miércoles, agosto 01, 2007

A mi padre

Dice uno de los sagrados mandamientos que hay que honrar a los padres. Seguro que yo no he sido una buena hija en muchas ocasiones, incluso me he llegado a desviar del camino marcado para volver a cogerlo más adelante. Quizás no sea la hija que esperaba mi padre. Nadie termina siendo como nuestros padres desean, a lo sumo podemos ser una especie de proyecto de ellos mismos. Sí, es posible que mi padre no esté contento muchas veces con mis acciones y que durante un tiempo insistiera en llevarle la contraria por el simple hecho de demostrarle que no tenía más razón que yo. Sin embargo, el tiempo me demostró que la mayor parte de las veces sí que tenía razón. Mi padre pasó de ser un guía a ser un amigo.
Mi padre es una de las personas más admirables que he conocido. Me ha enseñado tantas y tantas cosas... y lo que sigo aprendiendo de él todavía hoy. Quizás no esté para darle un tirón de orejas, ni para comer uno de los pasteles rellenos que todos los 1º de agosto trae a casa, pero estoy con él y le mando desde aquí un enorme beso. Porque se lo merece.

F E L I C I D A D E S

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