martes, agosto 21, 2007

Tiahuanaco: ¿La ciudad más vieja del mundo?

“Pregunté a los nativos si estos edificios habían sido construidos en época de los incas y se echaron a reír, afirmando que habían sido creados mucho antes y que, según los relatos transmitidos por sus antepasados, todo cuanto se veía había aparecido súbitamente de la noche a la mañana”. (Pedro Cieza de León)
En mayo de 1958, Roger Delorme, un periodista francés que venía de La Paz, descubrió en una explanada arenosa las ruinas de una ciudad: Tiahuanaco. Este hombre conocía la historia inca y las tradiciones de los valles andinos. Había visitado Cuzco, Pachacamac, Ollantaytambo y se había quedado admirado por las colosales construcciones de piedras gigantes. Las antiguas ciudades incas, Machu Picchu en concreto, le habían impresionado sobre todo por la majestuosa armonía a pesar de sus dimensiones. Pero en Tiahuanaco, frente a las piedras y estatuas dispersas a lo largo de muchos kilómetros, frente a la Puerta del Sol, Delorme experimentó una influencia indescriptible, superando así todas las emociones que había sentido en otros lugares. Tiahuanaco guardaba un extraordinario secreto que el espíritu humano no podía definir. El periodista permaneció varias semanas en el altiplano boliviano, a 4000 metros de altitud, intentando dar un sentido lógico y científico a las parábolas, imágenes y petroglifos que surcaban aquella región. En los alrededores, personajes monolíticos en piedra, con grandes orejas y manos de cuatro dedos, contemplaban con su mirada vacía al visitante que intentaba descubrir su mensaje.
El origen de Tiahuanaco se pierde en los milenios. Los incas, durante la conquista de Perú, afirmaban que siempre habían conocido la ciudad en ruinas. Los aymaras, la raza más antigua de los Andes, decían que era la ciudad de los primeros hombres de La Tierra y que había sido creada por el dios Viracocha antes del nacimiento del sol y las estrellas.
Los rostros de bocas profundas y ojos redondos se abren paso entre los muros como si de un parto se tratase. Sus cráneos han quedado al otro lado, deformados, violentos, como si quisiesen advertir al viajero con su mensaje. Son dioses inmóviles, gigantes que se han convertido en un desafío a la lógica y al tiempo.
El análisis detallado de las figuras de la Puerta del Sol y su colocación ratifica que fue construida para recrear un efecto concreto de sincronía con el astro rey. Investigadores y científicos llegaron a la conclusión de que la puerta fue erigida cuando la oblicuidad de la elíptica se situaba en 23º 8’ 48’’, datos que coinciden exactamente con una fecha remota: 15.000 años antes de Cristo.
Sea como fuere resultan extraños muchos de los animales grabados en las piedras, puesto que es una fauna impropia de los Andes. Muchos de estos seres podrían haberse extinguido con el paso de los siglos.
También es inexplicable cómo a esta altitud, con el cuerpo humano al límite de su esfuerzo físico, y sin conocimiento de la rueda, se trasladaron estas gigantescas y pesadas piedras y cómo es posible que trabajaran los bloques con tal limpieza de corte. Son muchas las incógnitas sobre esta misteriosa ciudad, cuya cultura se desconoce. Sin embargo, sus huellas están ahí, imperturbables ante el paso del tiempo.
El enigma sigue vigente en esta extraña ciudad perdida. No hay rocas en las proximidades, así que cabe preguntarse de dónde sacaron los materiales utilizados en la construcción de la ciudad y con qué medios se transportaron estas piedras monumentales hasta aquí. Los misteriosos constructores no disponían de animales de tiro y no conocían la rueda ni el hierro.

¿Por qué se abandonó la ciudad, cuyos edificios aparecen inacabados?

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