martes, marzo 20, 2007

El librero de Kabul

Afganistán, primavera de 2002. La periodista noruega, autora del libro, pasa unos meses en Kabul, en lo que podría considerarse un período de paz tras la caída del régimen talibán y la puesta en el poder de un dirigente moderado, Hamid Karzai.
Åsne Seierstad entra en la librería de Sultan Khan, un hombre culto con el que inmediatamente traba una pequeña amistad. Después de volver varios días a la librería con paredes bombardeadas, decide escribir la historia de la familia Khan, y así se va a vivir con ellos unos meses.

Sultan Khan, el patriarca, da comida y alojamiento a una extensa familia. Pertenece a lo que en Kabul podría considerarse una familia de clase media, que no les falta de nada y que han prosperado con la venta de libros. El propio Sultan ha estado varias veces en la cárcel y ha visto quemar libros de su librería, hechos cenizas por culpa del fanatismo religioso de los talibanes. Pero en 2002 la libertad que se perfila en el horizonte le da también más posibilidades.
Lo más inquietante es el trato que reciben las mujeres, que vienen a ser relegadas a un segundo plano y, pese a que esté mal decirlo, son más o menos como animales de compañía donde su opinión no se tiene en cuenta porque no pueden siquiera plantearla, donde trabajan como criadas y son maltratadas hasta por los varones más jóvenes.
Es un relato "costumbrista" de una familia afgana, donde se describen no sólo los sentimientos y pensamientos, y sobre todo de los tabúes, de todos y cada uno de los miembros cercanos a Sultan Khan sino también cómo es la sociedad afgana, cómo sobreviven después de una guerra civil, sus recuerdos del régimen talibán y, cómo, a pesar de todo, siempre vuelven a su tierra. Se habla de lo destrozados que están los edificios, con agujeros de balas y techos hundidos, el hedor de las calles, los campos de minas cerca de las montañas con tanques abandonados aquí y allá, los resquicios que quedan de cuando los soviéticos mandaban en el país...
En definitiva es una postal de un país sometido constantemente a cambios, un país que sigue en guerra a pesar de todo, un país no seguro, un país con un alto nivel de analfabetos, un país donde muchos guerrilleros ni siquiera han visto un teléfono móvil. Pero sobreviven con lo que les ha tocado en suerte.
Santuario Budista de Bamiyan en la actualidad.

Los Budas gigantes de Bamiyan antes de que en 2001 el gobierno talibán los hiciera desaparecer.

No hay comentarios: