El libro de anoche me influyó positivamente, tanto que hoy no tenía esa nefasta sensación de lunes.
Así que, tras varias llamadas, he terminado en la oficina del ángel, pero él no estaba. Tampoco había quedado con él, así que en cuestión de segundos ya me había marchado porque sólo he ido a dejar un papel.
No lo he pensado hasta ahora, cuando estaba en el coche y he visto el suyo enfrente, justo enfrente. Adoro saber que él está tan cerca...
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