
En la gran mayoría de películas que vemos el amor siempre aparece, bien adquiriendo protagonismo, bien en sus modos más pastelosos, quizás apartándose a un segundo plano, o quizás apenas perceptible. Si nos paramos a pensar en todas las películas que hablan de amor no acabaríamos nunca. Una simple mirada basta para hacernos partícipes de esa relación implícita entre dos seres humanos, aunque después no se diga nada al respecto.
Bien, esta película es de amor, pero está tratada de una manera muy especial. Viene a tratar más bien el sentido de ese amor, su significado, sobre todo porque ya se nos deja claro desde el principio que los dos protagonistas se quieren con locura, pero a veces... se pone a prueba ese amor. Tan seguros estamos de lo que tenemos que terminamos dudando y, en el peor de los casos, perdiéndolo.
Rob (Karl Urban) y Lucinda (Danielle Cormack) son dos amantes que viven en una cabaña que se cae a pedazos en medio de un prado, el inmenso prado donde pastan sus vaquitas.
No importa fregar la vajilla mientras están desnudos en una bañera al aire libre, no importa estar alejados de la civilización si tienen todo el campo para ellos solos. No importa carecer de elementos imprescindibles. Y menos importa todavía que, durante la noche, les hayan robado el edredón. Se tienen a ellos mismos y con eso basta. También tienen a las vacas
y a Nigel, un perro que padece agorafobia y siempre está tapado con una caja de cartón.
Lucinda vive para su amado y Rob vive para la muchacha. Nunca han planeado tener hijos. Sin embargo, Lucinda tiene un extraño hobby: colecciona zapatitos de niño y los guarda en una maleta que Rob tiene prohibido tocar.
Su mejor amiga se llama Drosófila. Vive en una caravana en medio de ninguna parte y aconseja a Lucinda sobre su amor, un amor que pondrá a prueba en el momento en que Rob le entregue un anillo de compromiso. Drosófila le recomienda a Lucinda que debe hacer enfadar a su novio. Y la ingenua Lucinda sigue los pasos marcados por su amiga. Pero enfadar a Rob resulta difícil. Cuando él le levanta la voz, enseguida le pide perdón hasta que ¡¡vende sus vacas
!!
Una noche, unos indígenas les roban el edredón mientras duermen. Lucinda le dice a su novio que habrán sido los Jackson, que cuando era pequeña y pasaba algo extraño en la noche su madre siempre le decía que habían sido los Jackson. Han desaparecido todos los edredones de la zona. Un día, caminando por la carretera, Lucinda pasa junto a una casa donde una anciana sacude un edredón... ¡su edredón! Y se lo pide, pero la anciana no quiere dárselo. Y cuando se hace de noche se propone espiarla, pero se encuentra con los numerosos y fornidos sobrinos de la anciana, que está durmiendo bajo una enorme montaña de edredones.
La viejecita se despierta y le dice a Lucinda que si quiere el edredón deberá darle algo a cambio, tendrá que sacrificarse y cambiárselo por lo que ella considera más valioso. Y ella le entrega las vacas
de Rob.
Rob se enfada de verdad y abandona a Lucinda. Faltan pocos días para la boda. El perro guía a Lucinda hasta donde se encuentra su novio y dejando las marcas de los zapatitos de niños le cuida mientras está fuera de casa. Él cree que son los Jackson, los que hacen cosas inexplicables por la noche, y además son muy pequeños.
Lucinda va a ver a la anciana para pedirle las vacas
. De nuevo la anciana le dice que tiene que sacrificarse y darle lo más valioso para ella. Es la segunda oportunidad. Lucinda le entrega un colgante de su bisabuela, pero entonces la anciana le quita el anillo de compromiso: ¡eso es de verdad lo más valioso! Pero Lucinda no quería desprenderse del anillo porque entonces perdería a Rob.
Rob despierta en medio del prado rodeado de los mugidos de sus vacas
. Cree que todo ha sido una pesadilla. Cuando Lucinda lleva la maleta con los zapatitos de niño, se la entrega a Drosófila para que se la dé a Rob. Sin embargo, la supuesta amiga no lo hace. Solamente quería que se enfadaran y separaran para quedarse con el novio. Lucinda espera la vuelta de Rob, pero éste sigue enfadado y termina celebrándose una boda india, pero Rob se casa con Drosófila. Lucinda no lo puede soportar. Con ayuda de los sobrinos de la anciana, intenta hacerle ver a Rob que está equivocado, pero entonces se da cuenta de que está cambiado, que ese no es "su Rob" y le echa de su casa. Rob vuelve a la caravana de Drosófila, parada junto a un lago y decide nadar dejando a Drosófila en la orilla. Del lago empiezan a salir zapatos de niño y Rob encuentra la maleta en el fondo. Entonces se da cuenta del error y de las mentiras de Drosófila.
Entonces decide ir a pedir perdón a Lucinda y, en el camino, se encuentra con la viejecita, que le da el edredón, al que ha cosido la alianza de compromiso. Cuando él se presenta, ella le dice que es la señora Jackson...



Bien, esta película es de amor, pero está tratada de una manera muy especial. Viene a tratar más bien el sentido de ese amor, su significado, sobre todo porque ya se nos deja claro desde el principio que los dos protagonistas se quieren con locura, pero a veces... se pone a prueba ese amor. Tan seguros estamos de lo que tenemos que terminamos dudando y, en el peor de los casos, perdiéndolo.
Rob (Karl Urban) y Lucinda (Danielle Cormack) son dos amantes que viven en una cabaña que se cae a pedazos en medio de un prado, el inmenso prado donde pastan sus vaquitas.
No importa fregar la vajilla mientras están desnudos en una bañera al aire libre, no importa estar alejados de la civilización si tienen todo el campo para ellos solos. No importa carecer de elementos imprescindibles. Y menos importa todavía que, durante la noche, les hayan robado el edredón. Se tienen a ellos mismos y con eso basta. También tienen a las vacas
Lucinda vive para su amado y Rob vive para la muchacha. Nunca han planeado tener hijos. Sin embargo, Lucinda tiene un extraño hobby: colecciona zapatitos de niño y los guarda en una maleta que Rob tiene prohibido tocar.
Su mejor amiga se llama Drosófila. Vive en una caravana en medio de ninguna parte y aconseja a Lucinda sobre su amor, un amor que pondrá a prueba en el momento en que Rob le entregue un anillo de compromiso. Drosófila le recomienda a Lucinda que debe hacer enfadar a su novio. Y la ingenua Lucinda sigue los pasos marcados por su amiga. Pero enfadar a Rob resulta difícil. Cuando él le levanta la voz, enseguida le pide perdón hasta que ¡¡vende sus vacas
Una noche, unos indígenas les roban el edredón mientras duermen. Lucinda le dice a su novio que habrán sido los Jackson, que cuando era pequeña y pasaba algo extraño en la noche su madre siempre le decía que habían sido los Jackson. Han desaparecido todos los edredones de la zona. Un día, caminando por la carretera, Lucinda pasa junto a una casa donde una anciana sacude un edredón... ¡su edredón! Y se lo pide, pero la anciana no quiere dárselo. Y cuando se hace de noche se propone espiarla, pero se encuentra con los numerosos y fornidos sobrinos de la anciana, que está durmiendo bajo una enorme montaña de edredones.
La viejecita se despierta y le dice a Lucinda que si quiere el edredón deberá darle algo a cambio, tendrá que sacrificarse y cambiárselo por lo que ella considera más valioso. Y ella le entrega las vacas
Rob se enfada de verdad y abandona a Lucinda. Faltan pocos días para la boda. El perro guía a Lucinda hasta donde se encuentra su novio y dejando las marcas de los zapatitos de niños le cuida mientras está fuera de casa. Él cree que son los Jackson, los que hacen cosas inexplicables por la noche, y además son muy pequeños.
Lucinda va a ver a la anciana para pedirle las vacas
Rob despierta en medio del prado rodeado de los mugidos de sus vacas
Entonces decide ir a pedir perdón a Lucinda y, en el camino, se encuentra con la viejecita, que le da el edredón, al que ha cosido la alianza de compromiso. Cuando él se presenta, ella le dice que es la señora Jackson...
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