Siempre he pensado que dormir es uno de esos pequeños placeres de la vida. A mí me gusta dormir, aunque generalmente suelo levantarme con el primer toque de la alarma. Si no lo hiciera inevitablemente esos “cinco minutos más” hacen que llegue tarde.
También me gustan las siestas, aunque llevo mucho tiempo sin echarme una siesta. Me gustaría ser capaz de echarme siestas de veinte minutos, pero cuando me duermo en la sobremesa me suelo quedar más de una hora. Últimamente soñaba tanto que las siestas se alargaban y me costaba mucho abrir los ojos y volver a pisar tierra firme. Abría los ojos, pensaba en un ángel y sonreía inevitablemente. Quizás porque aún quedaban los resquicios de un sueño en donde aparecía él. Sigo soñando con él.
Lo que más me gusta de dormir es soñar. Aunque luego cueste mucho desvincular el sueño de la realidad. Y me gusta describirlo después, quizás porque no quiero que se me escape nada, porque son momentos que simplemente me llevan a saborear un prurito de felicidad. En el fondo soy una soñadora. Unido a la vasta imaginación, es una bomba de relojería. Soy consciente. En el colegio siempre era elegida para realizar trabajos que conllevaran cierta creatividad.
Lo que ocurre es que no me gusta dormir abrazada a la almohada. A mí me gustaría dormir abrazada a un ángel, escuchar su respiración, sentir el tacto de su piel, acariciarle el rostro, cubrirle de besos cada noche en la oscuridad y cada mañana al amanecer. Me gustaría que se cumplieran aquello que decía una canción, creo: “Hoy dormiré con los ángeles y soñaré contigo, pero llegará un día en que soñaré con los ángeles y dormiré contigo”. No sé cuál es la diferencia, quizás está en el singular. Me refiero a que él es un ángel de mirada perfecta.
Echo de menos la magia y sin embargo siento que estoy rodeada de magia. Sé que mis palabras, recién escritas, contienen magia, quizás porque llegan desde el corazón y ese corazón, desgastado por las grietas que origina la nostalgia de lo que no se ha tenido, ama como jamás antes ha amado. Como creo que nunca llegará a amar.
Dormir otra vez y despertar junto a él... Abrir los ojos y que todo haya sido un sueño...
Las tardes de martes y de viernes son tardes de siesta, pero últimamente prefiero aprovechar el tiempo. Tengo una amiga francesa que piensa que "mientras dormimos no vivimos" y creo que algo de razón tiene.
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