Tenía que hablar con él y no me apetecía mucho. En realidad, sí que me apetecía, sólo que me iba a sonrojar. Así que he tenido que pensar únicamente en trabajo, con el fin de que el resto no afectara a lo que estaba diciendo.
Él hablaba y yo estaba en mi burbuja, absorbiendo todas y cada una de sus palabras, subyugándome con esa voz tan sensual, e intentando no pensar en lo que le escribí el jueves. No vaya a ser que me ponga a tartamudear por los nervios.
Es adorable. Él es un ángel. Ni en cien vidas podría amarle todo lo que se merece. Me pregunto si él pensaba también en mis palabras.
Adoro saber de él de vez en cuando. Aunque me tiemble la voz.
Adoro saber de él de vez en cuando. Aunque me tiemble la voz.

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