sábado, marzo 31, 2007

Message in a bottle

Police: Message in a bottle
Cuando anoche me fui a dormir se agolpaban en mi mente muchos pensamientos. Y mentalmente empecé a escribir en una hoja de papel imaginaria.

Un día me arranqué el alma y la metí en una botella. La cerré herméticamente y la eché a las aguas del mar, siendo consciente de que jamás la recuperaría. El hecho de no tener alma me hacía vulnerable y decidí viajar. Así que me puse en camino y descubrí nuevos mundos, subí a las más altas montañas, crucé miles de océanos, recorrí los coloridos valles y conocí a mucha gente. Pero no podía sentir nada porque no tenía alma. Solamente me quedaba la conciencia, aquella capaz de trazar una línea imaginaria entre el bien y el mal. Y descubrí, horrorizada, que no era la única persona sobre la faz de la tierra que no tenía alma, y mucha gente que también se había despojado de su alma llevaba la perversidad a la práctica. Entonces tuve miedo y empecé a buscar desesperadamente aquella botella. Pasé días buscando en los ríos, en los mares, en los lagos y en los océanos. Entonces perdí la esperanza. Creía que me había quedado sin alma para siempre y me daba pánico que pudiera convertirme en una "persona sin alma" y llevara lo más perverso de mí a la práctica, tal y como había observado en otra gente.
Un día me subí a un bote y me lancé al mar, cuando me cansé de remar dejé la barca a la deriva. En mi desesperación no me di cuenta de que el bote había cambiado el rumbo. Y bajo la plenitud de un sol tropical me quedé dormida. Me despertaron los ligeros golpes contra la arena. Había llegado a un lugar remotamente desconocido.
Me senté en la playa y las lágrimas se agolparon en mis ojos. Jamás recuperaría mi alma. Quería desaparecer. Ya no tenía alma, ni esperanzas, ni ilusiones, ni sueños, ni sentimientos... Levanté la mirada y entonces descubrí algo familiar cerca de mí. Era una botella. Miré al cielo y sonreí. Recuperé mi alma, así como también recuperé las ilusiones, los sueños, los pensamientos, los recuerdos, los buenos momentos, y también la esperanza. Y aprendí una lección: jamás, por mucho que lo intentemos, podremos despojarnos de lo que es nuestro, ni siquiera de los recuerdos. Es algo que nos pertenece y sólo hay un lugar para todo eso en nuestro interior.

Es algo muy metafórico o, más bien, está cargado de símbolos. Yo jamás me he despojado de mi alma, es evidente, ni siquiera en los peores momentos.

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