Hülpüsch la editorial Millionen y la legendaria revista de cómics A.O.C. En 1999 empezó a trabajar como ilustradora de la edición dominical del Frankfurter Allgemeine Zeitung y de revistas como Stern y Mare. Una década más tarde se había consagrado como notable ilustradora de libros, entre los que destacan los tres de Haruki Murakami: Schlaf (Sueño, 2009), Die Bäkereiüberfälle (Asaltos a panaderías, 2012) y Die Unheimliche Bibliothek (La inquietante biblioteca, 2013).
"Las imágenes de Kat Menschik son de verdad diferentes y únicas -escribió Haruki Murakami-. Es precisamente ese sentido de otredad el que como autor quiero evocar en mis lectores".
EL LIBRO:

Título original: Fushigina Toshokan
Autores: Haruki Murakami (narración) y Kat Menschik (ilustraciones)
Traductora: Lourdes Porta
Editorial: Libros del Zorro Rojo (1ª edición, noviembre de 2014)
Número de páginas: 63
ISBN: 978-84-942918-0-7

Valoración: 10/10

RETOS:




Finalmente, lo incluyo en el mes temático: Mes de la Familia.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

Me gustó, K.

K dijo...

A mí también. Mucho.