martes, agosto 21, 2007

Collas: Los guerreros de la muerte

A orillas del lago Titicaca, en tierras bolivianas y muy cerca de la frontera con Perú, se izan las chulpas, torres funerarias del complejo de Sillustani. Se trata de unas moles que se elevan en las cimas montañosas, cerca de la destartalada ciudad de Puno, formadas por inmensos bloques y que terminan rompiendo la línea del horizonte.

Aquí se asentó el antiguo reino de los collas, los más sanguinarios guerreros que conocieron los Andes. Eran hombres feroces, entregados a sus dioses, que exigían sacrificios de sangre. Sus tumbas se encuentran a unos 4000 metros de altura, donde el aire llega cansinamente a los pulmones del hombre desacostumbrado a las alturas andinas.

Las junturas de las chulpas son extraordinarias. Los perfectos bloques sillares se unen entre ellos con gran maestría. ¿Cómo lograron los collas realizar estas magníficas obras de ingeniería, a esas alturas, y con las canteras más próximas a cientos de kilómetros?

Durante el funeral del guerrero colla, tras envolver al cadáver con una tela gruesa donde se señalaban los ojos y la nariz, se mataban a mujeres, niños y criados. Era su modo de iniciar su rumbo a la muerte. Estas torres, activas hasta el siglo XI, fueron testigos directos de escenas dramáticas, en las que familias y generaciones eran sacrificadas en vida para penetrar en estas tumbas verticales, donde hoy solo se escucha silbar al viento.

A lo largo de todo el paraje de Sillustani se producen anomalías magnéticas. De una forma extraña a la que los científicos han intentado encontrar una explicación, sin éxito, las brújulas se vuelven locas y los relojes se paran. El complejo funerario cuenta con un enorme poder magnético, difícil de comprender.

Los restos óseos de los collas muestran que éstos tenían por costumbre deformarse el cráneo hasta parecer auténticos extraterrestres. Las cabezas apepinadas al límite representaban la cercanía a la realidad espiritual. Unidos a férreos vendajes desde la niñez, conseguían un resultado aterrador. Muchos de los cráneos están agujereados. Son los resultados de trepanaciones* realizadas en vivo. Algunos de estos trépanos los hacía el propio guerrero sobre su cráneo, agujereando la tapa de los sesos hasta quedarse muy cerca de la membrana que protege el cerebro. El bombeo de la sangre probablemente les producía una especie de éxtasis místico que les haría viajar hacia otras realidades o aumentar su agresividad. Muchos cráneos tienen ocho o diez agujeros, algunos con capas calcáreas de hueso regenerándolos, muestra inequívoca de que el guerrero sobrevivía a estas perforaciones.

Así combatían y vivían los collas, una de las estirpes más extrañas que habitó América, una etnia que construyó edificios imposibles a 4000 metros de altura y que disponía de una tecnología quirúrgica sorprendente.
*La trepanación es una escisión, mediante cirugía, de un fragmento de hueso del cráneo, en forma de disco, para llegar al interior de la cavidad craneal. Antiguamente se realizaba para eliminar enfermedades craneales.

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