
Ayer mi hermano y yo madrugamos para irnos a Urueña (Valladolid). Inaugurada en marzo como Villa del Libro, el pueblo que alberga poco más de 100 habitantes se ubica dentro del recinto amurallado de un castillo medieval, enclavado en un altozano estratégico desde donde se contemplan perfectamente los alrededores.
Desde las almenas, las vistas de la llanura se pierden en la lejanía. Y del castillo se conserva casi toda la muralla y la Torre del Homenaje.
Dentro hay un pueblo exquisito, casi íntegramente agrícola, cuyas casas derruidas se reconstruyen para albergar futuras librerías quizás. Las casas de piedra con inmensas puertas de madera con grandes aldabas de bronce contrastan con las fachadas de factura moderna. Sus calles empedradas llevan a las puertas de la muralla...
Urueña fue, hace unas décadas, el pueblo más pequeño que tenía librería, solo una. Ahora tiene once, casi todas especializadas, con libros de segunda mano y ejemplares descatalogados. En la actualidad vive más del turismo que de la agricultura. Es evidente que los restaurantes y las tiendas son novísimos. Pero antes de convertirse en Villa del Libro, Urueña ya atraía a gentes de otros lares, bien por su impresionante castillo, bien por los cuatro museos que tiene: el etnográfico que contienen más de 600 instrumentos musicales antiguos, coplas de ciego y grabados de trajes regionales; el museo de las campanas, campanas de iglesia recopiladas por Joaquín Díaz, músico oriundo del pueblo; la evolución de la escritura y el libro; y una sala de exposiciones temporales que cambia cada año en el mes de julio (la que hay ahora está dedicada al cuerpo humano por dentro y por fuera).
Merece la pena para ir un día, aunque con una jornada basta pues no es mucho lo que hay que ver. De lo que no cabe duda es que volverás con libros.

Desde las almenas, las vistas de la llanura se pierden en la lejanía. Y del castillo se conserva casi toda la muralla y la Torre del Homenaje.
Dentro hay un pueblo exquisito, casi íntegramente agrícola, cuyas casas derruidas se reconstruyen para albergar futuras librerías quizás. Las casas de piedra con inmensas puertas de madera con grandes aldabas de bronce contrastan con las fachadas de factura moderna. Sus calles empedradas llevan a las puertas de la muralla...
Urueña fue, hace unas décadas, el pueblo más pequeño que tenía librería, solo una. Ahora tiene once, casi todas especializadas, con libros de segunda mano y ejemplares descatalogados. En la actualidad vive más del turismo que de la agricultura. Es evidente que los restaurantes y las tiendas son novísimos. Pero antes de convertirse en Villa del Libro, Urueña ya atraía a gentes de otros lares, bien por su impresionante castillo, bien por los cuatro museos que tiene: el etnográfico que contienen más de 600 instrumentos musicales antiguos, coplas de ciego y grabados de trajes regionales; el museo de las campanas, campanas de iglesia recopiladas por Joaquín Díaz, músico oriundo del pueblo; la evolución de la escritura y el libro; y una sala de exposiciones temporales que cambia cada año en el mes de julio (la que hay ahora está dedicada al cuerpo humano por dentro y por fuera).Merece la pena para ir un día, aunque con una jornada basta pues no es mucho lo que hay que ver. De lo que no cabe duda es que volverás con libros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario