Últimamente tengo contactos con gente cercana a él, sin mucho interés. Recuerdo cuando ayer aparecí en su oficina a una hora que podía estar allí, y no estaba. Eché una ojeada rauda a su mesa, vacía, demasiado fría sin él, demasiado grande. Recordé el día en esa misma oficina, cuando apoyé las manos en la mesa, mirando la pantalla de su ordenador con muy rostro muy cerca del suyo, absorbiendo todas y cada una de sus palabras. Recuerdo nítidamente cómo me obligué a centrarme en su voz cuando sentía un deseo irracional, tanto que aún recuerdo con total claridad la ropa que llevaba aquella tarde, cómo iba peinado, el desorden ordenado de su mesa...
Ayer me envolvió el calor de esa oficina, y sonreí porque él es friolero. Aunque en ese momento no estuviera.
Hoy de nuevo he quedado con una persona de su oficina. Él no hubiera quedado conmigo tan temprano. Nos hubiéramos citado a media mañana y es posible que hubiéramos terminado con un café de esos que duran horas (como la otra vez).
He recordado también lo poco que tardó en devolverme la llamada el último día.
Le añoro y quiero creer que él también me añora a mí.
Cada día revivo ese momento en que las yemas de mis dedos rozaron la piel suave de su espalda... Cada día me estremezco al recordar ese instante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario