
No hace mucho estuve en Cuzcurrita, una de esas poblaciones
señoriales con mucho encanto. Estuve por cuestiones de trabajo, aunque es un
municipio que nunca dejará de sorprenderme. Hace dos días salía en el periódico
por el pleito a la constructora de una urbanización que se encuentra en los
cimientos aún, paralizada debido a esas manos de guante blanco que proliferan
en nuestro país en abundancia.
Y me acordé que la última vez que estuve, allá por finales
del mes de enero, cogí unos trípticos sobre la historia del pueblo.

Cuzcurrita tiene una población de 504 habitantes, población
que se ve triplicada en época estival debido a la ingente cantidad de
urbanizaciones que se han erigido en la última década. Tiene una superficie de
19,17 km2, lo que no es mucho, dadas las circunstancias. Siendo mi pueblo más
grande en extensión y en habitantes, sigue pareciéndome Cuzcurrita más cercano
a una ciudad (sin serlo), pero podría calificarse perfectamente de ‘pueblo
grande’. Quizás se deba a la multitud de casas señoriales que quitan la
respiración, casas cerradas a cal y canto, con sus aldabas de hierro oxidadas,
con sus imponentes escudos, con los postigos cerrados. Y, sin embargo, aún no
he visto una de esas casas señoriales en estado de ruina. Se encuentran en el
centro del pueblo, un cúmulo de casas de piedra sillar, la mayor parte
restauradas.

Cuzcurrita pertenece a la comarca de Haro, famosa porque fue
la primera localidad española que instaló el alumbrado público (pero esto es
otra historia), aunque sobre todo por ser la Capital del Vino. En tan sólo un
recorrido de once kilómetros puedes plantarte en medio de varias de las bodegas
con más renombre de La Rioja.
Cada vez que voy a Cuzcurrita me permito caminar entre sus
antiquísimas piedras. Merece especial atención hablar de su historia.
El documento más antiguo sobre el que se tiene constancia
sobre Cuzcurrita data del año 1062 y es una Real Cédula emitida por el monarca
Sancho Garcés IV de Navarra en la que cedía varias casas realengas de Zarratón
al noble García Garcei. En este documento aparecía el topónimo “Coscorrita”.
Cuzcurrita, en la Edad Media, fue plaza fuerte. La villa
estaba amurallada, además de tener su castillo extramuros. En el siglo XVI,
reinando Felipe II de España, Pedro Velasco, noveno Señor de Cuzcurrita, por su
matrimonio con Marta de Rojas y Osorio, fundaron mayorazgo, esculpiendo sus
armas en la puerta de entrada del castillo, tal y como puede verse en la
actualidad.
Cuzcurrita formó parte de Burgos hasta la creación de la
nueva provincia de Logroño en 1833, pasando al partido judicial de Haro en
1834. Tiene diversos lugares de interés.

El Rollo
El Rollo se ubica en el monte El Bolo a las afueras de la
villa. Era un monumento conmemorativo de la concesión del villazgo y servía
para ajusticiar a los condenados.

Iglesia de San Miguel
La Iglesia de San Miguel está en la Plaza Mayor. Fue construida
durante el siglo XVIII en estilo barroco riojano. Es característica su fachada
curvilínea, “obra maestra del barroco de movimiento en La Rioja”, según el
especialista J. Manuel Ramírez. Fue declarada Monumento Nacional en 1978.

Interior de la iglesia de San Miguel
El interior de la iglesia de San Miguel es un pequeño museo
de obras barrocas y neoclásicas, entre las que destacan la Virgen del Rosario,
la Inmaculada y un Calvario.

Ermita de Nuestra Señora de Sorejana
La ermita de Nuestra Señora de Sorejana se encuentra a dos
kilómetros y medio de Cuzcurrita. De estilo románico y construida en el siglo
XIII, posee una bella portada con arquivoltas decoradas con capiteles
historiados y zoomorfos.
En 1986 unas excavaciones descubrieron una necrópolis de
sesenta tumbas en las inmediaciones de la ermita.
La otra ermita, de Nuestra Señora de Tironcillo, se
encuentra a tres kilómetros del municipio, aguas abajo del río Tirón. Fue construida
a mediados del siglo XVIII en estilo barroco.
Respecto del arte civil, Cuzcurrita cuenta con un casco
urbano muy bien conservado, en el que se observan numerosos edificios de piedra
de sillería con escudos de armas o linajes, primorosamente labrados.


Castillo de los Velasco y Torre del Homenaje
Aunque no se conservan restos, la disposición urbanística de
Cuzcurrita denota que fue un lugar amurallado durante la Baja Edad Media.
El castillo
de los Velasco aprovecha el río y un arroyo molinar como foso de defensa. Si bien
su buena apariencia actual es fruto de restauraciones, se ha podido estudiar su
estructura original, datándose a finales del siglo XIV.


Castillo de los Velasco
Construido por la familia Suárez de Figueroa, es un recinto
amurallado con cubos en los ángulos. Su planta es cuadrangular con espolones en
el centro de cada paño. En los ángulos hay estribos redondos. En el centro se
halla la esbelta torre del homenaje de planta cuadrada.


En el siglo XIX, con motivo de las leyes que abolieron
señoríos y mayorazgos, el castillo siguió siendo propiedad durante unos años de
los descendientes de la familia Velasco-Rojas. Posteriormente, se vio sometido
a sucesivas compras y ventas, hasta que en el año 1945 sus nuevos propietarios
lo restauraron y acondicionaron como vivienda.


Ribera del río Tirón y puente de finales del siglo XV
En Cuzcurrita se puede disfrutar de la naturaleza, con
hermosos paseos por las riberas del Río Tirón, llenos de arbolado, flora y
fauna propias del medio acuático (adelfillas pilosas, ranúnculos, lirios,
ranas, libélulas…).
Cuzcurrita mantiene los nombres originales de sus calles,
plasmados en azulejos que se conservan desde 1865.

Plaza Mayor y Ayuntamiento
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