Déjà vu (ya visto) o paramnesia describe la experiencia de haber sido testigo previamente de una situación nueva. ¿Quién no ha pensado alguna vez: "esto ya lo he vivido"?
Si tengo que poner una nota a esta película le daría un 10. Hacía tiempo que no veía algo que mereciera la pena. Ésta es una película que te hace pensar, con un final completamente inesperado.
Como nota interesante, la película está dedicada a todas las víctimas que perecieron y sufrieron a causa del huracán Katrina que asoló el Estado de Louisiana en agosto de 2005.
Una bomba hace saltar por los aires un ferry de la Marina estadounidense en Nueva Orléans mientras navega por el Mississippi. Los marineros estaban celebrando una fiesta en el barco, rodeados de familias enteras. En total hay 543 víctimas mortales.
Doug Carlin (Denzel Washington) es un agente federal que se acerca, anonadado, al lugar del accidente y comienza a investigar. Todavía no se ha hecho una idea concreta de la inmensidad del crimen que se ha perpetrado. Con su compañero Larry Minuti de vacaciones, debe aliarse con el FBI para descubrir al responsable. Entonces se pone a trabajar en un equipo informatizado de agentes, bajo la dirección de Andrew Pryzwarra (Val Kilmer).
Algo no le cuadra. El cadáver de una joven, Claire Kuchever (Paula Patton), aparece en el río, carbonizado, antes de la explosión. Después de dar el pésame a su padre, consigue la llave del piso de la chica donde descubre una pistola y restos de sangre, que le llevan sobre la pista de que ha sido asesinada en su casa y que es obra de la misma persona que ha hecho explotar el ferry.
En una sala llena de ordenadores, los agentes del FBI le explican a Doug que están reestructurando lo que ha pasado desde cuatro días antes, que es algo que no puede dar marcha atrás y desde ahí llegarán al momento antes de la explosión, para descubrir al asesino. Pero la mente calculadora de Doug sabe que le ocultan algo. De repente, saca un láser del bolsillo y lo enfoca hacia Claire. Ella ha visto la luz. Entonces Doug exige que le expliquen lo que está ocurriendo. Pueden ver el pasado, pero no pueden cambiarlo. "Todo transcurre como un río que sigue su curso, pero si encuentra un obstáculo podría desviarse y correr por un cauce paralelo, con la posibilidad de que su primera ruta desaparezca". Doug se da cuenta de que sería posible avisarse a sí mismo del atentado y les convence para enviar una nota que no llega a tiempo. Quien la encuentra es su compañero Minuti y se dirige hacia el asesino, que no tendrá reparos en dispararle y prenderle fuego, aún vivo.
Desde la sala del FBI todos ven lo que está ocurriendo, o más bien, lo que ocurrió hace tan solo unos días. Y también ven la cara del asesino que, identificado y detenido, confiesa su crimen, pero en vez de sentirse arrepentido se cree un héroe. El FBI cierra el caso. Pero Doug no está contento. Cree que con esa máquina del tiempo todavía se puede hacer algo más: no permitir que el barco estalle. Así que decide viajar al pasado, sabiendo que puede morir, pero al menos habrá intentado no solo salvar la vida de la chica sino las de todos los viajeros del ferry. Transportado directamente a un hospital porque el "viaje" le produciría una parada cardíaca, es reanimado y se pone en contacto con Claire. Se da cuenta de todo lo que ha visto en casa de ella, de que todo está ocurriendo tal y como acontecerá unas horas después: sus huellas en el piso de Claire, las letras del frigorífico formando unas simples palabras: "Sálvala", la sangre, la pistola, la ambulancia, el vestido de Claire... Parece que todo iba a ocurrir tal y como estaba predestinado, pero consiguen llegar al ferry y al coche donde está la bomba, que lo arrancan, hundiéndolo en las aguas. Claire se salva, pero Doug no consigue salir y el coche estalla en el río, lejos del barco.
Claire está en el muelle porque alguien la va a tomar declaración de lo que ha ocurrido. Entonces aparece Doug, que no la conoce.
"Y el curso del río sigue paralelo hasta que uno de los cauces desaparece".
"Yo tengo un destino, un propósito. Satán razona como un hombre, pero Dios piensa en la eternidad. ¿Acaso debo postrarme ante un mundo que tiene los días contados? Porque yo pasaré a la eternidad y seré recordado. Es el destino. Una bomba tiene un destino, un destino predeterminado en manos de su creador, y el que intente cambiar ese destino será destruido, y todo aquel que intente pararlo solo conseguirá que eso pase".
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